¿Por qué necesitas un consejo de administración en tu empresa?

¿Por qué necesitas un consejo de administración en tu empresa? ¿Por qué necesitas un consejo de administración en tu empresa?

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Carlos García Pont

Business Review (Núm. 368) · Estrategia

Llega un día en que alguien sugiere al fundador que abra la sala de juntas a personas que no llevan su apellido. La reacción es casi siempre la misma: “¿Para qué?”. Sin embargo, el lamento de quienes dan el paso suele coincidir pasado un tiempo: “Ojalá lo hubiera hecho antes”. Veamos para qué sirve realmente un consejo y por qué los empresarios que más se resisten son, casi siempre, los que más lo necesitan.

Lo que sigue es aplicable a cualquier empresa privada, pero con especial fuerza a las de primera generación, dirigidas por el fundador o por los socios que la crearon. La razón es que en ellas se concentran tres rasgos que hacen del gobierno corporativo una necesidad, no un lujo:

1. Superposición entre propiedad y dirección. El fundador es accionista, consejero delegado, director comercial y, muchas veces, persona de referencia para el banco. No existe contrapeso institucional alguno.

2. Ausencia casi total de órganos formales. No hay comité de auditoría, no hay reglamento interno, no hay actas, no hay siquiera la disciplina de levantar un orden del día con tres semanas de antelación.

3. Necesidad de planificar la transición a la siguiente generación. Se trata de una conversación que el fundador, casi por definición, ha evitado durante toda su vida activa.

En las empresas más maduras –pactos entre segundas o terceras generaciones, sociedades con minoritarios externos–, la presión para profesionalizar el gobierno suele venir de fuera o de la propia complejidad accionarial. En la empresa de fundador, esa presión no existe. Y ahí empieza el problema.

 

La soledad del mando Hay un momento que conoce casi cualquier directivo. Entras en una reunión con las mismas personas de ayer, pero hoy te han nombrado su jefe. Te miran distinto, te discuten menos y, durante unas semanas, sospechas que te has vuelto más inteligente de la noche a la mañana. No es así. Es que, cuando uno manda, la gente calla. A eso se le llama la soledad del mando.

El empresario fundador vive ese momento todos los días. Sus empleados tienen intereses propios. Su cónyuge se preocupa, pero suele faltarle el contexto del negocio. Su asesor fiscal y su abogado responden cada uno desde su trinchera, sin ver ninguno el cuadro completo. Y las decisiones más importantes –entrar en un nuevo país, despedir al director comercial de toda la vida, asumir deuda significativa, empezar a pensar en la salida– son precisamente aquellas que no se pueden discutir con nadie dentro de la empresa.

Los empresarios que han creado consejos consultivos eficaces describen casi unánimemente la misma motivación inicial. No buscaban supervisión. Buscaban un foro confidencial donde pensar en voz alta con personas que han estado en situaciones parecidas y no tienen ...


Carlos García Pont

Profesor en IESE Business School ·