El impacto de la digitalización sobre el sistema de salud

El impacto de la digitalización sobre el sistema de salud El impacto de la digitalización sobre el sistema de salud

JG

Joan Guanyabens Calvet

Business Review (Núm. 297) · TIC

La transformación del sistema sanitario debe orientarse a proveer más salud y mejores servicios con los recursos disponibles. Innovar es la solución, y las TIC pueden ser el elemento disruptivo en este escenario. Y es que las necesidades cambiantes del sistema sanitario encuentran en las nuevas tecnologías las palancas de cambio para alcanzar seguridad, eficiencia y personalización en la mejora de los procesos asiste

El coste de la atención sanitaria representa un porcentaje que, aunque varía en función del nivel de desarrollo del país, nunca disminuye, sino que se incrementa año tras año de forma imparable como consecuencia del envejecimiento, la cronificación, las nuevas enfermedades y los nuevos tratamientos. Es muy complicado para los países mantener este ritmo e incrementar de igual forma la asignación de recursos. La consecuencia de esta situación, si no se adoptan medidas, será una degeneración progresiva del sistema sanitario. Una posible solución para hacer frente a este problema es la mejora de la gestión sanitaria mediante el uso de nuevas herramientas relacionadas con las tecnologías digitales.

 

Y es que el sector salud se basa en el conocimiento y se caracteriza por un uso intensivo de información. Por ello, la irrupción de las tecnologías de la información y la comunicación debería tener un impacto incluso más importante que en otros sectores no tan dependientes de los datos, abriendo la puerta a la introducción de múltiples innovaciones disruptivas que permitan superar la actual saturación, evolucionando hacia modelos basados en las necesidades de pacientes y profesionales. De hecho, el sector salud no se ha transformado, y sufre un retraso considerable en relación a otros sectores, como el bancario, el logístico, el turístico, el audiovisual... Los expertos dicen que, si lo comparamos con otros sectores de servicios, va atrasado unos diez años.

 

Una correcta aplicación de las tecnologías de la información, tanto en el ámbito de la prevención como en el de la atención o la investigación, aprovechando el excelente sistema que tenemos, puede cambiar el sistema sanitario y mejorar el bienestar de los pacientes, además de hacerlo sostenible. Para ello, se debe afrontar de manera urgente la transformación digital. Y no es exclusivamente un tema de tecnología: es un cambio cultural, de los profesionales sanitarios, de los gestores y, sobre todo, de los responsables políticos. Porque los pacientes y la población en general ya están en ello, y se apuntan rápido a todo lo que conlleve más y mejor atención.

 

UNA CORRECTA APLICACIÓN DE LAS TECNOLOGÍAS DE LA INFORMACIÓN, TANTO EN EL ÁMBITO DE LA PREVENCIÓN COMO EN EL DE LA ATENCIÓN O LA INVESTIGACIÓN, APROVECHANDO EL EXCELENTE SISTEMA QUE TENEMOS, PUEDE CAMBIAR EL SISTEMA SANITARIO Y MEJORAR EL BIENESTAR DE LOS PACIENTES, ADEMÁS DE HACERLO SOSTENIBLE

 

Hacia la transformación digital de la salud

La transformación digital en el sector de la salud debe partir de una visión holística de la misma: ha de ser integral, transversal y vertical al mismo tiempo. Afecta a todos sin distinción, pero los responsables políticos son quienes tienen las competencias para priorizar, destinar recursos y hacer posible la transformación del sistema.

Cualquier sistema sanitario y social que aspire a mejorar o a mantenerse entre los mejores del mundo debe contar con la visión y la determinación necesarias para introducir las nuevas tecnologías y los cambios que implican en los tradicionalmente poco flexibles sistemas sanitarios y sociales.

 

La digitalización es, pues, una realidad en los sistemas de salud: una realidad en la teoría, aunque no del todo en la práctica. Lo que se ha digitalizado son las herramientas, pero aún no se ha producido una transformación real en la sanidad (ver el cuadro 1). ¿Por qué? El motivo principal es que el sector de la salud presenta algunas características particulares que dificultan la transformación digital:

 

• Datos. El sector salud es altamente dependiente de los datos y hace un uso intensivo en todos los ámbitos.

• Información. La información que maneja tiene unos altos requerimientos de privacidad y confidencialidad.

• Conocimiento. En el mundo de la salud, los conocimientos están en continua evolución y crecen de manera exponencial con gran rapidez.

• Comunicación. El sector salud se basa, en gran parte, en la comunicación.

• Confianza. Para obtener buenos resultados de salud es necesaria una relación de confianza entre profesionales y pacientes.

 

Además, existe una cantidad ingente de datos, aunque todavía están poco estructurados. Cada vez, el número de datos será mayor y estarán mejor estructurados, pero, desde luego, actualmente hay una falta de datos de calidad, ya que conseguirlos es muy costoso.

Sin datos –y más en el sector salud, tan datodependiente– no hay transformación digital: sin ellos es muy difícil generar valor, optimizar los procesos actuales o cambiar la manera en que se hacen las cosas; es decir, transformar. Y seguramente es en los datos donde reside el principal obstáculo para la transformación digital de la salud, porque:

• Están aislados o en islas no interconectadas.

• No están estructurados, no tienen capacidad de interoperar.

• Están en manos de custodiadores (intermediarios, traficantes de datos) que no tienen ningún interés en gestionarlos abiertamente o dejar que otros lo hagan.

• Están cada vez más accesibles para consulta en Portales de Pacientes o en la Carpeta Personal de Salud, pero no están disponibles para ser reutilizados por su propietario o por quien su propietario decida.

• Generan dudas sobre su propiedad: el hecho de que los datos de salud sean propiedad del individuo no está reconocido en todos los marcos legales. En algunos entornos, los datos son del sistema de salud, que es quien tiene poder sobre su uso.

 

Para superar estas dificultades es importante que todos los agentes del sector salud observen, analicen y, en definitiva, aprendan cómo otros sectores han conseguido una verdadera transformación digital. Es decir, cómo la digitalización ha facilitado que se pueda hacer más, mejor y a un coste más bajo. También es interesante observar cómo usando la digitalización, otros países están transformando el sector de la salud, todo con el objetivo de identificar estrategias y prácticas que puedan ser de utilidad en nuestro contexto (ver los cuadros 1 y 2 en el pdf descargable).

 

El papel de la tecnología

El desarrollo tecnológico nos ha traído un amplio abanico de dispositivos y de tecnologías que generan oportunidades para transformar sectores enteros. Tecnologías como la computación en la nube, los teléfonos inteligentes, las redes sociales, la tecnología ponible, el Internet de las Cosas, la inteligencia de datos o el aprendizaje automático permiten plantear nuevas formas de gestionar la atención sanitaria. Este es precisamente el objeto de la salud digital (ver el cuadro 3 en el pdf descargable).

Hasta ahora, la incorporación de la tecnología se ha ido haciendo con el fin de mejorar los procesos establecidos, lo que ha permitido ganar en eficiencia; ahora de lo que se trata es de concebir y diseñar nuevas estructuras y procesos que tengan en cuenta la realidad actual, aprovechando el enorme volumen de datos generados, poniendo el énfasis en la prevención, fomentando el liderazgo y la implicación de los profesionales, así como el empoderamiento y autogestión de los pacientes.

De lo que se trata, pues, es de llevar a cabo una transformación radical de las organizaciones sanitarias mediante la adopción de las tecnologías digitales; es decir, realizar un proceso de transformación digital que comporta un desmantelamiento de las estructuras y sistemas existentes y una revisión y revaluación de todos los procesos. Todo ello suele conllevar apare-
jada la transformación de las personas que componen la organización, lo que a menudo tiene un enorme impacto en su comportamiento y en sus actitudes. Si ya de por sí las personas solemos mostrar una resistencia natural al cambio, cuando de lo que se trata es de introducir un cambio radical, resulta lógico prever un movimiento interno de fuerte oposición.

En un proceso de transformación digital de una organización, la tecnología en sí misma rara vez es el mayor desafío, sobre todo si tenemos en cuenta que, en las organizaciones sanitarias, la tecnología ya está presente, en forma de historias clínicas electrónicas, sistemas de prescripción electrónica, telemedicina, robots quirúrgicos, e incluso ya se ha empezado a trabajar con sistemas de aprendizaje automático. La tecnología es el facilitador de la transformación de los procesos, más que la causa fundamental de la transformación en sí misma.

 

UNA TRANSFORMACIÓN DIGITAL SOLO SE PRODUCIRÁ SI LAS PERSONAS ADECUADAS PARTICIPAN EN EL PROCESO Y SI TODOS ESTÁN DE ACUERDO CON LOS CAMBIOS QUE SE PRODUCIRÁN EN TODA LA ORGANIZACIÓN

 

Cambios a nivel general

Para poder acometer con éxito la transformación digital en cualquier organización hay tres aspectos que son clave: las personas, los procesos y la tecnología.

 

• Las personas. El éxito final de la transformación digital depende, en gran medida, de las personas. Es con diferencia el factor más importante, ya que la esencia de este cambio es cultural, y cualquier cambio cultural tiene que empezar por la gente. Una transformación digital solo se producirá si las personas adecuadas participan en el proceso y si todos están de acuerdo con los cambios que tendrán lugar en toda la organización. Además, los profesionales sanitarios pueden hacer mucho para motivar el cambio en sus organizaciones. Pueden formarse, formar a los que están a su alrededor y ser ejemplo en su día a día, adoptando las soluciones tecnológicas puestas a su alcance, prescribiendo o recomendando enlaces y aplicaciones y, sobre todo, teniendo muy claro que la transformación digital no va de tecnología, sino de personas.

 

• La tecnología. En ocasiones, se busca aplicar tecnología a procesos existentes, lo cual es un enfoque erróneo. Lo adecuado es reflexionar primero sobre los procesos y ver la manera de optimizarlos. En lugar de tratar de insertar la tecnología en los procesos existentes, ahora es el momento de identificar lo que se podría mejorar. Al buscar eficiencias tanto en los procesos como en las herramientas, a largo plazo, el beneficio será mucho mayor.

 

• Los procesos. La transformación digital requiere un cambio en toda la organización, en la forma de pensar, de trabajar y de proporcionar servicios a los usuarios. Comienza con el personal, obteniendo la participación adecuada y el equipo idóneo, y posteriormente planifica los procesos para alinearlos con los objetivos estratégicos. Todo apoyado con la tecnología adecuada que permita alcanzar estos objetivos (ver el cuadro 4). Para lograrla es necesaria una buena estrategia.

 

La Historia Clínica Electrónica, el principal activo

Los datos, la información y el conocimiento son el principal activo de los sistemas de salud. Su accesibilidad, disponibilidad, validez, integridad, exactitud y exhaustividad condicionan, en buena parte, el funcionamiento del sistema sociosanitario, el estado de salud y el bienestar de la población. No solo se necesitan para proveer una asistencia de calidad, sino también para asegurar el avance científico fruto de la investigación.

El ciclo de vida de los datos (información y conocimiento) se basa y empieza en la recogida de la información, en la historia clínica –pieza fundamental para garantizar un sistema de salud de calidad–, y se cierra con la traslación del nuevo conocimiento generado por la investigación a la práctica asistencial.

Tratar los datos en cada una de las fases de su viaje por las organizaciones es decisivo. Desde su captura, tratamiento, almacenamiento, análisis, disponibilidad…, cada uno de estos estadios debe abordarse con la tecnología más eficaz para sacar el máximo provecho a la información que se posee. Para mejorar y desarrollar servicios universales y gratuitos de salud más justos y sostenibles, las organizaciones y los investigadores necesitan tener información de calidad, representativa sobre los ciudadanos y pacientes. No obstante, lo que entendemos como “datos de salud” está cambiando y cambiará de manera significativa, irá integrando y vinculando a la persona, con información tan diversa como:

• Registros médicos de los pacientes.

• Datos generados por los pacientes.

• Datos biológicos de monitores portátiles, fitness...

• Datos de estado de ánimo y de seguimiento de síntomas.

• Datos del genoma.

• Datos de video y sensores de las personas.

 

EL CICLO DE VIDA DE LOS DATOS (INFORMACIÓN Y CONOCIMIENTO) SE BASA Y EMPIEZA EN LA RECOGIDA DE LA INFORMACIÓN, EN LA HISTORIA CLÍNICA –PIEZA FUNDAMENTAL PARA GARANTIZAR UN SISTEMA DE SALUD DE CALIDAD–, Y SE CIERRA CON LA TRASLACIÓN DEL NUEVO CONOCIMIENTO GENERADO POR LA INVESTIGACIÓN A LA PRÁCTICA ASISTENCIAL

 

La historia clínica (HC), la piedra angular que recoge todos estos datos, ha pasado a ser la historia clínica electrónica (HCE) gracias a las TIC. Esto no solo ha supuesto un cambio de las siglas, sino también una evolución conceptual, de sus características, potencialidades y usos.

 

PARA MEJORAR Y DESARROLLAR SERVICIOS UNIVERSALES Y GRATUITOS DE SALUD MÁS JUSTOS Y SOSTENIBLES, LAS ORGANIZACIONES Y LOS INVESTIGADORES NECESITAN TENER INFORMACIÓN DE CALIDAD, REPRESENTATIVA SOBRE LOS CIUDADANOS Y PACIENTES

 

En cualquier caso, la historia clínica ideal, entendida como el conjunto de toda la información relativa a la salud de una persona, debería funcionar de forma similar a una cuenta bancaria. En el caso bancario, el principal activo es el dinero; en el caso de la salud, la información. El banco me ofrece unos servicios sobre mis activos y sobre lo que puedo hacer y decidir con ellos, incluso la cancelación y el traspaso a otro banco. Los servicios sobre mi información de salud deberían ser similares: basados en la confianza, seguros, respetando la propiedad, la privacidad y la confidencialidad, el derecho a decidir, a elegir, la no exclusividad, la universalidad, así como el no coste o “gratuidad” de estos servicios. Las características principales de esta cuenta de salud personal, entonces, deberían ser:

 

• Seguridad. Privacidad, confidencialidad. No se dirá ni se hará nada que yo no quiera.

• Accesibilidad desde cualquier lugar y en cualquier momento.

• De mi propiedad, bajo mi control. Solo yo puedo decidir quién puede añadir y quitar información de mi cuenta, con quién y en qué circunstancias la quiero compartir, ceder, etc.

• Universal, estándar. La información está estructurada de tal forma que se pueda utilizar, que pueda interoperar con otros sistemas o que se pueda reutilizar sin restricción, lo que permite que, por ejemplo, sea traducida e interpretada sin errores en cualquier idioma.

• Integral. Permite incluir toda la información necesaria y los datos que yo deseo relacionados con mi salud: del ámbito médico (con independencia de que haya sido financiada con recursos públicos o privados), paramédico, proveniente de las medicinas alternativas, bienestar, actividad personal y social, nutrición, deporte…

 

Estamos lejos de conseguirlo (no tecnológicamente –la banca y otros sectores de servicios nos indican el camino–), y está claro que no vamos en la dirección adecuada. Se sigue invirtiendo, y mucho, en resolver las necesidades de planificadores, financiadores, aseguradores, proveedores e investigadores (hospitales, aseguradoras, profesionales, Administración...), construyendo múltiples HC parciales, aisladas y complejas que no están pensadas para atender y resolver las necesidades del ciudadano. Y el resultado final es información dispersa, muy difícil de integrar, de utilizar y de tratar, que genera muchas ineficiencias y errores médicos, que se suma a un sector, el de salud, que no avanza, que no se transforma de forma proporcional al enorme esfuerzo de tipo económico, organizativo y social que todos, gestores, profesionales y pacientes, han realizado para digitalizar y registrar la información.

Y es que el objetivo no es digitalizar, no es eliminar el papel de las consultas; el objetivo es dar mejor servicio con los recursos disponibles. Esto significa transformar, innovar, cambiar la manera de hacer las cosas para hacerlo mejor.

Con información integrada, de calidad, y utilizando las capacidades que ofrecen las tecnologías de la información y comunicación para adquirir, procesar, analizar, explotar, compartir, comunicar la información que queramos, como queramos y con quien queramos, se podrán dar servicios de alto valor para las personas y para la sociedad (2).

¿Cuál es, pues, el cambio de rumbo que hay que hacer para avanzar en la dirección correcta que facilite una transformación real de nuestro sistema de salud? Aquí se recogen algunas pautas:

 

1. Dar al ciudadano su información y el control absoluto sobre ella. No solo legalmente, sino de forma real y efectiva. No se trata de que pueda mirar, consultar su información, se trata de que tenga su información, sus registros, documentos, de forma que los pueda manejar, gestionar, utilizar con plena disponibilidad, responsabilidad y seguridad.

 

2. La Administración, centros sanitarios, aseguradoras, proveedores, empresas... lo han de facilitar y promover, que no quiere decir “hacerlo”. Actualmente se dedican y compiten para hacerlo cada uno por su cuenta, no para hacerlo posible. Todo el mundo quiere darle al paciente un sistema, una solución mejor que la de la competencia, pero siempre parcial y cerrada, impidiendo, no facilitando, la constitución del “sistema”, de la HC del ciudadano, que lo integre todo. Por lo tanto, deben pasar de querer ser proveedores de soluciones a ser proveedores de información, devolviendo la información a su propietario y usuario, el ciudadano.

 

Así, se abren líneas de avance sobre las que hay que trabajar, y mucho:

 

• Consenso y difusión de los estándares a utilizar para devolver y facilitar su información al ciudadano para que esta sea tratable, interpretable...

• Legislación y normativa para poder obtener de forma fácil, segura y estándar la información propia, resultante de la atención.

• Plataformas de confianza que faciliten al ciudadano la custodia, acceso y servicios de valor, de todo tipo, sobre su información.

 

Donación condicionada: consentimiento y anonimización

Así como los sistemas públicos de salud recogen la inmensa mayoría de nuestros datos sanitarios, el sector privado quiere acceder a ellos para llevar a cabo investigación clínica. Aunque podría tratarse de una relación provechosa para ambos, es evidente que solo el sector público pondrá al ciudadano a la cabeza de las prioridades de esa investigación.

En cualquier caso, el sistema de salud tiene que trabajar para extraer todo el potencial de los datos sanitarios, ser más transparente sobre lo que ocurre con ellos, cómo se procesan y cuáles son los resultados, generando la confianza en que esa información no caerá en las manos equivocadas y no se utilizará sin el permiso del ciudadano. Este nuevo panorama plantea algunas cuestiones sobre las que reflexionar, decidir y legislar. La primera de ellas, ¿de quién son los datos? Si a un paciente le hacen una radiografía, ¿es esa persona propietaria de los datos que se obtienen o lo es el hospital público, que, pagado con nuestros impuestos, podría hacer uso de ellos y emplearlos en una investigación que redundaría en beneficio de todos?

Desde mayo de 2018, los ciudadanos europeos, en virtud del Reglamento General de Protección de Datos (GDPR), somos titulares de los datos de carácter personal. Como titulares, tenemos derechos: de acceso a nuestros datos, a obtener una copia de los mismos en formato común (ej. PDF) y también a su portabilidad (si cambiamos de empresa, podemos pedir que nuestros datos se pasen a la nueva compañía, a través de un mecanismo similar a lo que ocurre cuando cambiamos de operador telefónico y conservamos el número), que incluye la disponibilidad de nuestros registros de salud para la investigación.

Todas estas cuestiones deberían tenerse en cuenta para el diseño de una auténtica gobernanza de datos sanitarios. Los beneficios que la digitalización aportará al sector salud son indiscutibles, y no se puede, ni se quiere, obstaculizar la investigación clínica, pero únicamente si los ciudadanos, con la colaboración de los sistemas públicos, protagonizan dicha gobernanza, se garantizará tanto el derecho fundamental de acceso a la salud como la equidad en los avances en investigación (3).

 

SI A UN PACIENTE LE HACEN UNA RADIOGRAFÍA, ¿ES ESA PERSONA PROPIETARIA DE LOS DATOS QUE SE OBTIENEN O LO ES EL HOSPITAL PÚBLICO, QUE, PAGADO CON NUESTROS IMPUESTOS, PODRÍA HACER USO DE ELLOS Y EMPLEARLOS EN UNA INVESTIGACIÓN QUE REDUNDARÍA EN BENEFICIO DE TODOS?

 

En este contexto, es imprescindible que los sistemas públicos y privados sean realmente custodios y garantes de los datos sanitarios en las posibles relaciones que puedan establecerse para la asistencia y la investigación clínica, ya que, a efectos prácticos, actualmente están fracasando en el intento de proteger digitalmente la privacidad del individuo.

Como resultado, los pacientes suelen ser muy generosos con sus datos cuando se trata de ayudar a la investigación clínica, pero ponen por delante, con razón, la protección de su intimidad. Por otro lado, existe una atmósfera de opacidad que lleva a que las empresas hagan usos no éticos de esa información, generando desconfianza en los ciudadanos que deciden no compartirla y que podrían contribuir a generar un retorno colectivo significativo, como, por ejemplo, permitir el descubrimiento de nuevos tratamientos para enfermedades.

Parece indiscutible que el paciente debería dar un consentimiento informado para el uso de sus datos, igual al que se requiere para otros servicios menos sensibles que el de la sanidad; sin embargo, no está claro cuál es el alcance de ese consentimiento (bajo qué condiciones y para qué finalidades se produce la cesión de datos), y la pregunta es si se podrían usar en cualquier tipo de investigación, de cualquier enfermedad, en cualquier circunstancia. Probablemente, la respuesta sea “no”, pero tampoco es razonable limitar tanto el alcance del consentimiento que ello haga inviables investigaciones futuras.

Los datos relativos a la salud son de máxima sensibilidad, pueden contener información sobre los aspectos más íntimos de nuestra vida y pueden exponernos a múltiples riesgos, por ejemplo, ser discriminados o incluso manipulados. El consentimiento, pues, por sí solo no parece suficiente. Es necesario que la intimidad de los pacientes se proteja, además, con la anonimización de los datos, es decir, la eliminación de cualquier información que permita identificar a la persona. Parece sencillo, sin embargo, este proceso plantea un nuevo debate: ¿qué ocurre si, en un futuro, fuera necesario contactar otra vez con determinados pacientes? ¿Estamos dispuestos a un olvido sin retorno siempre y en todos los casos? Y si no fuera así, ¿quién debe ser el guardián y con qué garantías? ¿Cómo pueden los ciudadanos tomar decisiones informadas sobre las condiciones de compartición y uso de sus datos?

La decisión de compartir datos sanitarios requiere equilibrar muchos riesgos, y solo los ciudadanos pueden tomar esa decisión, considerando sus creencias, sus miedos y motivaciones. Cuanto más conocimiento tengan sobre la naturaleza de la información y las operaciones tecnológicas que permiten extraer valor de ella, más capacitados estarán para tomar decisiones que minimicen los riesgos y aumenten el retorno colectivo.

 

Big Data: la industria de los datos

La explosión de datos que vivimos, consecuencia de la digitalización de registros, del uso creciente de teléfonos inteligentes y dispositivos portátiles, de la sensorización y de la secuenciación de genomas, incrementa exponencialmente la cantidad y calidad de los datos personales relacionados con la salud.

El sector sanitario es uno de los que genera un mayor volumen de información, ya sea relacionada con la salud o con los estilos de vida de los ciudadanos.

Los datos, de múltiples orígenes, se registran a través de diferentes dispositivos y sistemas, como los sistemas de historia clínica electrónica (EHR), las apps, redes sociales, sistemas de registros personales de salud (PHR), sistemas de información hospitalaria (HIS), sistemas de laboratorio (LIS) o sistemas de información radiológica (RIS-PACS), entre otros.

La creciente capacidad computacional de los sistemas informáticos permite procesar una gran cantidad de
datos, los cuales se convierten en información cada vez más útil y valiosa, sobre todo para empresas e instituciones. La competición por nuestros datos conlleva que estén en silos y que no estén fácilmente disponibles ni accesibles, dificultando y ralentizando la investigación. Aun así, la tendencia, por los cambios sociales y de mentalidad, es que el ciudadano, propietario de la información personal y de su propia historia de salud, cada vez más pueda disponer y acceder, desde cualquier sitio y momento, a su información.

 

EL SECTOR SANITARIO ES UNO DE LOS QUE GENERA UN MAYOR VOLUMEN DE INFORMACIÓN, YA SEA RELACIONADA CON LA SALUD O CON LOS ESTILOS DE VIDA DE LOS CIUDADANOS

 

 

El futuro de la investigación médica reside en la posibilidad de combinar e integrar todas estas fuentes de datos (desde registros médicos y genéticos hasta datos provenientes de redes sociales) para dar un salto cualitativo en el conocimiento y tratamiento de enfermedades. Este es un proceso de cambio que consiste en:

 

• Poner a disposición y utilizar en tiempo real la información individual relacionada con la salud y el bienestar.

 

• Integrarla toda a nivel individual: información médica (diagnóstico, tratamientos, resultados), de ensayos clínicos, genómica, de hábitos, de comportamiento, proveniente de dispositivos y sensores...

 

• Habilitar una plataforma abierta, segura, anónima y escalable, que ayude a tomar decisiones en beneficio del paciente y del bienestar general para lograr:

Mejor atención: más preventiva, predictiva, personalizada (adaptación de los tratamientos a las características genéticas) y participativa.

Mejor investigación: generando nuevo conocimiento sobre la salud.

Mejor predicción y lucha contra las epidemias (predecir y monitorizar la propagación de estas, con el seguimiento vía móvil de los movimientos de población, por ejemplo).

Predecir problemas antes de que pasen y decir a cada uno qué tiene que hacer para evitarlos (personalización).

Realizar buenos ensayos clínicos, más cortos, más ágiles, más efectivos: causales y casuales.

Curar enfermedades. Por ejemplo, poniendo a disposición el 96% de los datos potencialmente disponibles en pacientes con cáncer que no se analiza, para identificar patrones.

Mejor gestión de los recursos disponibles.

Saber más y antes (prevenir es mejor que curar).

Mejorar la forma de atender, con más calidad (con acceso a personal cualificado - telemedicina).

 

Así, todos somos ensayos clínicos, todos somos emisores de datos e información, y esto permite un cambio disruptivo del modelo.

 

EL FUTURO DE LA INVESTIGACIÓN MÉDICA RESIDE EN LA POSIBILIDAD DE COMBINAR E INTEGRAR TODAS ESTAS FUENTES DE DATOS (DESDE REGISTROS MÉDICOS Y GENÉTICOS HASTA DATOS PROVENIENTES DE REDES SOCIALES) PARA DAR UN SALTO CUALITATIVO EN EL CONOCIMIENTO Y TRATAMIENTO DE ENFERMEDADES

 

El uso de la inteligencia artificial

Las herramientas de inteligencia artificial, con su capacidad de aprendizaje automático y de analítica avanzada, ya permiten una mayor personalización de los servicios sanitarios.

Estas tecnologías pioneras pueden detectar el riesgo de enfermedad, predecir cómo puede progresar una patología y permitir la decisión correcta del tratamiento desde el principio. Las soluciones de software que respaldan estas pruebas y dispositivos se están convirtiendo en una parte integral de la toma de decisiones a lo largo de todo el continuo de la salud o enfermedad de un paciente, permitiendo a los médicos hacer un uso completo de los diagnósticos in vitro (IVD) a lo largo de la cadena de valor de la atención médica.

Y es que el software de salud digital permite a los pacientes controlar sus condiciones crónicas, al hacer posible que tanto los médicos como los pacientes controlen el progreso del tratamiento. Y, a través de su capacidad para conectar rápidamente puntos entre pacientes, profesionales de la salud, investigaciones basadas en evidencia e incluso entre biomarcadores e indicadores de enfermedades, la salud digital proporciona resultados basados en datos para respaldar decisiones que cambian la vida.

También las nuevas tecnologías incidirán en la cuenta de salud, la partícula de conexión entre el flujo de datos de la HCE y otros servicios, que podrá verse como un nuevo lugar de mercado para diferentes servicios: la persona abre su cuenta de salud y, a partir de su situación y sus datos, solicita ayuda. El mercado funciona como un entorno de emparejamiento, donde los problemas de salud y de conocimiento se buscan entre sí y la persona es un conductor, que permite o niega el acceso al conjunto de datos personales.

Teniendo todos los componentes necesarios en su lugar, se pueden diseñar nuevos procesos sobre cómo las personas deben interactuar con los servicios de atención médica. En primer lugar, todas las personas con preocupaciones relacionadas con su salud podrán empezar a resolverlas utilizando inteligencia artificial. El verificador de síntomas, las herramientas de apoyo a las decisiones y el acceso al historial médico existente serán las bases para las herramientas analíticas, que ayudarán a aclarar y especificar la condición existente. Después del triaje, algunos problemas deberán ser resueltos por un profesional médico, pero la mayoría de los problemas los podrán resolver otros agentes sanitarios.

 

Beneficios más allá del diagnóstico: una mejor salud a costes más bajos

El software médico que informa sobre el diagnóstico y las decisiones de tratamiento efectivas y el que optimiza los flujos de trabajo pueden conducir a una práctica clínica más eficiente, lo que, en última instancia, permite una mejor atención médica a costes más bajos. Además, la salud digital equipa a los pacientes y consumidores con información en tiempo real para respaldar mejores decisiones sobre su propia salud, lo que también tiene el potencial de mejorar los resultados, al tiempo que reduce el coste de la atención. Tanto directa como indirectamente, la tecnología de salud digital ofrece muchos beneficios a los pacientes:

 

• Perfil de paciente de 360° para soporte de decisiones clínicas. La salud digital permite que vastas cantidades de datos se consoliden en una sola plataforma para crear un perfil de paciente de 360 grados para que los médicos y otros profesionales de la salud lo puedan usar para tomar decisiones más rápidas e informadas.

 

• Participación del paciente. La organización de los datos del paciente en perfiles fáciles de utilizar ayuda a los pacientes y cuidadores a tomar sus propias decisiones de atención médica.

 

•Compromiso con el consumidor. La salud digital capacita a los consumidores para tomar decisiones diarias más inteligentes sobre asuntos relacionados con la salud, el bienestar y la forma física.

 

• Tratamientos mejorados. La salud digital también permite a los médicos y otros profesionales de la salud acceder rápidamente a las bibliotecas de información sobre estados de enfermedad, tratamientos e innovaciones que pueden ayudar a determinar tratamientos para pacientes más rápidos y efectivos.

 

Con inteligencia artificial y algoritmos, la salud digital se alimenta a sí misma, ya que se pueden aprovechar enormes cantidades de evidencias del mundo real para ofrecer productos de autoaprendizaje que actualicen constantemente los datos disponibles y que ayuden a los profesionales de la salud a tomar decisiones más oportunas e informadas.

Conclusiones

La salud digital es el ecosistema de aplicación de las TIC en el amplio rango de aspectos que afectan al cuidado de la salud. Esta aplicación genera un cambio disruptivo en el sector, cuyas necesidades cambiantes ven en esas nuevas tecnologías las palancas de cambio necesarias para alcanzar seguridad, eficiencia y personalización en la mejora de los procesos asistenciales, además de hacer sostenible el sistema sanitario.

No obstante, el sector aún no se ha transformado del todo, y sufre un retraso considerable en relación a otros sectores. Los principales retos a los que tiene que hacer frente son:

 

• La gestión de los datos del ciudadano y la transparencia que permita medir los resultados y organizar, gestionar y tomar decisiones en base a los resultados de salud.

• La integración del sistema de provisión de servicios sanitarios.

• La protocolización de los procesos, la utilización de las guías clínicas, la medicina basada en la evidencia.

• La responsabilización del propio ciudadano de su salud, dotándolo de herramientas para la toma de decisiones.

 

El potencial impacto de esta transformación se centra básicamente en los profesionales asistenciales, clínicos, que deberán dejar de ser un proveedor de servicios y pasar a ser generadores de valor. Porque el valor, y no los costes, es la única meta que puede aunar los intereses de todos los agentes implicados. Y ese valor se generará aprovechando el enorme volumen de datos originados, poniendo el énfasis en la prevención, fomentando el liderazgo y la implicación de los profesionales, así como el empoderamiento y autogestión de los pacientes.

 

JOAN GUANYABENS CALVET  Profesor de OBS Business School

 

 

REFERENCIAS

1. De Lima, D. Informe sobre Transformación Digital en Salud en España: compromisos vs. realidades. ASD, 2018.

2. Green, L. A., Fryer, G. E. Jr., Yawn, B. P., Lanier, D. y Dovey, S. M. “The ecology of medical care revisited”. New England Journal of Medicine, junio de 2001.

3. Gordon, W., Chopra, A. y Landman, A. “Patient-Led Data Sharing — A New Paradigm for Electronic”. NEJM Catalyst, noviembre de 2018. » “Health Data”. NEJM Catalyst, noviembre de 2018.

_____________________________________________________________________________________

 

Joan Guanyabens Calvet

·

Profesor de OBS Business School