Llegar ahí

Llegar ahí Llegar ahí

Nuestra forma de pensar en el liderazgo,la gestión y la organización resulta confusay contradictoria y está plagada depeligros. Sufrimos un grave autoengañopor culpa de los modelos idealizados de estatus y jerarquíaque tenemos en nuestra mente y que aplicamosen nuestras organizaciones. Los primeros líderes,directivos y organizaciones que se den cuenta de ello serán los triunfadores del mañana. Repasemos lo ocurrido. Uno de los triunfos de la eraindustrial fue descubrir que existía una alternativa alorden arbitrario y caprichoso de antes, basado en el poder, el nepotismo y la gracia y el favor. Esta alternativa consistía en un orden jerárquico y racional, compuesto por cargos y responsabilidades superpuestos lógicamente y protegidos por reglas inquebrantables. Si a ello se le añade la lógica de la competitividad del mercado, la teoría dicta que los mejores se alzarán hasta la cima de las organizaciones tras triunfar en una serie de competiciones justas y abiertas. Dicho de otro modo, la calidad y la eficacia quedarían garantizadas por una combinación ganadora de jerarquía y meritocracia. Pero ¿es esto cierto? En absoluto. He aquí cómo y por qué. Muchas organizaciones persiguen este sueño, pero en todas partes uno puede ver cómo este se ha venido abajo: los empleados ven los sistemas de desarrollo profesional de su empresa con una mezcla de cinismo y fatalismo. ¿Qué está funcionando mal? Se está superponiendo una falsa teoría de la meritocracia a un orden instintivo de autoridad.

La falsa teoría de la meritocracia
La teoría de la meritocracia que la gente está intentando aplicar dicta que la gente alcanza su potencial en una escala lineal de calidad: el mejor "alfa" se sienta en lo más alto de la organización con un  equipo de "betas" subordinados a él (o, en ocasiones, a ella), y así hasta llegar a los "omegas", que trabajan en las máquinas, tratan con los clientes, etc.

Dicho así, resulta obvio qué hay de malo en la teoría y también en la práctica. Aquello a lo que yo llamo "la falsa teoría de la meritocracia" carece de sentido por tres razones:

• En primer lugar, no deja margen al aprendizaje. Sugiere que las personas, una vez han sido clasificadas, retienen ese valor y que el mérito no puede ni mejorarse ni reducirse. Esto es claramente falso. Se trata del mismo problema lógico que impulsa el infame principio de Peter: la idea macabramente cómica de que la gen...