Tres decisiones estratégicas para encajar el impacto positivo en el núcleo del negocio

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Tres decisiones estratégicas para encajar el impacto positivo en el núcleo del negocio Tres decisiones estratégicas para encajar el impacto positivo en el núcleo del negocio

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Raimon Puigjaner

Business Review (Núm. 365) · Estrategia

Durante años, competir en el mercado era como jugar al fútbol en una liga con reglas conocidas y estables. Hoy no es solo que hayan aparecido equipos con otro estilo, ni que el campo tenga nuevas dimensiones y toque ajustar la táctica. Es que han cambiado las reglas del campeonato.

Tres decisiones estratégicas para encajar el impacto positivo en el núcleo del negocio

 

En el último lustro, la presión hacia la sostenibilidad ha llegado por todos los frentes: regulación, grandes clientes, consumidores, talento, inversores y financiadores. Más de treinta billones de dólares en activos globales son gestionados hoy bajo criterios de inversión responsable. La Comisión Europea, aunque con turbulencias, está desplegando el mayor paquete regulatorio en materia de sostenibilidad empresarial de su historia. Y el 75 % de las empresas del S&P 500 ya incorpora métricas ESG en sus sistemas de incentivos. Antes, la sostenibilidad era ventaja competitiva. Hoy es requisito competitivo. Mañana será condición de supervivencia.

El mundo del fútbol lleva ya tiempo preguntándose: ¿Guardiola o Mourinho? El juego ofensivo, de construcción paciente y visión sistémica, frente al pragmatismo defensivo y de contraataque que maximiza resultados en el corto plazo.

En la sala de dirección, el debate es el mismo. Hay empresas que integran la sostenibilidad en su propuesta de valor, la usan para abrir mercados, atraer capital y construir resiliencia: juegan con la vista puesta a cinco años o más. Y hay empresas que gestionan la generación de impacto positivo como un coste regulatorio, haciendo lo mínimo necesario para no recibir una tarjeta, y cuando aprieta la urgencia, es lo primero que frenan. Ambas posturas ganan partidos. Pero, en una liga donde el reglamento acaba de cambiar, solo una de las dos ha entrenado para competir en ella.

 

Tres enfoques de sostenibilidad

En R4S llevamos quince años acompañando a empresas en el proceso de entroncar la sostenibilidad con el negocio para no solo responder a exigencias del entorno, sino anticipar, competir y prosperar gracias a ellas. De la experiencia con más de ciento veinte empresas de distintos sectores y estadios de madurez, extraemos tres mecanismos que colocan la sostenibilidad y la generación de impacto positivo donde pueden generar valor:

 

1. Sostenibilidad: de parar penaltis a sumar en el marcador

Existe un criterio inequívoco para evaluar la madurez de una estrategia de sostenibilidad: ¿genera más ingresos, reduce costes o, idealmente, ambas cosas? Si no impacta en alguno de estos vectores, puede tener valor reputacional, pero no valor de mercado.

El desarrollo de productos con atributos de impacto abre nuevas fuentes de ingresos y mercados. El caso de La Farga ilustra esta lógica: la empresa catalana productora de cobre posicionó sus esfuerzos fundacionales en desarrollar productos reciclados ante el gobierno de Holanda, lo cual le sirvió para lograr el contrato para fabricar la primera catenaria del mundo de cobre 100 % reciclado, destinada a una red ferroviaria de alta velocidad. El resultado no fue solo de mejora del impacto medioambiental: fue una prima de precio por sostenibilidad, mayor acceso a un segmento de contratación pública con requisitos ESG verificables y una posición diferencial que sus competidores convencionales no pueden replicar de la noche a la mañana. La sostenibilidad se tradujo, directamente, en top line.

Las inversiones en eficiencia (energía, agua y materiales) generan ahorros estructurales en costes variables. Por ejemplo, Toyota ahorra millones de litros de agua anuales gracias a procesos de eficiencia hídrica integrados en su operación, e Intel economiza 2.400 millones de kWh de energía, con un impacto directo y cuantificado en su estructura de costes. No son iniciativas de responsabilidad social corporativa: son decisiones de gestión que protegen márgenes en un entorno de energía cara, materias primas volátiles y fiscalidad medioambiental creciente.

 

2. Del club de socios a los grandes fondos: jugar en otra liga financiera

Si antes la sostenibilidad era fair play reputacional, hoy es licencia para competir en determinados mercados financieros. La mecánica es directa: un buen desempeño ESG reduce el perfil de riesgo de la compañía ante los inversores y, con él, el coste de financiación. BBVA e Iberdrola formalizaron una línea de crédito sindicada de 2.500 millones de euros con condiciones explícitamente ligadas al desempeño hídrico de la energética. No es filantropía bancaria: es la traducción financiera de que una empresa que gestiona bien sus riesgos de sostenibilidad es una empresa menos expuesta y, por tanto, una inversión menos arriesgada.

El acceso a capital cuenta la misma historia desde otro ángulo. Apple emite bonos verdes desde 2016 –más de cuatro mil setecientos millones de dólares captados en su primera emisión–, con una demanda inicial que superó ampliamente la oferta. Los ratings ESG elevados incrementan el atractivo ante fondos institucionales con mandatos de inversión responsable.

Reducir el riesgo ESG no es gestión de la reputación, significa reducir la prima de riesgo. Y esa reducción supone aumentar el valor de la empresa.

 

3. Resiliencia y equilibrio: cómo ganarle el partido a la volatilidad

Las disrupciones de los últimos años han convertido la cadena de suministro en el talón de Aquiles de modelos de negocio aparentemente sólidos. Los riesgos no son hipotéticos: son operativos, financieros y reputacionales.

Muchas organizaciones toman decisiones de compra sin información fiable sobre el desempeño ESG de su cadena, lo cual las expone a riesgos. Las empresas que transforman la relación con sus proveedoras en alianza construyen cadenas más robustas. Patagonia lleva décadas aplicándolo: sus programas de desarrollo con proveedores estratégicos en Asia no solo mejoran el desempeño social y medioambiental de la cadena, sino que reducen la rotación de inventarios, aumentan la calidad de los insumos y generan capacidad de respuesta ante shocks externos.

La anticipación regulatoria opera en paralelo. Adaptarse a normativas como la Green Claims Directive o los estándares de reporte (CSRD) antes de que sean obligatorias no es un esfuerzo extra: es entrenar para ganar la copa, no solo el partido. Las organizaciones que diseñan su arquitectura de datos de impacto con criterio estratégico descubren ineficiencias operativas y brechas de competitividad que la mayoría de sus competidoras aún no han cuantificado. El compliance, bien ejecutado, deja de ser un coste para convertirse en una ventaja. En términos financieros, hoy sostenibilidad es sinónimo de resiliencia: menos pérdidas inesperadas, menor volatilidad en flujos futuros y mayor previsibilidad en valoración.

 

La sostenibilidad no compite con la rentabilidad, sino con el riesgo de no impulsarla

La sostenibilidad ha dejado de ser un departamento para ser una conversación sobre el modelo de negocio y, en última instancia, sobre la continuidad misma de la empresa. En R4S hemos acompañado este proceso evolutivo en empresas de sectores muy distintos, y la conclusión es siempre la misma: las que asimilan el nuevo reglamento y lo convierten en modelo de juego no solo están siendo responsables, están blindando su continuidad y su competitividad.

 

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Raimon Puigjaner

CEO de R4S y cofundador y expresidente tanto de B Lab Spain como de la Penya Barcelonista Washington D.C. ·