Crisis financiera: una respuesta para la reina

Crisis financiera: una respuesta para la reina Crisis financiera: una respuesta para la reina

El pasado 5 de noviembre, mientras visitaba la London School of Economics, la reina Isabel II dirigió a Luis Garicano, director de investigación de la célebre escuela, esta demoledora pregunta sobre el origen y severidad de la actual crisis financiera: "Si estas cosas eran tan graves, ¿por qué nadie las detectó?".

Cabría responderle a la reina, de forma global, que la actual crisis es el traumático desenlace de un episodio especulativo clásico de los descritos por Charles Kindleberger en su célebre estudio Manias, Panics and Crashes, que, alimentado por la expansión del endeudamiento y de la financiación, tuvo su manifestación principal en un prolongado e intenso boom inmobiliario en Estados Unidos, Reino Unido y otros países –entre ellos, España–. Se sustentó socialmente en la difusión –no sólo entre los ciudadanos, sino también entre agentes mucho más sofisticados, como las agencias de rating– de la "historia" o "mito" que el economista americano Robert Shiller, en su obra The Subprime Solution, ha denominado "el mito del sector inmobiliario" (real estate myth), esto es, la injustificada creencia de que "el precio de la vivienda nunca bajaría", al menos de manera significativa.

La intensidad de la crisis está siendo consecuencia de una perversa interacción entre el fin de ese episodio de especulación financiera y la súbita pérdida de confianza de empresas, consumidores e inversores, atenazados por el elevado nivel de endeudamiento que contrajeron durante la etapa de bonanza y la falta de nuevo crédito. Esa brusca contracción de la demanda de consumo e inversión privada, al influir adversamente sobre el precio de gran cantidad de activos, las perspectivas de empleo y la solvencia de muchos prestatarios, ha agravado la crisis financiera y arrastrado a la economía mundial a un círculo vicioso.

La actual crisis representa el punto final de una etapa que se inició a principios de los años ochenta, con la llegada al poder de Ronald Reagan en Estados Unidos y de Margaret Thatcher en el Reino Unido, y la designación en 1987 de Alan Greenspan como presidente de la Reserva Federal americana. De acuerdo con la concepción imperante en estos años –que sus críticos llaman "neoliberal" y en el ámbito internacional se denominó con frecuencia "consenso de Washington"–, el sector privado y los mercados financieros funcionan con eficacia cuando pueden hacerlo sin cortapisas, de suerte que los grandes problemas económicos y amenazas a ...