La paradoja de ser imprescindible

La paradoja de ser imprescindible La paradoja de ser imprescindible

Junto a otros compañeros de profesión hemos estado impartiendo clases sobre el "descarrilamiento ejecutivo" durante muchos años. Este concepto ha calado tanto entre estudiantes de MBA como entre directivos, y encuentra su eco en mi trabajo con altos ejecutivos, tanto a nivel individual como por equipos. Con frecuencia se tratan ciertos temas sobre el camino que lleva hacia los cargos ejecutivos más altos. Muchos directivos, tal vez la totalidad de ellos, deben lidiar con una paradoja que, de no ser abordada adecuadamente, puede implicar que su brillantez no consiga llevarles al ascenso deseado.

En muchas conversaciones, directivos enojados protestan porque otros compañeros de trabajo con un peor rendimiento les han pasado por delante. ¿Se debe esto a que la alta dirección no alcanza a ver lo que han logrado? ¿Son acaso los superiores desagradecidos? ¿Puede ser que otros directivos hayan estado ejerciendo cierta manipulación? Por triste que parezca, a menudo la causa no tiene nada que ver con esto. La alta dirección, normalmente, cuenta con una idea bastante clara de lo que se necesita para llegar a lo más alto. Si uno no consigue los ascensos que su rendimiento "merece", probablemente se deba a que no se ha percatado adecuadamente de lo mucho que necesita adaptarse con el fin de ascender a cargos de mayor responsabilidad.

En la primera mitad de su carrera profesional, las reglas del juego están claras: debe demostrar su experiencia técnica, trabajar duro (a menudo, haciendo sacrificios en otras partes de su vida) y desarrollar las habilidades y competencias que le permitan llegar a ser un empleado muy eficiente.

En algunas funciones, como el comercio, las ventas o el asesoramiento, o en áreas profesionales como el derecho, uno puede consolidarse como imprescindible si tiene unas relaciones externas tan fuertes que, si fuera despedido, se llevaría a los clientes con él. En tales casos, la seguridad del puesto de trabajo es alta: se ha convertido en "imprescindible". Cuando corren malos tiempos, esto no es más que pura autopreservación darwiniana.

 

LA MALDICIÓN DEL CONOCIMIENTO

Este tipo de empleados alcanzan rápidamente puestos de dirección, en los que deben superar un reto universal: la maldición del conocimiento. Cuando se ha desarrollado una habilidad hasta un alto nivel de especialización, ésta se automatiza y, como explica la neurología cada vez mejor, utiliza una part...