La gestión de la complejidad en las organizaciones globales

La gestión de la complejidad en las organizaciones globales La gestión de la complejidad en las organizaciones globales
Business Review · TIC

A menudo se piensa que hablar de la "complejidad" es algo que se ha puesto de moda últimamente y que el término refleja una realidad habitual de hoy día, pero que no durará mucho. Cuando se menciona el concepto de complejidad a directivos de empresas que operan a escala global, se suelen oír reacciones como éstas: "En efecto, la complejidad es el auténtico reto de liderazgo al que me enfrento. ¿Cómo puedo centrarme en mi área cuando todo lo demás guarda relación con ella? ¿Cómo puedo ser responsable de lo que hago cuando todo es interdependiente? ¿Cómo puedo solucionar esto? Es un auténtico problema". Buenas preguntas con pocas respuestas. Nosotros defendemos que la "complejidad" es mucho más que una moda pasajera. Se trata de una realidad a la que debemos acostumbrarnos.

Cuando la globalización trajo consigo la difuminación de las líneas divisorias, un proceso de gran trascendencia que aún sigue abierto, la complejidad se multiplicó y alcanzó los altos niveles de la actualidad. Hay muchos tipos de líneas divisorias que se han difuminado: la liberalización del comercio ha facilitado enormemente el flujo de bienes, capitales, personas y conocimiento por todo el planeta. Está claro que el mundo ha ido más allá del pequeño grupo de mercados clave. Las empresas en proceso de internacionalización, tanto de economías desarrolladas como de economías en vías de desarrollo, están intentando aprovechar los beneficios de la globalización hasta límites sin precedentes y, por tanto, se enfrentan –y también contribuyen– a la complejidad de la difuminación de líneas divisorias. En ocasiones, la eliminación de fronteras crea una nueva homogeneidad en una zona mayor (por ejemplo, la moneda europea), pero en la mayoría de los casos esto no ocurre.

Entre los principales motivos que impulsan la expansión hacia el extranjero están aprender, diluir riesgos, tener acceso a nuevos clientes, conseguir economías de escala y economías de gama, u optimizar la propuesta de valor por medio de socios. Sin embargo, el camino hacia la Tierra Prometida resulta ser más duro de lo que se esperaba y la complejidad es el reto más común y más extendido.

La complejidad es uno de los principales retos de las empresas de hoy y de mañana, no se puede simplificar y no va a desaparecer a corto plazo. Por tanto, la gestión de la complejidad debe convertirse en una competencia clave de la dirección. El primer paso consiste en entender qué es lo que propicia la com...