Alto rendimiento en las Administraciones Públicas: la tercera vía para gestionar la crisis

Alto rendimiento en las Administraciones Públicas: la tercera vía para gestionar la crisis Alto rendimiento en las Administraciones Públicas: la tercera vía para gestionar la crisis

La crisis en los mercados mundiales ha colocado a la mayoría de los segmentos de la Administración Pública en una situación casi insostenible, ya que determinadas tendencias, como el envejecimiento de la población y el consiguiente aumento de los costes de la sanidad coinciden con la disminución de los ingresos procedentes de los impuestos, que se han estancado o reducido, al tiempo que los programas de estimulación económica basados en gasto público están perdiendo fuerza.

Ante esta situación, a simple vista parece que a los gobiernos sólo les quedan dos alternativas: aumentar impuestos o realizar recortes de gasto o de servicios. El camino hacia la eficiencia en el gasto público comienza por los programas de austeridad, que conllevan la contención de gasto y la optimización del catálogo de servicios; estos programas consiguen resultados importantes en los primeros años de aplicación, pero cada vez resulta más complicado seguir reduciendo más y más.

Sin embargo, existe una tercera alternativa que hasta ahora no se está contemplando: mejorar el servicio público al mismo tiempo que se reducen los costes. Es el momento de plantear soluciones diferentes e innovadoras que consigan un ahorro estructural con resultados significativos y que se consolidan en el tiempo a través de la transformación de los servicios. Una parte importante de esta transformación proviene del cambio de la forma de trabajar, un nuevo modelo operativo. La prueba la podemos encontrar ya en casi todos los niveles de muchos gobiernos de todo el mundo, que han sido capaces de reducir sus costes operativos hasta un 20 %.

Las organizaciones públicas pueden perseguir este objetivo como complemento al necesario recorte de presupuestos, de modo que se pueda seguir avanzando en la eficiencia del gasto manteniendo, e incluso incrementando, la calidad de los servicios clave; basta con que identifiquen las actividades y los programas ineficientes, eliminen lo que les sobra e implanten programas racionalizados, capaces de obtener más resultados con menos. Con todo ello, no solo se reducen los gastos, sino que también mejora el servicio y la capacidad de respuesta.

Esta tercera opción implica innovar para transformar y es un ingrediente clave dentro de la fórmula del alto rendimiento, del que se han beneficiado gobiernos de todo el mundo y en todos sus niveles: estatal, regional y local.

 

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