La empresa compartida

La empresa compartida La empresa compartida

Desde mediados de la primera década del siglo xxi, la llamada "economía compartida" ha pasado de ser casi inexistente a constituir un grupo de negocios globales valorados en miles de millones de dólares. El concepto –que las personas usen la tecnología para encontrar y adquirir los recursos "extras" de otros– representa un triunfo de la confianza y del crowdsourcing. Las entidades financieras peer-to-peer como Lending Club, los servicios de transportes como Uber y los servicios de intermediación de alojamiento como Airbnb han despegado rápidamente, usando plataformas basadas en Internet para conectar a la gente de un modo directo, sin intermediarios altamente remunerados. No es de extrañar, pues, que los inversores estén muy intrigados y, al mismo tiempo, que el resto de la sociedad se muestre un poco cansada ante todo este bombo.

No obstante, a partir de la economía compartida está surgiendo una tendencia menos llamativa que, si bien apenas está comenzando a atraer la atención de los medios, probablemente ofrezca una oportunidad mayor que la del mero hecho de compartir entre consumidores. Se trata de compartir recursos entre negocios: el intercambio empresarial peer-topeer. En apenas unos pocos años de actividad ha quedado claro que el intercambio sin trabas de recursos importantes que, de otro modo, no serían usados, entre los que se incluyen el espacio físico y el equipamiento industrial, permite a la empresa compartida operar de manera más eficaz que sus rivales que no comparten. Y las empresas que vayan todavía más lejos, adoptando con entusiasmo el compartir recursos menos tangibles, pueden beneficiarse, además, de un tipo diferente de "cambio", uno que involucre su cultura, que desarrolle nuevos tipos de conexiones y una nueva sensibilidad con el mundo que hay fuera. Al derribar los muros y airear sus secretos –ya sean estos del tipo "tenemos talento infrautilizado" o "contamos con unos grandes conocimientos técnicos, pero no estamos seguros de cómo convertirlos en algo que la gente quiera comprar"–, estas empresas pueden mejorar sus propios beneficios y contribuir al bien común.

La práctica de "empresa compartida", probablemente, más extendida hasta la fecha gira en torno a los inmuebles sin utilizar, que constituyen un lastre cada vez mayor para la rentabilidad. Si está leyendo este artículo en una oficina típica, la mitad de los escritorios a su alrededor puede que estén vacíos. Sin embargo, ahora las empresas pueden enc...