El engaño del éxito personal

El engaño del éxito personal El engaño del éxito personal

Cualquier ser humano –de hecho, cualquier animal– tendrá tendencia a repetir una conducta a la que le siga un refuerzo positivo. Cuanto más éxito tenemos, más refuerzo positivo obtenemos –y más probable es que experimentemos el engaño del éxito: "Me comporto de este modo. Tengo éxito. Por tanto, debo tener éxito porque me comporto de este modo"

Es un error.

Como líderes, cuanto más alto ascendemos en el escalafón organizativo, más nos dicen nuestros empleados lo maravillosos que somos. Nuestra conducta suele ir seguida de refuerzos positivos, aun cuando esta conducta no tenga sentido alguno. Una noche, durante la cena, escuché cómo un sabio líder militar compartía lo que había aprendido durante años de experiencia con un fervoroso y recién nombrado general. "¿Ha empezado a notar recientemente que, cuando usted cuenta chistes, todos ríen a carcajadas y que, cuando dice algo 'sabio', todos asienten con la cabeza en solemne acuerdo?". El general recién nombrado respondió: "Sí. Lo he notado". El general veterano se rió. "Permita que le ayude –dijo–. Usted no es tan divertido ni tan inteligente. No es más que esta estrella que lleva sobre el hombro. Jamás deje que se le suba a la cabeza".

A todos nos gusta oír lo que queremos oír. Queremos creer las grandes cosas que el mundo nos cuenta sobre nosotros. Y, sí, nuestra creencia en nosotros mismos nos ayuda a tener éxito y a mantenernos así.

Sin embargo, también puede hacer que nos resulte muy difícil cambiar y la mayoría de nosotros necesita cambiar: En realidad, no somos tan divertidos y no somos tan inteligentes. Todos podemos mejorar, pero sólo si estamos dispuestos a analizarnos críticamente. Si comprendemos por qué cambiar la conducta puede ser tan difícil para los líderes de éxito, podemos aumentar las probabilidades de realizar los cambios necesarios en nuestra búsqueda para tener aún más éxito.

POR QUÉ NOS RESISTIMOS AL CAMBIO

UNUM, la compañía de seguros, emitió un anuncio hace algunos años en el que se veía a un poderoso oso pardo que bramaba con el cuello extendido al límite, las mandíbulas abiertas y los colmillos relucientes en medio de un río. El oso estaba a punto de atrapar un confiado salmón que saltaba río arriba. El titular decía: "Es probable que se sienta como el oso. Nos gustaría sugerirle que usted es el salmón".

El anuncio había sido diseñado para vender seguros de invalidez, pero me pareció una fras...