El ejecutivo desconectado

El ejecutivo desconectado El ejecutivo desconectado

¿Desconecta usted alguna vez, aunque sea sólo por unos minutos? Piense en la última ocasión en que usó el botón de apagado. ¿Tal vez fue en casa durante el fin de semana? ¿Durante sus vacaciones? ¿O se encontraba quizás en la oficina? BlackBerry, iPhone, Android, iPad y todos sus parientes digitales están transformando nuestras vidas, para bien o para mal. Del mismo modo, están cambiando la esencia de cómo, cuándo y dónde se trabaja.

Esta nueva realidad tiene profundas implicaciones en la administración y la dirección de empresas, aunque los estudios sobre el tema han sido sorprendentemente escasos. Sabemos que los directivos de todos los niveles dedican al menos la mitad de su tiempo a recoger, recibir y diseminar información. Las nuevas tecnologías han extendido la velocidad y la amplitud de esta comunicación hasta atravesar largas distancias. Sin embargo, estudios que datan de hace más de medio siglo (mucho antes de que apareciera el correo electrónico) han dejado claro que la gestión de empresas se caracteriza por un alto nivel de variedad, brevedad, fragmentación y, quizás esto sea lo más importante, interrupción. A menudo en detrimento del propio directivo, su atención se desvía continuamente de una actividad a otra al intentar reconciliar varias exigencias reñidas entre sí. El primero de estos estudios, realizado a finales de la década de 1940 (cuando se creó el primer ordenador) por Sune Carlson, y en el que participaron CEO suecos, reveló que los directivos tenían que lidiar con una cantidad arrolladora de informes. Y esto era sólo el principio.

La telefonía inteligente parece ayudar a los ejecutivos a la hora de afrontar estas distracciones de un modo efectivo. Los smartphones, por ejemplo, les permiten atender múltiples demandas de tiempo y aprovechar los breves momentos entre interrupciones para completar tareas menores. Sin embargo, las nuevas tecnologías también pueden tener efectos negativos y resultar hostigadoras. Los directivos necesitan comprender los peligros que conlleva depender demasiado de la comunicación electrónica.

NO ENTENDER EL SIGNIFICADO

Gestionar una empresa no es una ciencia. Es una práctica sutil y llena de matices que se adquiere principalmente trabajando, prestando mucha atención a los gestos y a los tonos de voz. Esta "información sutil" es  una parte integral de la gestión de un negocio, y se recopila hablando y escuchando en las reuniones, durante los encuentros...