Cómo gestionar la plantilla en momentos de incertidumbre económica

Cómo gestionar la plantilla en momentos de incertidumbre económica Cómo gestionar la plantilla en momentos de incertidumbre económica

Creo en la competitividad como la mejor forma de mejorar en lo que cada día hacemos y considero que depende de tres tipos de actores: de los países que intentan conseguir la prosperidad, de las empresas que buscan la rentabilidad y el bene?cio, y de los individuos que procuran alcanzar el mejor bienestar.

Y digo que creo en la competitividad porque ha sido la que nos ha ayudado a llegar al grado de desarrollo en el que estamos, la que nos ha impulsado a conseguir las conquistas sociales de las que hoy disfrutamos, a pesar de que aún nos quede mucho trecho por recorrer. Estoy convencido de que el elemento fundamental de esta competitividad se llama educación, esa suerte de función social encargada de transmitir conocimientos, conformar nuestras destrezas y cultivar nuestro carácter; por eso estoy persuadido de que justo ahora –cuando, por cierto, tanto nos gusta hablar de responsabilidad empresarial– colaborar con la mejora del sistema educativo debería ser una de las prioridades sociales de la empresa.

Así como en el siglo XX los problemas fundamentales de las organizaciones han tenido que ver con lo económico, en el siglo XXI los principales problemas de la empresa estarán relacionados con lo social, y el de la educación será uno de los principales, porque, como nos aseguraba Richard Rosecrance ya en 1999 en su libro The Rise of the Virtual State, "en última instancia, la competencia entre las naciones será una competencia entre sistemas educativos, y los países productivos y ricos serán los que cuenten con la mejor educación y formación". Sí, fíjese, por ejemplo, en la India; se estima que, en unos diez años, el 90% de los ingenieros serán indios. Puede estar convencido de que la India será uno de los países más competitivos en el futuro.

En los últimos años estoy siendo muy crítico con la forma en la que algunos países, entre los que, por supuesto, me preocupa especialmente el nuestro, están gestionando su sistema educativo, ya que están siendo demasiado conservadores en lo que se me antoja casi una conspiración para perder la competitividad, porque el sistema educativo, junto con las normas y el procedimiento de compensación y promoción de las empresas, arranca de cuajo cualquier vestigio de creatividad que, primero como alumnos y después como trabajadores, podamos tener. Nos encontramos en un momento en el que estamos reinventando absolutamente todo –ahora, gracias a Gordon Brown, Sarkozy, Bush, Obama y otros, ha...