Dirigir personas:las mejores prácticas para la organización del siglo XXI

Dirigir personas:las mejores prácticas para la organización del siglo XXI Dirigir personas:las mejores prácticas para la organización del siglo XXI

Se atribuye al estadista norteamericano Robert McNa mara la frase que dice que "lo que no puede ser contado no cuenta"; sin embargo, a menudo nos encontramos con la realidad de que en nuestras empresas lo que lo que sabemos incluir en el balance es justamente lo que más cuenta. Las reflexiones que recoge este artículo apuntan esas realidades difíciles de contabilizar y los resultados que pueden generar si se las dirige adecuadamente, unos resultados perfectamente medibles, aspirando al mismo tiempo a distanciarnos del psicologismo sentimental que tan a menudo tiñe la reflexión sobre el liderazgo empresarial.

TRES COMPETENCIAS OLVIDADAS

Empezaremos por apostar por la recuperación de tres realidades olvidadas, para abordar después seis comportamientos prácticos que deben presentar y potenciar las empresas que quieran seguir liderando sus mercados en el futuro de manera sostenible en el tiempo.

La inteligencia voluntariosa

El fundamento sobre el que todo líder construye el liderazgo es su carácter. El carácter es lo que la persona forja sobre sí misma partiendo de un temperamento, el cual puede a su vez atemperarse por el carácter. Los comportamientos queridos y decididos voluntariamente pueden sedimentarse en la persona en forma de carácter; por consiguiente, en la dinámica de nuestro comportamiento con otros, lo más importante no reside en los sentimientos que broten de ellos, sino en los comportamientos que esgrimimos ante ellos.

La conveniencia racional no siempre coincide con el sentimiento agradable. De hecho, para sentir no se precisa de la voluntad; sin embargo, la acción humana se hace realidad a partir del consentimiento del sentimiento. Ha llegado la hora de la inteligencia voluntariosa, tras tanta inflación de inteligencia emocional.

La humildad directiva

La humildad en un líder supone poseer el conocimiento del límite de las propias fuerzas. En realidad no hay competencia pequeña, pues o es ya grande o es potencialmente grande. Quien dirige ha de suscitar en sí mismo una predisposición a batir constantemente sus propios límites; alejar la creencia de que ha llegado a la cumbre en ningún sentido, pues puede y tiene que llegar a mucho más, especialmente en las cualidades personales. No otra cosa es la humildad. A esta característica básica le acontece algo paradójico, y es que es muy difícil de enseñar describiéndola, pero tener la experiencia de trabajar c...


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