Por qué las empresas deberían contar con modelos de negocio abiertos

Por qué las empresas deberían contar con modelos de negocio abiertos Por qué las empresas deberían contar con modelos de negocio abiertos

La innovación se está convirtiendo en un proceso cada vez más abierto gracias a la creciente división del trabajo. Una empresa desarrolla una idea novedosa, pero no la lanza al mercado; en lugar de eso, decide asociarse con otra empresa o venderle la idea, y es esta última empresa la que la comercializa. Para sacar el mayor partido de este nuevo sistema de innovación, las empresas deben abrir sus modelos de negocio mediante la búsqueda activa y el posterior aprovechamiento de ideas externas, y permitir que las tecnologías internas desaprovechadas fluyan al exterior, donde otras empresas pueden liberar su latente potencial económico.

Comencemos aclarando qué significa "modelo de negocio". En esencia, un modelo de negocio desempeña dos funciones importantes: crea valor y capta una parte de ese valor. La primera función requiere la definición de una serie de actividades (desde la materia prima hasta el consumidor final) con las que se desarrollará un nuevo producto o servicio, y el valor se añadirá a través de esas diversas actividades. La segunda función exige el establecimiento de un recurso, activo o posición única dentro de esa serie de actividades en las que la empresa disfruta de una ventaja competitiva.

Los modelos de negocio abiertos permiten a una organización ser más eficaz tanto en la creación como en la captación de valor. Permiten crear valor mediante el aprovechamiento de muchas más ideas, ya que posibilitan la incorporación de diversos conceptos externos. También permiten captar más valor utilizando el activo, recurso o posición clave de la empresa no sólo en las propias operaciones de la empresa, sino también en los negocios de otras organizaciones.

Para apreciar el potencial de este nuevo enfoque, consideremos los siguientes nombres: Qualcomm, fabricante de tecnología para teléfonos móviles; Genzyme, una empresa biotecnológica; Procter & Gamble, una organización de productos de consumo; y Chicago, el espectáculo y la película musical. Parecen nombres escogidos al azar, pero todos tienen algo en común: cada uno de ellos precisó un modelo de negocio abierto en el que una idea viajó desde la invención hasta la comercialización a través de al menos dos empresas, y cada una de las diferentes partes involucradas se dividió el trabajo de la innovación. En el proceso se compraron, vendieron, autorizaron o transfirieron ideas y tecnologías, que cambiaron de manos al menos una vez en su camino hacia el mercado...