Lo que no te contarán de la transformación digital (y debería quitarte el sueño)

Lo que no te contarán de la transformación digital (y debería quitarte el sueño) Lo que no te contarán de la transformación digital (y debería quitarte el sueño)

PF

Pablo Foncillas Díaz-Plaja

Business Review (Núm. 294) · TIC

La transformación digital es el concepto de moda en el mundo empresarial. De las dos palabras que lo conforman, los directivos se obsesionan con el vocablo “digital”, cuando el futuro de sus empresas está en el término “transformación”. ¿Qué claves comparten las empresas que están logrando transformarse? ¿Qué errores cometen las que se quedan atrás? ¿Cómo afecta todo ello a sus líderes?

 

Convención potente: 750 asistentes, todos empleados de la compañía, esencialmente directivos y mandos intermedios. Disponen de recursos a tope: luces láser, vatios y pantallas gigantes conforman un escenario al estilo concierto de DJ de fama mundial, tipo David Guetta. Me toca intervenir. Subo. Salgo. Nervios. Comparto mis ideas sobre el impacto de la transformación digital (TD) en las compañías. Al acabar mi sesión interviene el vicepresidente de la empresa. Toma el escenario y, ufano, anuncia la inversión de millones de dólares en un nuevo software de gestión. Es la gran apuesta de la compañía para transformar la empresa, dice. A mi lado se encuentra el CEO. Le pregunto susurrándole a la oreja: “¿Cuánto habéis invertido en los profesionales?”. Me mira extrañado y calla. La respuesta es clara: cero. Es decir, mega inversión en digital y mini- inversión en empleados y directivos. La pregunta que inmediatamente me surge para él es: “¿Cambia una herramienta una organización?”. Digo “cambiar en profundidad”… Porque existe una gran diferencia entre digitalizarse y transformarse digitalmente: lo primero es dar herramientas digitales a una organización; lo segundo implica trabajar y, por tanto, hacer negocios de forma distinta. Después de haber entrevistado en profundidad a decenas de ejecutivos, tanto consejeros como directivos de empresas normalmente grandes o muy grandes, en diversos sectores (al margen de centenares de conversaciones informales con directivos, empleados, propietarios de negocios), tengo la respuesta: no. La tecnología (sola) no transforma una organización y la forma de hacer negocios. Las empresas las cambian las personas que trabajan en ellas. De hecho, son estas las que deben poner en valor las herramientas. Con esto, no les estoy restando valor a las diferentes tecnologías (IoT, realidad virtual, IA, blockchain…); son fundamentales, incluso condición necesaria (probablemente, en segundo lugar, después de ciertos elementos que desarrollaré en las siguientes líneas), aunque no suficiente.

 

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Pablo Foncillas Díaz-Plaja

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Profesor asociado de IE Business School