Las tres G que acercan el bien común al día a día de los negocios

Las tres G que acercan el bien común al día a día de los negocios Las tres G que acercan el bien común al día a día de los negocios
Business Review · Estrategia

En enero de 2016, en las afueras de Santiago de Chile, en un salón de actos repleto de empresarios chilenos y académicos de medio mundo de la International Academy of Management (IAM), el cardenal Peter Turkson ofrecía a los asistentes su visión del mundo de los negocios1. ¿Un cardenal opinando sobre empresa, citando al papa Francisco para reforzar su tesis? Esta misma pregunta se hacía Bob Eccles, profesor de la Harvard Business School y ponente en el mismo evento2, en su columna de la revista Forbes. Los negocios y la ética de las conductas pueden parecer dos ámbitos muy separados, más allá de la necesidad de cumplir con las leyes vigentes y, eventualmente, con lo que en las compañías se conoce como responsabilidad social corporativa. No obstante, tal vez sea este el momento histórico en el que más se habla del papel y de la responsabilidad de las empresas en la sociedad y de la compatibilidad (¿posible?) entre los negocios y la ética de sus directivos. De cómo se construyen empresas "buenas" (el famoso "don't be evil" de Google) a las que, además, les vaya "bien". Sin embargo, hay un error de partida en muchos de estos planteamientos, y este es separar de raíz negocios y ética, como si fuesen dos aspectos diferenciados que han de ser unidos de forma casi artificial: hacer negocios de forma ética, por ejemplo. Es un error, porque la dimensión moral, ética, se encuentra ya en el origen de la actividad empresarial. No solo en la forma de plantear el negocio, sino, sobre todo, en su operativa diaria. Y es que, en la propia concepción de la empresa por parte de fundadores o directivos ya hay una postura ética subyacente –a veces imperceptible; en otros casos, en cambio, muy explícita–, como también la hay en los perfiles de las conductas con las que se dirige un negocio.   Empresas regeneradoras Los negocios y la ética de los líderes son dos realidades que, pese a estar unidas estructuralmente, se pueden disociar si así se desea. Cuando esto ocurre, normalmente se consiguen buenos resultados económicos a corto plazo y peores a largo término. Y es que la ética restringe, frecuentemente, las actuaciones posibles para ganar dinero, porque no todo vale. Un sistema en el que se eliminan restricciones puede llegar a ser más eficiente, pero suele ser menos sostenible. Eso sin contar el efecto de las decisiones en el decisor. Y aquí está la clave: las decisiones dejan su huella neuronal en forma de hábitos de razonamiento y de decisión. L...