La organización como un organismo vivo: así circula la información dentro de la empresa

La organización como un organismo vivo: así circula la información dentro de la empresa La organización como un organismo vivo: así circula la información dentro de la empresa

A lo largo de los últimos treinta años, los teóricos de la gestión han llegado a aceptar la idea de que las organizaciones no son máquinas, sino que son tan imprevisibles, ingobernables, independientes e, incluso, sensibles como cualquier organismo vivo. Gareth Morgan, Arie de Geus, Peter Senge, Meg Wheatley y otros autores han escrito elocuentes páginas sobre esta cuestión. Hasta quienes no se muestran convencidos de que las organizaciones estén literalmente vivas pueden estar de acuerdo con autores como Jon R. Katzenbach y Zia Khan cuando sugieren que los líderes más centrados en la ingeniería y en los datos tangibles deben adquirir una gran capacidad para gestionar los aspectos informales y personales de la empresa. En otras palabras, aunque las organizaciones no estén literalmente vivas, a la hora de dirigirlas y conseguir que cambien es como si lo estuvieran.

En este sentido, el principal desafío organizativo al que se enfrenta cualquier líder de una empresa es muy similar al desafío al que se enfrentan los padres: comprender a ese organismo vivo, que en parte se encuentra bajo su custodia, lo suficientemente bien como para que las medidas que adopte redunden en crecimiento y cambio productivos. Aunque existen obras teóricas sobre los sistemas vivos a las que recurrir (incluidas las del filósofo chileno Humberto Maturana), esos escritos tienen poco que ver con las realidades cotidianas relacionadas con el lanzamiento de un producto o con un equipo de proyecto.

No obstante, puede resultar útil analizar la semejanza a grandes rasgos entre los sistemas circulatorios biológicos y la forma en que la información se desplaza dentro de las organizaciones. Por ejemplo, algunas de las obras más interesantes y accesibles sobre el cuerpo humano (al menos para un lego en la materia como yo) tienen que ver con las interconexiones entre la circulación sanguínea, las redes neuronales y los sistemas químicos que regulan la vida. Sherwin B. Nuland, escritor y cirujano de la Yale University, explica las misteriosas respuestas de la fisiología humana en su obra maestra, The Wisdom of the Body:

"para coordinar las inestabilidades de todas las células [del cuerpo humano] se necesita que las partes remotas del organismo estén en constante comunicación entre sí, tanto a larga distancia como a nivel local… Esto se logra mediante mensajes enviados a través de los nervios, en forma de energía eléctrica, a los que llamamos impulsos; a travé...