Cuando el talento no basta: lecciones de la épica conquista del Polo Sur

Cuando el talento no basta: lecciones de la épica conquista del Polo Sur Cuando el talento no basta: lecciones de la épica conquista del Polo Sur

La carrera hacia el Polo Sur de Robert Falcon Scott y Roald Amundsen muestra que no basta con talento ni con ambición para alcanzar el éxito. Al igual que sucede en las empresas actuales, el liderazgo de equipos pasa por la capacidad de transformar el talento individual en motor colectivo, encauzarlo para generar valor y saber reaccionar ante los imprevistos. 

A comienzos del siglo XX, el mundo vivía una fiebre por lo desconocido. La llamada edad heroica de la exploración de la Antártida representaba no solo la conquista de territorios extremos, sino también un desafío al ingenio humano, a la resistencia física y a la capacidad de organización. Si el siglo XIX había estado marcado por las expediciones al corazón de África y por la carrera hacia el Himalaya, el siglo XX inauguró un nuevo reto: el desierto blanco de la Antártida. El Polo Sur geográfico, descubierto, en teoría, gracias a los cálculos de astrónomos y geógrafos, permanecía inaccesible. Nadie lo había pisado. Lograrlo se convirtió en una obsesión nacional para países que buscaban demostrar su poder científico, su capacidad logística y su prestigio internacional. En un mundo sin satélites ni radares, llegar al punto más inhóspito del planeta era un símbolo de supremacía y modernidad.

La carrera la protagonizaron dos hombres muy distintos: Robert Falcon Scott, un oficial de la marina británica, y Roald Amundsen, un explorador noruego. Ambos soñaban con plantar su bandera en el Polo Sur, pero lo hicieron desde motivaciones y estrategias diferentes. Scott representaba el espíritu imperial británico, marcado por la gloria y la épica; Amundsen encarnaba la practicidad nórdica, obsesionada con la preparación meticulosa y la eficiencia.

Scott zarpó con una gran expedición, respaldada por el orgullo de un imperio. Llevaba consigo caballos siberianos, motonieves primitivas y un equipo numeroso. La suya era una aventura de resistencia y sacrificio, un gesto romántico hacia la historia. Amundsen, en cambio, actuó casi en secreto: anunció que iba rumbo al Ártico, pero en el último momento cambió su destino hacia la Antártida. Su expedición era más pequeña y ligera, y estaba mejor adaptada a las condiciones polares, con trineos de perros, ropa inspirada en la de los inuit y una logística calculada al milímetro.

Ambos partieron hacia lo desconocido en 1911. La diferencia estuvo en la manera de gestionar sus recursos y su gente. Mientras Amundsen llegó al Polo Sur el 14 de diciembre de ese mismo año y regresó con todos sus hombres a salvo, Scott alcanzó el mismo punto semanas después. En el camino de regreso, él y sus compañeros murieron exhaustos, atrapados en una tormenta, a pocos kilómetros de un depósito de suministros.

La historia no fue solo un duelo entre dos exploradores: fue una lección para la humanida...


Pablo Antonio García Hernández

Experto en Operaciones y responsable de vinos y bebidas en Grupo Maximus ·