El propósito: la gran oportunidad de hacer que el futuro importe

El propósito: la gran oportunidad de hacer que el futuro importe El propósito: la gran oportunidad de hacer que el futuro importe
Business Review (Núm. 300) · Estrategia

Un propósito noble humaniza el trabajo en las empresas, permite darle sentido a la vida y favorece la toma de decisiones pensando en el largo plazo. Aquellos líderes que tengan la intención de contribuir a crear un mejor futuro han de articular un propósito inspirador para sus empresas y para sus vidas. En este artículo se aportan ideas y sugerencias al respecto.

Un propósito es una razón de peso que nos predispone al esfuerzo, con la esperanza de que dicho esfuerzo tendrá consecuencias positivas en el largo plazo. El propósito ha de ser parte de nuestro proceso de toma de decisiones; ha de estar interiorizado en nuestro sistema nervioso. Hay que evitar, en las empresas y en las personas, el divorcio entre un enunciado inspirador del propósito y una realidad cotidiana alejada del mismo.

La toma de decisiones: una tarea directiva clave

Las personas pasan una gran parte de su día tomando decisiones. Si son directivos, aún más. Las decisiones que se toman tienen consecuencias: unas inmediatas y otras a más largo plazo. Unas consecuencias son inocuas, otras no tanto. Unas son positivas y otras negativas. Para complicarlo todo un poco más, puede suceder que lo que es positivo a corto plazo se convierta en negativo a largo plazo. Y viceversa.

Las decisiones que se toman influyen en la calidad del ecosistema en el que se habita. A la vez, la calidad de ese ecosistema influye en la mejor o peor marcha de las empresas y de los individuos que las componen. Son elementos que, de manera sutil, se retroalimentan.

Tomar decisiones que tengan consecuencias positivas en el largo plazo tiene que ser la aspiración de un buen líder. Porque es en el largo plazo donde las empresas y las personas pasarán el resto de sus vidas. Una gestión muy de corto plazo roba futuro; es un mal negocio.

Es un error tomar decisiones donde el referente sea el interés personal a corto plazo, especialmente cuando se excluyen las consideraciones sobre el impacto de dicha decisión en terceros o en el largo plazo. Pero ¿por qué?

• En primer lugar, porque el corazón tiene memoria. Aquello que se decida y vaya en contra de los intereses de los demás acabará deteriorando las relaciones con terceros y dificultará la cooperación futura.

• Una segunda razón tiene su fundamento en la plasticidad del cerebro. Las decisiones dejan una huella neuronal. Por ejemplo, las decisiones tomadas exclusivamente desde la gratificación personal a corto plazo generan un hábito que se merece el calificativo de “vicio”. Todos los grandes proyectos políticos han caído por la falta de virtud de sus gobernantes y gobernados. Y lo mismo podría aplicarse a empresas y personas.

En su esencia, el trabajo directivo consiste en decidir y ejecutar bien. Ambos planos son complementar...


Luis Huete

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Profesor de Dirección de Producción, Tecnología y Operaciones en el IESE Business School

Fabricio Ponce

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CEO de Coca-Cola Femsa México