Domar la revolución: Crear la mano de obra del futuro

Colaboración

Domar la revolución: Crear la mano de obra del futuro Domar la revolución: Crear la mano de obra del futuro

Si no habían sido suficientes los cambios que se han ido produciendo en el mundo empresarial en los últimos veinte años, como consecuencia de los avances tecnológicos e informáticos, una segunda oleada de transformaciones ha comenzado a dar ya muestras de su actividad, que terminará convirtiéndose en una especie de "tormenta perfecta" que se está gestando en silencio. Imparable, el proceso amenaza con dar la vuelta al entorno laboral tal y como se conocía durante el siglo xx. Es tarea de los directivos mostrarse sensibles al signo de los tiempos y actuar responsablemente en consecuencia, porque la cuarta revolución industrial está en marcha y hay que aprovecharla. Pero para ello hay que pensar, primero, en los trabajadores y convertirlos, ya, en la mano de obra del futuro.

 

Como sucedió en el pasado con todas las disrupciones tecnológicas –tecnologías nuevas que convertían en obsoletas a las anteriores–, la cuarta revolución industrial arrasará algunos terrenos, pero generará nuevas zonas fértiles. En el Foro de Davos celebrado en enero se pusieron sobre la mesa los cambios sísmicos que se avecinan y que desembocarán en posibles catástrofes en determinadas economías locales y nacionales, pudiendo generar, incluso, desestabilización social. Ante este panorama, no se puede hacer como que no pasa nada: es imperativo abordar todos estos asuntos, en una situación económica que dista mucho de ser clara.

Entre 2004 y 2014 se debería haber asistido a un impulso económico propiciado por los cambios acaecidos gracias a la tecnología digital. Sin embargo, lo que sucedió fue una significativa desaceleración de la productividad laboral: de una tasa de crecimiento promedio anual del 2% –que se produjo entre 1994 a 2004– a un promedio del 1%1 en treinta de las treinta y una economías más avanzadas del mundo. Y las tendencias macroeconómicas actuales muestran un aletargamiento generalizado: según un estudio de Accenture, los ingresos y beneficios de las 1.219 empresas más grandes de nueve sectores industriales han sufrido un claro descenso. Frente a la nueva revolución que se avecina, los directivos no deben centrar todos sus esfuerzos en inversión tecnológica, sino que tienen que asegurarse de que su propia gente sea relevante –y flexible– para enfrentarse a estos desafíos. Y esto no es un asunto solo de Recursos Humanos: crear ya la mano de obra del futuro es responsabilidad de la cúpula directiva de las empresas, por la comp...