¿Y si los pequeños cambios pudiesen cambiar el mundo?

¿Y si los pequeños cambios pudiesen cambiar el mundo? ¿Y si los pequeños cambios pudiesen cambiar el mundo?
Business Review (Núm. 254) · Estrategia

Miles de personas mueren cada año a la espera de un órgano de un donante compatible, así que animar a la gente a que done sus órganos tras fallecer es una cuestión de vida o muerte para muchos pacientes. A algunos países se les da mejor que a otros. De acuerdo con una encuesta de Gallup, el 28% de los estadounidenses ha accedido a hacerse una tarjeta de donante. Esta tasa es mucho más alta que el índice de consentimiento en países como Dinamarca (4,2%), Alemania (12%) y el Reino Unido (17,2%), pero mucho menor que en países como Austria, Hungría y Francia, que tienen índices de consentimiento del 100%.

Así que, ¿qué es lo que países como Austria y Francia hacen mucho mejor que otros, como Dinamarca y Alemania, para conseguir que su población done órganos? Resulta difícil creer que la cultura o la religión jueguen un papel en la toma de estas decisiones, ya que países que son muy similares en estas dimensiones (como Alemania y Austria) ofrecen resultados de comportamientos drásticamente diferentes.

También es difícil de explicar por factores demográficos (como la renta per cápita, el nivel de educación o la esperanza de vida), puesto que los países europeos mencionados anteriormente tampoco difieren demasiado en dichas dimensiones. La razón que se esconde tras estas drásticas diferencias es, en realidad, algo muy sencillo. En los países con índices bajos de consentimiento se le pide a la gente que rellene un formulario con la siguiente fórmula: "Marque la casilla si desea participar en el programa de donantes". En los países con una tasa alta de consentimiento, la fórmula es algo diferente: "Marque la casilla si no desea participar en el programa de donantes".

En ambos casos, en general, la mayoría de la gente no marca la casilla. Sin embargo, mientras que, en el primer caso, eso significa que no se conviertan en donantes, en el segundo caso es al revés: se convierten en donantes. Este sencillo ejemplo pone de relieve un principio fundamental común a todos los programas de cambio que funcionan: los cambios pequeños y, aparentemente, triviales en el entorno inmediato o en la manera de comportarnos y de hablar pueden influir considerablemente en lo que la gente hace o cómo se comporta. Si pensamos en cómo resolver algunos de los mayores problemas de la sociedad (como la pobreza, la desnutrición y el cambio climático), tal vez deberíamos empezar por identificar pequeños cambios que podrían lograr grandes mejoras...