Los seis clubes que conforman el mapa del talento en una empresa

Los seis clubes que conforman el mapa del talento en una empresa Los seis clubes que conforman el mapa del talento en una empresa
Business Review (Núm. 366) · Recursos humanos

En un contexto donde el talento no se pierde, sino que se apaga, el verdadero desafío del liderazgo ya no es gestionar personas, sino comprender la cultura que se está creando. Este artículo ofrece un marco práctico para leer lo invisible en las organizaciones: la disposición real del talento, las subculturas que emergen y los niveles de madurez cultural.

Vivimos un cambio de paradigma en el liderazgo. Las reglas que dieron estabilidad durante décadas ya no funcionan, aunque muchas organizaciones sigan aplicándolas como si el contexto no hubiera cambiado. El síntoma no suele ser un colapso visible, sino una crisis silenciosa: agotamiento emocional, cinismo acumulado y desalineamiento de propósitos. El talento no siempre se marcha, a menudo permanece desconectado: cumple, pero ya no cree; ejecuta, pero sin convicción; está presente en lo operativo, pero ausente en lo psicológico.

Durante gran parte del siglo XX, liderar equivalía a controlar. En un entorno estable, la jerarquía y la supervisión eran funcionales. Hoy, el trabajo exige creatividad, adaptabilidad y cooperación, y el control produce el efecto contrario: erosiona la motivación, dispersa el foco y deteriora la confianza. De ahí la paradoja: cuanto más se intenta controlar, menos se controla. Las métricas pueden mejorar, mientras que la implicación se vacía y la moral se degrada.

En este nuevo tablero, liderar no es administrar personas, sino crear condiciones para el compromiso. Eso exige inteligencia cultural: leer cómo circula la confianza, cómo se generan las conversaciones y cómo cada decisión directiva moldea –conscientemente o no– la cultura real. Porque la cultura no se decreta, sino que se construye cada día con lo que se permite, se corrige o se silencia.

 

El modelo RIPA: el mapa real del talento Comprender el talento de un equipo equivale, en última instancia, a comprender cuál es su disposición efectiva dentro del sistema. Durante años, las empresas han clasificado a las personas en categorías como “válidas”, “de alto potencial” o “de bajo rendimiento”, etiquetas que, además de simplificadoras, resultan poco explicativas. No logran describir lo que de verdad distingue a unos profesionales de otros: no tanto lo que saben hacer, sino la disposición emocional y mental con la que lo hacen. El talento no se mide únicamente por las competencias que alguien posee, sino también por el grado de compromiso, claridad y responsabilidad con el que las pone en juego.

El modelo RIPA surge precisamente de esa constatación. Es el resultado de más de una década observando equipos en diferentes países, sectores y culturas, y de comprobar que detrás de cualquier estructura formal, más allá del organigrama, se repite una misma lógica: hay personas que pueden y quieren...


Álvaro Marín Malumbres

Miembro asociado de Huete&co ·

José Manuel Arana

Profesor invitado en IPADE y CEO de Nadro ·