Ha llegado el momento de hacer que el permiso por la paternidad funcione

Ha llegado el momento de hacer que el permiso por la paternidad funcione Ha llegado el momento de hacer que el permiso por la paternidad funcione

LG

Lynda Gratton

Business Review (Núm. 290) · Recursos humanos

Imagine que vivirá hasta los 100 años –tal vez un poco más, tal vez un poco menos–. Esto no es impensable: mi investigación, realizada en los últimos 10 años, demuestra que mucha gente alcanzará esa edad. Esos años adicionales serán un regalo, y le proporcionarán más tiempo para alcanzar sus objetivos y para disfrutar de su vida.

Entonces, a los que son padres se les plantea la siguiente pregunta: ¿por qué no pasar un poco de este tiempo extra con sus hijos cuando son pequeños? Esto implicaría desmontar los modelos que hemos aprendido de nuestros padres y abuelos. Sus trayectorias vitales, probablemente, se ajustaron a la tradición de las tres etapas: estudiar a tiempo completo para después trabajar a tiempo completo y, finalmente, ser un jubilado a tiempo completo. El “tiempo extra” se ubicaba en la última etapa de la vida: viajar, descansar, disfrutar de la familia y de los nietos.

A medida que la esperanza de vida se va alargando, nos embarcamos en una vida laboral que puede durar 60 años. Eso implica que tenemos la oportunidad de pasar de la simplicidad del modelo de tres etapas a un modelo más personal y flexible: una vida multietapa.

Para aprovechar al máximo las oportunidades de una vida multietapa, hay que estar preparado y ser capaz de redistribuir el tiempo. Eso puede significar, por ejemplo, dedicarse a adquirir nuevas competencias después de haber cumplido los 40. También puede implicar adelantar una parte del tiempo libre que tradicionalmente correspondía a la etapa de la jubilación. No es de extrañar, pues, que haya gente que ya lo esté haciendo: ante la expectativa de trabajar hasta los 70 o los 80 años, se toman años sabáticos para explorar el mundo, una idea excelente y muy lógica.

Pero hay otra manera de redistribuir el tiempo: en vez de trabajar a jornada completa durante décadas y después pasar los años de la madurez con los nietos, ¿por qué no reubicar parte de ese tiempo libre que tendremos a los 60 o 70 años y disfrutarlo a los 20, 30, 40 o incluso 50, para así pasar más tiempo con los hijos? Para los padres, en particular, esto constituiría una decisión vital radical y potencialmente positiva. Asimismo, pondría en evidencia lo necesario que es encontrar mejores soluciones para las dificultades sistémicas con las que se han enfrentado desde hace décadas las mujeres que intentan compatibilizar la vida profesional y familiar.

LOS MODELOS ECONÓMICOS TRADICIONALES HACEN AGU...


Lynda Gratton

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Profesora de Prácticas de Gestión y directora del programa Human Resource Strategy in Transforming Companies en la London Business School. Coautora de The 100-Year Life: Living and Working in an Age of Longevity (Bloomsbury, 2016)