¿Debemos apostar por la reindustrialización?

¿Debemos apostar por la reindustrialización? ¿Debemos apostar por la reindustrialización?

Las grandes firmas americanas del automóvil han superado la fuerte crisis de 2008 y viven una nueva etapa de prosperidad. En Europa, Italia recupera la producción del Fiat 500, localizada anteriormente en México; Nissan traslada la producción de su modelo Micra de la India al Reino Unido; y Zaragoza se hace con la producción del Opel Mokka, que tenía lugar en Corea del Sur. 

Cerca de Barcelona, a la industria textil se le ofrece una nueva oportunidad, al capturar procesos productivos que tenían lugar fuera de nuestro continente; Nissan anuncia un tercer turno para su planta de la Zona Franca; y Novartis convierte su planta de inhaladores en Barberà del Vallès en centro de referencia mundial.

Pero no todo son buenas noticias: España ha perdido más de un millón de empleos industriales durante los últimos seis años, pérdida que afecta a casi todas las ramas de actividad, incluso a aquellas en las que hace tiempo fuimos líderes (mueble, calzado, juguete, automoción, etc.). Europa no ha quedado al margen de este problema, y ha visto reducida su tasa de empleo industrial, aproximadamente, en 3,5 millones. Un dato ilustrativo: según estimaciones del INE, si en España la contribución de la industria manufacturera al PIB estuviera al nivel de la media europea, se generarían 600.000 nuevos empleos directos, equivalentes al 20% del total de empleo destruido.

 

EL ESTADO DE LA CUESTIÓN

El constante goteo de noticias, aunque no siempre de signo positivo, indica que algo está cambiando en los procesos de industrialización en el mundo. El imparable proceso de globalización económica ofrece un nuevo impulso para la manufactura en Occidente, gracias a la demanda de nuevos productos y servicios en mercados emergentes y en expansión. Paralelamente, se amplía la producción de proximidad, en la que la empresa recupera parte de los procesos productivos que durante las dos últimas décadas trasladó a Asia y a países de bajo coste, que hoy no son capaces de responder a la creciente volatilidad de la demanda, ven mermada su competitividad, al estar sujeta a fuertes procesos inflacionarios, o, simplemente, no soportan los costes logísticos.

Y mientras esto ocurre en Occidente, en China son cada vez más frecuentes las voces de líderes empresariales que expresan insatisfacción por ver cómo...