Vitaminas y vacunas: el directivo como terapeuta empresarial

Vitaminas y vacunas: el directivo como terapeuta empresarial Vitaminas y vacunas: el directivo como terapeuta empresarial

Las empresas, así como el resto de las instituciones humanas, son seres vivos. Nacen, crecen, maduran, envejecen y mueren. Como seres vivos, parecen estar supeditadas a un ciclo de vida con múltiples etapas intermedias, unas más propias de la juventud; el resto, de la senectud. En este artículo se explora el papel que tiene la gestión de un equipo directivo en la vitalidad de su compañía, en su envejecimiento o rejuvenecimiento y en el alargamiento o acortamiento de su vida mucho más allá de lo que “genéticamente” sería esperable.

En las empresas, a diferencia de lo que pasa con los seres humanos, tanto la duración de cada uno de los ciclos de vida como su secuencia no siguen una lógica biológica determinista, sino que responden, principalmente, a una lógica de buena o mala gestión de su equipo directivo.

Una buena gestión, concepto que describiremos enseguida, es capaz de rejuvenecer a una empresa envejecida. Es decir, en las instituciones humanas, se puede revertir la tendencia natural a que los años te acerquen, inexorablemente, al fin de tu existencia: se puede conseguir que una compañía permanezca “eternamente” joven y que dure muchos más años de lo que “genéticamente” duran otras empresas nacidas en un momento histórico o geográfico similar.

¿Cómo se consigue una buena gestión?

Una buena gestión es el resultado de ganar dos grandes batallas:

1. La primera es el aumento de la integración de la empresa con el ecosistema en el que habita: es decir, el desarrollo de capacidades que permitan capturar las oportunidades que nacen de los cambios en la demanda, o, lo que es lo mismo, en las necesidades de los clientes. Esa integración, a la que vamos a llamar “externa”, conlleva el desarrollo de mejores productos y servicios que den buena respuesta a las demandas no solo de hoy, sino, sobre todo, del futuro.

Esta integración externa se “acaba sintiendo” en la mejora de la fidelización de clientes, en el logro de buenos márgenes, en el aumento de la reputación, en una mayor diferenciación con respecto a los competidores, en la sintonía con las tendencias del mercado, en el respeto al regulador, en la curiosidad por las mejores prácticas de otras empresas, etc.

2. La segunda batalla de la buena gestión es la disminución de la desintegración interna: es decir, el aumento de la cohesión y del sentimiento de tribu. Ello se consigue, por poner algunos ejemplos, con mejor comunicación interna, con procesos más eficientes, con reuniones internas que funcionen, con directivos que asuman sus responsabilidades y las consecuencias de sus decisiones, con más motivación, compromiso y colaboración interna, con más alineamiento estratégico, con más sentido de propósito en la organización, etc.

La clave de la integración interna está en crear culturas de respeto y confianza mutua. El respeto implica la aceptación del derecho de la otra parte a ser distinto y a ver las cosas de manera diferente. La confianza mutua...


Luis Huete

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Profesor de Dirección de Producción, Tecnología y Operaciones en el IESE Business School