A todo gas hacia 2030: regulando el panorama tecnológico del futuro

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Mark Esposito

Business Review (Núm. 322) · TIC

La potencia y la escalabilidad de las tecnologías emergentes están transformando el poder de los mercados y creando una serie de riesgos que solo pueden ser afrontados recurriendo a la regulación. Desafortunadamente, nuestros planteamientos actuales en la gobernanza de la tecnología son insuficientes, y en gran parte incompletos, ante los desafíos que afrontamos, resultando demasiado fragmentados e irrelevantes a la hora de centrarse en objetivos que se puedan traducir en acción efectiva. Este artículo propone un enfoque normativo, empleando varias herramientas que pueden ser aprovechadas para fomentar una regulación que resulte adecuada para la tecnología de este siglo

El hecho de que el sector tecnológico haya generado cotizaciones en bolsa muy por encima de los otros sectores en todo el mundo, durante la pandemia de la COVID-19, demuestra que las empresas fundadas sobre las prácticas y modelos comerciales que priorizan lo digital no solo se encuentran ahora entre las compañías más cotizadas a nivel mundial (a pesar de que los indicadores macroeconómicos de crecimiento llevan más de una década arrojando valores escasos), sino que también están entre los actores económicos más importantes desde el punto de vista estructural1. También son los actores más controvertidos, ya que ejercen presión sobre los mercados, pero carecen de mecanismos implícitos de distribución social del valor.

Esta importancia estructural no queda acotada solo al poder económico. Probablemente, el poder económico es solo un aspecto secundario, frente a otras formas de adquisición de poder. De hecho, la capacidad de las empresas innovadoras para aprovechar el poder y la escalabilidad de la distribución digital, el análisis avanzado de datos y los métodos de producción Lean y automatizados, en el mundo siempre en expansión de los dispositivos móviles, ha generado una creciente influencia social y política, además del aumento de los precios de las acciones, que ha producido, para algunos, facturación y beneficios, y una liquidez con la que alimentar un crecimiento adicional a través de las adquisiciones.

Si nos atrevemos a adoptar una perspectiva más osada del papel destacado de esta importancia estructural, podríamos afirmar que esta estructura ha adquirido relevancia geopolítica, hasta el punto de que parece que está emergiendo un nuevo orden mundial. En 2020, Bloomberg2 informó de que la capitalización en bolsa de Tesla había superado la de Exxon Mobil. Y este fue el primero de una serie de anuncios similares, que revelaron un cambio más sistémico en la composición del mercado de valores y los flujos de capitales.

El auge de las plataformas digitales y de las empresas centradas en la inteligencia artificial (IA) como motores de creación y producción de valor no es algo malo, al menos no en sí mismo. El hecho de que las tecnologías emergentes hagan posible la aparición y el crecimiento de nuevos sectores, y que puedan transformar las cadenas de valor existentes, de manera que, en última instancia, aporten un mayor valor para los consumidores, pone de manifiesto el poder de la innovación para mejorar nuestras vi...


Mark Esposito

Profesor de Economía y Negocios en la Hult International Business School y Thunderbird Global School of Management. ·

Profesor de Economía y Negocios en la Hult International Business School y Thunderbird Global School of Management. También forma parte del claustro de la División de Educación Continua de la Universidad de Harvard