Las últimas crisis y disrupciones han tenido un coste silencioso para muchas organizaciones: líderes reactivos, equipos agotados y sistemas que pronto quedarán obsoletos. La resiliencia las mantiene hoy, pero no garantiza su futuro. Liderar con humanidad en la incertidumbre, evolucionar la gestión empresarial e innovar con visión no solo las fortalece, sino que las prepara para prosperar y transformar el mundo que viene.
Ocho palancas para convertir la incertidumbre en una ventaja estratégica
GI
Gonzalo Indacochea
Business Review (Núm. 363) · Recursos humanos · Febrero 2026
El término “resiliencia” se ha convertido en los últimos años en uno de los conceptos más utilizados y menos cuestionados en el argot directivo. Frente a la crisis sanitaria, las continuas disrupciones tecnológicas, la polarización social y la volatilidad de la economía global, muchas organizaciones se han enorgullecido de su capacidad de resistir y adaptarse.
Sin embargo, los últimos datos de Gallup muestran una paradoja inquietante: el descenso del compromiso de los colaboradores, que cayó hasta el 21 %1. A esto se suman fenómenos como el aumento sostenido del burnout, la fatiga decisional en los equipos directivos, la creciente desconexión emocional con el trabajo o el síndrome del aburrimiento laboral.
Es inevitable preguntarse por qué organizaciones cada vez más “resilientes” muestran equipos más cansados y menos comprometidos y hasta qué punto esta situación es sostenible para las personas, la productividad y los negocios.
La respuesta de fondo es que resistir y adaptarse (acríticamente) ya no alcanza. En entornos donde el cambio no es coyuntural, sino estructural, volver al punto de partida es una ilusión; incluso la esperanza de vida de los modelos de negocio se ha reducido de sesenta a menos de veinte años en este siglo. Las organizaciones que aspiran a prosperar y evitar riesgos “existenciales” necesitan algo distinto: la capacidad de fortalecerse y reinventarse con la incertidumbre.
De la resiliencia a la antifragilidad
La idea de sistemas antifrágiles fue inicialmente propuesta por Nassim Nicholas Taleb2. Un sistema es antifrágil cuando, una vez expuesto a las disrupciones, volatilidad, errores y estrés, se fortalece en el presente y evoluciona en el futuro. En cambio, los sistemas robustos (soportan) y los resilientes (se adaptan) son capaces de sobrevivir en el corto plazo, pero se mantienen vulnerables frente a las incertidumbres del futuro. Por su parte, los sistemas frágiles se quiebran y extinguen rápidamente ante los cambios (ver el cuadro 1).
Aplicado al mundo organizacional, ser resiliente implica resistir el impacto, adaptarse y ...
Gonzalo Indacochea
Trusted Advisor en Huete&Co, miembro del Clayton Christensen Institute y director del Management Innovation Lab Project ·


