Ocho palancas para convertir la incertidumbre en una ventaja estratégica

Ocho palancas para convertir la incertidumbre en una ventaja estratégica Ocho palancas para convertir la incertidumbre en una ventaja estratégica

Las últimas crisis y disrupciones han tenido un coste silencioso para muchas organizaciones: líderes reactivos, equipos agotados y sistemas que pronto quedarán obsoletos. La resiliencia las mantiene hoy, pero no garantiza su futuro. Liderar con humanidad en la incertidumbre, evolucionar la gestión empresarial e innovar con visión no solo las fortalece, sino que las prepara para prosperar y transformar el mundo que viene.

El término “resiliencia” se ha convertido en los últimos años en uno de los conceptos más utilizados y menos cuestionados en el argot directivo. Frente a la crisis sanitaria, las continuas disrupciones tecnológicas, la polarización social y la volatilidad de la economía global, muchas organizaciones se han enorgullecido de su capacidad de resistir y adaptarse.

Sin embargo, los últimos datos de Gallup muestran una paradoja inquietante: el descenso del compromiso de los colaboradores, que cayó hasta el 21 %1. A esto se suman fenómenos como el aumento sostenido del burnout, la fatiga decisional en los equipos directivos, la creciente desconexión emocional con el trabajo o el síndrome del aburrimiento laboral.

Es inevitable preguntarse por qué organizaciones cada vez más “resilientes” muestran equipos más cansados y menos comprometidos y hasta qué punto esta situación es sostenible para las personas, la productividad y los negocios.

La respuesta de fondo es que resistir y adaptarse (acríticamente) ya no alcanza. En entornos donde el cambio no es coyuntural, sino estructural, volver al punto de partida es una ilusión; incluso la esperanza de vida de los modelos de negocio se ha reducido de sesenta a menos de veinte años en este siglo. Las organizaciones que aspiran a prosperar y evitar riesgos “existenciales” necesitan algo distinto: la capacidad de fortalecerse y reinventarse con la incertidumbre.

 

De la resiliencia a la antifragilidad La idea de sistemas antifrágiles fue inicialmente propuesta por Nassim Nicholas Taleb2. Un sistema es antifrágil cuando, una vez expuesto a las disrupciones, volatilidad, errores y estrés, se fortalece en el presente y evoluciona en el futuro. En cambio, los sistemas robustos (soportan) y los resilientes (se adaptan) son capaces de sobrevivir en el corto plazo, pero se mantienen vulnerables frente a las incertidumbres del futuro. Por su parte, los sistemas frágiles se quiebran y extinguen rápidamente ante los cambios (ver el cuadro 1).


 

Tipos de respuestas frente a los cambios disruptivos  

Aplicado al mundo organizacional, ser resiliente implica resistir el impacto, adaptarse y ...


Gonzalo Indacochea

Trusted Advisor en Huete&Co, miembro del Clayton Christensen Institute y director del Management Innovation Lab Project ·