La impresión 3D. Guía para escépticos

La impresión 3D. Guía para escépticos La impresión 3D. Guía para escépticos
Business Review · TIC

Para los directivos de una empresa, separar los verdaderos avances tecnológicos de las ilusiones constituye en sí mismo un desafío. Como afirmaba el físico danés Niels Bohr, "la predicción es muy difícil, sobre todo la del futuro". Muchos de nosotros podemos recordar grandes y pequeños ejemplos de pronósticos tecnológicos equivocados, como la burbuja de Internet o el Segway. La impresión 3D es, quizá, el mejor ejemplo actual de una innovación tan rodeada de exageraciones que su verdadera  esencia puede quedar oculta. Por ello, ofrece un estudio de caso idóneo sobre la importancia de aplicar herramientas de previsión de eficacia probada antes de quedar atrapados en el entusiasmo por la nueva tecnología.

Se afirma cada vez con más frecuencia que la impresión 3D (también conocida como impresión digital) está a punto de revolucionar la industria de fabricación
de forma dramática. Un informe de septiembre de 2013 del asesor de inversiones Motley Fool llegó incluso a declarar que esta nueva tecnología "cerrará 112.000
fábricas chinas... e iniciará una revolución industrial del siglo xxi aquí, en EE. UU.". Por mucho que nos guste la idea de que la producción vuelva a las costas occidentales, somos menos optimistas que quienes pronostican esta situación. En efecto, antes de enviar cartas de despido a millones de trabajadores chinos,
debemos dar un paso atrás y analizar la impresión 3D desde la óptica de la curva de experiencia y del modo en que esta impulsa y responde a la adopción de nuevas
tecnologías por parte de los consumidores. Asimismo, antes de predecir un cambio generalizado en la estructura de la industria de fabricación, debemos reflexionar
sobre cómo las economías de escala y de coste total dirigen las decisiones sobre inversiones.

No hay duda de que la impresión 3D ofrece un nuevo modelo de producción: elimina la necesidad de herramientas caras y personalizadas. Además, al ser un método de fabricación aditivo, y no substractivo, usa menos material. El coste de las impresoras 3D no deja de bajar; las startup ofrecen ahora versiones para aficionados por menos de 250 dólares (unos 180 euros al cambio). Sin embargo, como demostrará nuestro análisis de pronósticos tecnológicos, la impresión 3D no está a punto de revolucionar la producción en fábrica.

HERRAMIENT...


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