La banca ante su disrupción: las dificultades para innovar

La banca ante su disrupción: las dificultades para innovar La banca ante su disrupción: las dificultades para innovar

Hace diez años nació YouTube, y, apenas un año y medio después, fue adquirido por Google por 1.650 millones de dólares. Y es que a finales de los noventa ya se sabía que el vídeo en Internet acabaría siendo un gran negocio en sí mismo. Lo decían todas las predicciones, pero nadie sabía ni el quién, ni el cómo ni el cuándo. Además, cuando sucedió, pasó lo habitual: los incumbentes del sector, las grandes broadcasts, lo vieron como un portal donde la gente almacenaría recortes de sus programas; no entendieron que lo que nacía era una red social para compartir contenidos audiovisuales.

Hoy, el valor de YouTube es mayor que el de las compañías audiovisuales más importantes, y continúa siendo válida la afirmación de Gary Hamel y C. K. Prahalad de que, para las empresas, "no es el dinero el combustible que se necesita para emprender el viaje al futuro, sino la energía emocional e intelectual de todos y cada uno de los empleados"1. Si el dinero lo pudiera todo –si sirviera, por ejemplo, para comprar todas las startups que pueden incomodar a una empresa establecida–, no habría innovación disruptiva ni nuevos entrantes. Pero sucede al revés: no hay competidor pequeño en este mundo líquido en el que el crecimiento de nuevas propuestas de valor puede ser muy acelerado.

En la actualidad, con la banca ocurre algo similar a lo que sucedía con el vídeo en Internet. Se sabe que será disrumpida, pero no se sabe quién lo hará, ni cómo ni cuándo sucederá. Pero el hecho de que exista consenso sobre estos cambios sustanciales en el sector financiero no implica que sea fácil elegir bien los procesos de transformación.Las empresas necesitan ser innovadoras porque necesitan ser diferentes ante sus clientes.  La innovación es fundamental para huir de la comoditización (que siempre acaba con los márgenes hundidos). Pero ser innovador es poco relevante, lo importante es ser atractivo –por diferente– ante los clientes. Si alguien es capaz de hacerlo sin innovar, adelante. Pero si alguna lección hemos aprendido en los últimos veinte años es que mantener el atractivo y la diferenciación sin innovar es imposible en un mundo que no ceja en acelerar sus cambios.

EL PESO DE LAS INERCIAS

Aceptada la importancia de la innovación en las estrategias de crecimiento empresarial, sorprende que el 94% de los mánagers estén...