Dirección Asistida: asistencia para una dirección más efectiva

Dirección Asistida: asistencia para una dirección más efectiva Dirección Asistida: asistencia para una dirección más efectiva

Hace apenas un par de años escribía un artículo que publicaba con el título "Softología: un tratamiento para el Hipoliderazgo". En ese artículo usaba el lenguaje médico y utilizaba la palabra hipoliderazgo para, aprovechando su prefijo hipo-, significar la falta de talento directivo y acuñaba, además, el término softología para referirme a la necesidad de una disciplina que, a modo de tratamiento paliativo, pretende actuar sobre una dolencia ya crónica en nuestras corporaciones y cuyos principales síntomas se materializan en la falta de sensibilidad y formas en la gestión de personas. Defendía ya –y desde entonces vengo haciéndolo cada día con más vigor– la softología como ese imperativo para gestionar a unos profesionales cada vez más exigentes, preparados y escasos, que, incluso, están cambiando las reglas del juego para su gestión. Es esa softología la esencia de la Dirección Asistida que promulgo y defiendo como solución para el desarrollo de directivos efectivos y que sostendré en este artículo, del que ahora se redactan sus primeros renglones.

LA NECESIDAD

El contexto en el que se desenvuelve la empresa no tiene precedentes. En esta época, que se caracteriza por la escasez de trabajadores cualificados (se estima que sólo en nuestro país faltan ya cerca de 800.000), de cambio de valores en los nuevos profesionales (desean tener experiencias intensas, detestan el "ordeno y mando", trabajan para vivir, en vez de vivir para trabajar, etc.), en la que el poder de la selección se ha invertido (el trabajador es ahora el que selecciona a la empresa), y en la que el contrato psicológico y la pertenencia no son lo que eran (muchos de los nuevos profesionales recuerdan con amargura como vieron ir al paro a sus padres en la última crisis de hace apenas tres o cuatro años), estamos obligados a replantearnos muchas de nuestras funciones, pero especialmente la forma en cómo dirigimos y gestionamos a nuestras personas.

Por todo ello, la necesidad de desarrollar líderes nunca ha sido tan acuciante como lo es en los albores de este nuevo siglo, porque, además de las razones anteriormente señaladas, vivimos en una sociedad de abundancia segmentada (podemos adquirir pan de ajo, de cebolla, de centeno, licores con y sin alcohol de todas las variedades de frutas, leche desnatada, semidesnatada, normal, enriquecida, con calcio, helado de higos chumbos...), en la que hay mucho de todo, pero en la que existe una gran falta de talento di...