Existe una relación inversa que las organizaciones tardan en ver: cuanto más sofisticada es la tecnología, más depende su éxito de factores que la propia tecnología no puede resolver. La inteligencia artificial generativa es el caso extremo de ese principio. Nunca habíamos tenido una herramienta más capaz de procesar lenguaje a escala. Y nunca había sido tan determinante –ni tan escasa– la capacidad humana de comprender, cuestionar e integrar lo que esa herramienta produce.
La paradoja de la IA generativa: por qué más tecnología requiere más humanidad
SS
Sandra Sieber
Business Review (Núm. 366) · Recursos humanos · Mayo 2026
Hay algo en la transformación digital de las organizaciones que se repite con una regularidad casi preocupante: las empresas que fracasan en la adopción de nuevas tecnologías rara vez lo hacen por limitaciones técnicas. Fracasan porque subestiman el factor humano. Y lo digo con la humildad de quien también ha caído en esa trampa.
Con la inteligencia artificial generativa está ocurriendo exactamente lo mismo, pero a una escala y velocidad sin precedentes. Las inversiones globales se miden en cientos de miles de millones; sin embargo, solo el 34 % de las organizaciones está usando la IA para reimaginar genuinamente su negocio y el 37 % la aplica apenas en la superficie, sin tocar procesos ni modelos organizativos, según Deloitte1. La mayoría se encuentran atrapados en lo que podríamos llamar un “valle de la desilusión productiva”: ya superaron el entusiasmo inicial –ese momento en que todo parecía posible–, sin descubrir todavía cómo crear valor sostenible.
La paradoja es esta, y conviene formularla con precisión: cuanto más capaz se vuelve la máquina de procesar lenguaje a escala, más crítica –y más escasa– se vuelve nuestra capacidad de procesar el cambio. Disponemos de la tecnología de procesamiento de lenguaje más sofisticada jamás creada, pero su éxito depende fundamentalmente de cómo los humanos la comprendemos, la adoptamos y la integramos en nuestro trabajo cotidiano. Y ahí es donde las cosas se complican. Porque comprender una tecnología no es solo entender qué hace; es aceptar que va a cambiar cómo trabajamos, cómo pensamos e incluso cómo nos relacionamos con nuestras propias competencias. Y eso, para cualquier ser humano, es un territorio incómodo.
Este artículo es una invitación a mirar la adopción de la IA generativa desde esa perspectiva humana y organizacional. No porque la tecnología no importe –importa mucho–, sino porque elegir el modelo tecnológico correcto resulta ser la parte fácil. Lo difícil es lo otro: gestionar la transformación cultural, desarrollar capacidades nuevas y, sobre todo, acompañar a las personas en la evolución de sus modelos mentales.
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Cuando observamos el mercado de los grandes modelos de lenguaje, lo primero que llama la atención es un panorama en rápida transformación, con una contradicción reveladora, según los datos de similarweb.com: en enero, ChatGPT mantenía el liderazg...
Sandra Sieber
Profesora del Departamento de Emprendimiento y Transformación Digital de IESE Business School ·


