Banca cognitiva: la revolución en los servicios financieros impulsada por la IA

Banca cognitiva: la revolución en los servicios financieros impulsada por la IA Banca cognitiva: la revolución en los servicios financieros impulsada por la IA
Business Review (Núm. 369) · Finanzas

La industria bancaria atraviesa la fase de transformación más profunda desde la digitalización iniciada en los años noventa. Sin embargo, a diferencia de las etapas anteriores –marcadas por la informatización de procesos, la omnicanalidad o la movilidad–, la disrupción actual redefine la naturaleza misma del modelo bancario. La inteligencia artificial abre la puerta a la era de la banca cognitiva.

a era digital modificó en profundidad el comportamiento de los consumidores. La masificación de plataformas que anticipan deseos, personalizan recomendaciones y ofrecen servicios inmediatos ha elevado las expectativas a niveles que desafían a la banca tradicional. El cliente se acostumbró a canales que escuchan y responden en tiempo real, entienden sus hábitos y lo acompañan de manera integrada. En este nuevo escenario, el banco ya no es evaluado solo por su solidez institucional, sino también por su capacidad de resolver necesidades sin fricción.

La banca cognitiva –basada en la utilización de agentes de IA– emerge como respuesta a la brecha creciente entre lo que el cliente experimenta en otras industrias y lo que recibe de su banco. El modelo se basa en sistemas capaces de comprender lenguaje natural, interpretar contexto, aprender de cada interacción y anticiparse a necesidades futuras. Esto representa un cambio de paradigma: la banca deja de ser reactiva para convertirse en un actor proactivo que brinda asistencia continua.

El cliente actual no busca solo productos, sino también orientación, claridad y apoyo. Quiere saber si está gastando de manera inteligente, si puede afrontar un pago futuro, cómo proteger su patrimonio o qué decisiones son más convenientes según su situación personal. La banca cognitiva habilita este tipo de acompañamiento, similar al que históricamente brindaba un ejecutivo de confianza, pero ahora con disponibilidad constante y capacidad ampliada por IA.

Este cambio no responde solo a una evolución tecnológica, sino a un nuevo pacto de servicio: la banca se transforma en un modelo de relación continua, sensible al contexto y muy personalizado. Y, para que esto sea posible a escala, la IA agentiva se vuelve un recurso indispensable.

 

El nacimiento del ejecutivo bancario digital

Durante décadas, la relación entre cliente y banco estuvo mediada por personas capaces de construir confianza a partir del conocimiento personal, la capacidad de escuchar y la habilidad para sugerir soluciones adecuadas. Estos ejecutivos representaban el corazón del vínculo financiero.

Sin embargo, la digitalización fragmentó esta relación. La migración hacia canales electrónicos otorgó eficiencia, pero debilitó la dimensión humana de la experiencia bancaria, así que las entidades se encuentran hoy en un punto de tensión: por un lado, impulsan modelos de negocio basados en la digitalización de experiencias; por otro, afrontan la pérdida de oportunidades derivada del distanciamiento que supone interactuar con una plataforma en lugar de hacerlo con una persona.

La IA agentiva permite recuperar esta esencia, pero con un alcance imposible en el modelo tradicional. A partir de esta tecnología, puede desarrollarse en la práctica el concepto del ejecutivo bancario inteligente y digital, un agente autónomo que combina comunicación natural, memoria conversacional, comprensión profunda del historial del cliente y capacidad real de actuar sobre los sistemas bancarios.

Esta figura fue conceptualizada como “Mr. SPOC” (single point of contact): un único punto de contacto capaz de acompañar al cliente en todas sus gestiones, decisiones y movimientos financieros. A diferencia de un chatbot convencional, que se limita a preguntas y respuestas, Mr. SPOC opera como un asesor permanente que mantiene conversaciones enriquecidas por aprendizajes previos y que, además, ejecuta acciones concretas: desde programar un pago hasta proponer una estrategia de inversión acorde al perfil del cliente.

La diferencia es radical: un chatbot responde; un agente bancario digital percibe, decide y actúa. Puede advertir una anomalía en el gasto, alertar sobre un débito inusual, sugerir reorganizar el flujo financiero del mes o anticiparse a un vencimiento. Todo esto ocurre de forma fluida, sin que el cliente tenga que buscar opciones ni navegar por menús.

La banca recupera así la personalización profunda, pero ahora sin las limitaciones humanas de tiempo, escala o disponibilidad. Cada cliente recibe una atención única, continua y perfeccionada a medida que el sistema aprende. De esta forma, la banca dejará de ser un conjunto de productos y canales para convertirse en un sistema inteligente que acompaña la vida financiera del cliente de manera continua y contextual.

 

Transformación del modelo de negocio bancario

La llegada de la IA generativa y la agentiva obliga a repensar el modelo de negocio del banco. Durante décadas, la banca se organizó en torno a productos: cuentas, préstamos, seguros e inversiones. Pero esta lógica ya no se ajusta a las expectativas modernas del cliente, que no piensa en su vida en términos de productos bancarios, sino de necesidades financieras concretas: financiar una casa, planificar un viaje, reducir deuda, mejorar su ahorro o proteger sus ingresos.

La banca cognitiva plantea un cambio conceptual profundo: los bancos deben dejar de ofrecer productos para pasar a gestionar la vida financiera del cliente. Este cambio implica un nuevo tipo de relación, donde el banco acompaña activamente cada etapa y momento clave. El cliente deja de interactuar de forma esporádica con su banco y pasa a mantener un diálogo continuo y significativo.

Este enfoque habilita modelos de ingresos más dinámicos. La capacidad de brindar información precisa y oportuna permite ofrecer servicios de asesoramiento, planificación financiera automatizada, segmentación dinámica y comisiones basadas en resultados observables. Por ejemplo, un banco podría cobrar por la optimización fiscal lograda, por el rendimiento de una cartera ajustada automáticamente o por la prevención de gastos innecesarios gracias a alertas inteligentes. La monetización ya no se basa solo en productos, sino en valor entregado en tiempo real.

En Estados Unidos, Europa y Asia comienzan a aparecer pruebas piloto que operan con agentes autónomos capaces de interactuar con cuentas reales. En América Latina, Mercado Pago ha desarrollado un asistente financiero que ayuda a los usuarios a gestionar sus finanzas respondiendo preguntas sobre saldos, gastos y operaciones, creando recordatorios, categorizando gastos y automatizando tareas como transferencias, simplificando la administración del dinero mediante lenguaje natural, sin compartir datos fuera de la plataforma. Este movimiento es incipiente, pero consistente, y se asemeja a la adopción inicial de la banca móvil: lento al comienzo, exponencial luego.

La IA agentiva genera, además, un efecto virtuoso por el que salen ganando tanto el banco como el cliente: mejora simultáneamente la satisfacción del cliente, la eficiencia operativa, la prevención de riesgos y la rentabilidad.

La principal transformación del modelo se basa en dejar de ver la IA como un generador de innovaciones aisladas para integrarse en las plataformas de servicios financieros de la organización. Para ello, los bancos deberán desarrollar una arquitectura que denominamos ecosistema de servicios bancarios basados en IA, que será el corazón de nuestro modelo de negocio en el futuro.

En una primera etapa, debemos transformar nuestro modelo para posicionar a la IA como gestor permanente de la relación con el cliente y que a su vez interactúe con nuestros sistemas fundamentales (ver el cuadro 1). En una segunda etapa, será necesario transformar nuestros servicios financieros para construir el ecosistema integral de servicios bancarios con AI, transformando nuestros sistemas fundamentales.

banca cognitiva

El ecosistema de servicios bancarios basados en IA propuesto redefine la relación entre entidades financieras y clientes, pasando de una lógica transaccional a una experiencia hiperpersonalizada y predictiva. Este ecosistema integra asistentes comerciales, asesores financieros y agentes de servicio potenciados por IA para dar soluciones en tiempo real, anticipar necesidades y generar valor más allá del producto tradicional.

La visión de negocio se centra en tres pilares: automatización inteligente, que optimiza procesos y reduce costes operativos; personalización masiva, que convierte datos en recomendaciones financieras adaptadas al contexto de cada cliente, e interacción omnicanal, que asegura una experiencia fluida entre banca conversacional, redes sociales y plataformas digitales. La IA no solo mejora la eficiencia, sino que habilita nuevos modelos de ingresos basados en los análisis avanzados, el asesoramiento proactivo y los servicios integrados con ecosistemas externos.

Este enfoque transforma al banco en un orquestador de soluciones financieras, capaz de combinar productos propios y de terceros en un entorno colaborativo. El resultado: una banca más ágil, centrada en el cliente y preparada para competir en un mercado donde la inteligencia será el principal diferenciador.

 

Una nueva arquitectura digital

La transición hacia una banca cognitiva exige una arquitectura digital completamente nueva (ver el cuadro 2). El núcleo tradicional del banco permanece como eje transaccional, pero se rodea de una capa inteligente encargada de interpretar, proponer y hasta decidir y accionar. La arquitectura de este ecosistema de servicios bancarios basados en IA se construye sobre modelos de lenguaje avanzados capaces de dialogar, comprender contexto, razonar sobre situaciones concretas y activar módulos internos según corresponda.

Ecosistemas servicios bancarios

Los agentes autónomos operan sobre un ecosistema con diferentes API que les permiten ejecutar tareas reales: iniciar una transferencia, revisar un límite, categorizar gastos, simular escenarios o gestionar reclamaciones. A diferencia de la automatización tradicional, estos agentes pueden adaptarse a situaciones nuevas, aprender de cada interacción y administrar decisiones con trazabilidad completa.

La seguridad juega un papel central. Los agentes solo pueden actuar dentro de límites estrictamente definidos, con validaciones humanas según el nivel de riesgo. La privacidad, la auditabilidad y el registro exhaustivo de cada decisión son indispensables para garantizar confianza.

La gobernanza de la IA debe avanzar más rápido que la regulación externa. Los bancos necesitan marcos propios que contemplen supervisión de modelos, ética algorítmica, trazabilidad y mecanismos humanos de anulación. La banca cognitiva no es viable sin confianza, la cual se sostiene sobre la transparencia y el control.

 

Impacto organizacional: cultura, talento y modelos ágiles

La banca cognitiva redefine no solo la tecnología, sino la forma en que trabajan las personas. En ese contexto, exige un profundo replanteamiento en tres ámbitos:

 

Cultura

El cambio cultural es el desafío más exigente. Implica abandonar prácticas arraigadas, revisar jerarquías, aceptar la colaboración horizontal y abrazar la experimentación. Requiere liderazgo firme, formación constante y comunicación transparente. En este proceso, es clave la revisión de los valores de la organización para incorporar aquellos que determinen los nuevos comportamientos que esperamos de nuestros colaboradores.

Los bancos deberán migrar desde una cultura donde predomina la validación jerárquica (“lo aprueba el comité”, “lo define la gerencia”) hacia una cultura basada en la evidencia operativa y el aprendizaje continuo, donde el argumento principal sea el dato, el impacto en el cliente y el riesgo controlado.

Algunas sugerencias para avanzar en este camino incluyen:

  • Reemplazar comités de opinión por comités de rendimiento con decisiones basadas en indicadores (NPS, conversión, fraude, morosidad temprana, abandono de onboarding, etc.).
  • Normalizar la experimentación, pasando de “no cometer errores” a “equivocarse rápido, sin dañar al cliente, con controles”.
  • Introducir una nueva ética cultural: “la IA propone, el humano responde”: los modelos se auditan, se desafían y se gobiernan.

 

Talento

Miles de tareas repetitivas –procesos manuales, verificaciones, registros, clasificadores– pasan a manos de sistemas autónomos. Esto no significa reemplazo, sino redefinición. El colaborador deja de ser un ejecutor transaccional para convertirse en un profesional aumentado, capaz de analizar, resolver problemas, acompañar emocionalmente al cliente y supervisar a los agentes de IA.

El talento requerido combina pensamiento crítico, manejo de datos, capacidades analíticas, sensibilidad humana y dominio de herramientas digitales. La banca cognitiva demanda equipos interdisciplinarios donde tecnología, negocio, experiencia de cliente y cumplimiento regulatorio trabajen de manera integrada y colaborativa.

Así como hace años se profesionalizó el rol de “analista de fraude” o “líder de compliance digital”, será necesario incorporar formalmente perfiles híbridos encargados de supervisar, entrenar y auditar a agentes inteligentes.

 

Modelos de trabajo

El impacto más profundo se da en la estructura organizacional. La estructura tradicional basada en silos –cada área defendiendo sus procesos y productos– se vuelve incompatible con un modelo centrado en los “momentos del cliente”, o “momentos de la verdad”. Los modelos ágiles permiten operar en células autosuficientes que abordan problemas end-to-end: desde entender la necesidad del cliente a implementar soluciones.

Los bancos deberán rediseñar su modelo de operación para que las células ágiles no solo planteen experiencias, sino que puedan operar y hacer evolucionar productos cognitivos end-to-end integrando cumplimiento, riesgo y datos desde el inicio.

 

Hoja de ruta para construir una banca cognitiva

La banca cognitiva no se construye con una prueba piloto aislada ni con la simple adopción de nuevas herramientas de inteligencia artificial, sino mediante una transición estratégica y organizacional que transforma la relación con el cliente, el modelo operativo y la forma en que el banco diseña, ejecuta y gobierna sus decisiones. El salto es comparable –por profundidad y consecuencias– a lo que representó el paso de la banca de sucursales a la banca digital: no se trata de sumar un canal, sino de redefinir el funcionamiento integral de la institución.

En este escenario, el mayor riesgo para un banco tradicional no es “llegar tarde” a la tecnología, sino iniciar el camino sin una hoja de ruta, replicando errores frecuentes: proyectos fragmentados, falta de métricas de valor, ausencia de gobernanza de modelos o dependencia excesiva de proveedores, sin desarrollo de capacidades propias. La banca cognitiva requiere avanzar con visión, pero también con disciplina: priorizando casos de uso reales, construyendo una arquitectura habilitante, formando talento, rediseñando procesos y garantizando control, trazabilidad y confianza.

El objetivo de la siguiente hoja de ruta (ver el cuadro 3) es claro: pasar de una banca reactiva, centrada en productos y procesos internos, a una banca inteligente, proactiva y centrada en los momentos del cliente, donde la IA no solo conversa, sino que percibe, razona, propone, decide y actúa, dentro de límites seguros y bajo supervisión humana.

 

hoja de ruta

 

1. Establecer una visión cognitiva y un caso de negocio verificable

Todo proceso de transformación hacia la banca cognitiva debe comenzar por una definición clara del destino. Si no existe una visión compartida de qué significa en términos prácticos, el banco corre el riesgo de iniciar múltiples proyectos inconexos, movido por urgencias tecnológicas o modas de mercado. La visión cognitiva debe describir el modelo operativo deseado: cómo se relacionará el banco con sus clientes, qué tipo de decisiones podrá automatizar, qué experiencias priorizará y cuáles serán los límites de acción de la IA.

Esta visión debe traducirse en un caso de negocio realista y medible. No se trata solo de eficiencia o reducción de costes, sino de capturar valor en tres dimensiones simultáneas: experiencia del cliente, productividad operativa y control del riesgo. Definir indicadores como coste por interacción, tiempos de resolución, niveles de satisfacción, conversión y reclamaciones evitables permite orientar el programa hacia resultados, y no solo hacia innovación.

 

2. Implementar un marco de gobernanza de la IA y del riesgo de los modelos desde el primer día

La banca cognitiva opera sobre un activo crítico: la confianza. A diferencia de otras industrias, un banco no puede permitirse modelos opacos ni automatizaciones difíciles de explicar. Por eso, la gobernanza de IA no es un complemento regulatorio posterior, sino una condición estructural del cambio.

Antes de escalar agentes o asistentes inteligentes, el banco debe establecer políticas y mecanismos de trazabilidad, auditoría y control: gestión del riesgo de modelos, criterios de explicabilidad, tratamiento de sesgos, control de prompts y outputs, monitoreo continuo, resguardo de privacidad y procedimientos formales de intervención humana. La banca cognitiva exige adoptar un principio rector: la IA puede operar, pero el banco debe gobernar. Solo así la automatización se vuelve escalable y aceptable tanto para el cliente como para el regulador.

 

3. Construir una arquitectura habilitante: API, seguridad y capacidad de acción

El paso clave para pasar de la conversación a la acción es la arquitectura. Muchos bancos incorporarán IA generativa como capa de interfaz; sin embargo, la banca cognitiva requiere algo más profundo: habilitar una infraestructura para que la inteligencia no solo “responda”, sino que también pueda ejecutar operaciones reales bajo permisos, políticas y trazabilidad.

Esto implica avanzar hacia un modelo donde las capacidades del banco se vuelvan consumibles a través de diferentes API y servicios orquestables, y donde exista un control granular de la identidad, el acceso y las políticas. Asimismo, requiere establecer prácticas de industrialización: observabilidad, monitorización del comportamiento, calidad de respuestas y operación continua de modelos. Sin estos fundamentos, la IA se limita a ser un canal sofisticado; con ellos, se convierte en un componente real del negocio.

El escalamiento requiere una gobernanza fuerte, inversión en las API necesarias, entrenamiento del personal, optimización de los modelos y evolución de la arquitectura. Se trata de avanzar de forma segura, controlada y con métricas claras: experiencia del cliente, eficiencia, reducción de tiempos, NPS, resolución en el primer contacto y disminución de la fricción.

 

4. Desarrollar agentes que sean productos mínimos viables de alto impacto y bajo riesgo (pruebas piloto que dejen capacidades instaladas)

En banca cognitiva, la forma correcta de comenzar es con casos de uso concretos, pero bien elegidos. No se trata de “hacer un chatbot”, sino de lanzar agentes como productos mínimos viables (MVP) que entreguen valor real en plazos cortos y hagan posible el aprendizaje institucional.

Una estrategia efectiva consiste en empezar con agentes en áreas de alto volumen y bajo riesgo: resolución de consultas operativas, asistencia transaccional, reclamaciones simples, seguimiento de estados o alertas preventivas. En paralelo, se pueden desarrollar agentes de soporte interno con impacto inmediato: lectura y síntesis documental, clasificación de tiques, generación de respuestas sugeridas, automatización de reportes… Estos MVP deben ser medidos y monitorizados desde el inicio: adopción, precisión, satisfacción, reducción de tiempos y tasa de escalamiento a humano. El valor de esta etapa es doble: mejora tangible y construcción de experiencia operativa que permita escalar.

El camino continúa con prototipos concretos: pequeños agentes especializados que resuelvan problemas reales y medibles. Pueden enfocarse en alertas inteligentes, planificación simple, automatización documental o asesoramiento básico. Lo importante es obtener evidencia temprana y aprender del comportamiento del cliente.

 

5. Transformar la cultura y el talento: del colaborador transaccional al profesional aumentado

La automatización cognitiva redefine el trabajo bancario. Las tareas repetitivas migran a sistemas autónomos, pero aumentan las tareas de supervisión, evaluación de excepciones, acompañamiento del cliente y control de decisiones automatizadas. El banco debe asumir explícitamente que la transición no es solo tecnológica, sino también cultural y profesional.

Esto exige importantes planes de reskilling y rediseño de roles. Surgen perfiles nuevos o fortalecidos: supervisores de agentes cognitivos, responsables de IA, diseñadores de experiencia conversacional, auditores de modelos, traductores de negocio-datos-riesgo y líderes de control de automatización.

Al mismo tiempo, la cultura debe abandonar la lógica de la aprobación jerárquica y adoptar una toma de decisiones basada en la evidencia: métricas, experimentación controlada y aprendizaje continuo. La banca cognitiva no se sostiene sin un cambio profundo en los valores y los comportamientos.

 

6. Escalar a un modelo de operación basado en los “momentos del cliente”

El último paso es el más estratégico: convertir la banca cognitiva en el nuevo “sistema operativo” del banco. Esto implica abandonar estructuras rígidas organizadas por producto y procesos internos para evolucionar hacia equipos y células diseñados en torno a los viajes o los momentos del cliente: onboarding y activación; asistencia y resolución; crédito y alivio; ahorro y planificación, y prevención y seguridad.

Cuando el banco se organiza en base a los momentos del cliente, cada equipo se vuelve dueño del resultado end-to-end, con métricas compartidas que integran experiencia, eficiencia y riesgo. En esta etapa, la agilidad deja de ser una metodología y se convierte en un modelo industrial: mejora continua, evolución permanente de agentes, monitorización de rendimiento y actualización de decisiones automatizadas bajo control. Aquí se produce el verdadero salto: la banca deja de ser reactiva y transaccional para convertirse en proactiva, personalizada y aumentada.

Convertirse en un banco cognitivo no solo requiere adoptar herramientas de IA, sino también construir una institución capaz de aprender y operar con inteligencia en condiciones reales: con control, trazabilidad, talento preparado y arquitectura habilitante. Los bancos que sigan esta hoja de ruta con visión, disciplina y pragmatismo reconfigurarán su rol como organizaciones financieras en un mundo donde los servicios serán cada vez más autónomos y contextuales, y estarán incrustados en la vida cotidiana del cliente.

 

¿Puede un banco escuchar y actuar a la vez?

La IA agentiva hace posible algo que parecía imposible: un banco capaz de conversar, escuchar y actuar a la vez; un banco que acompaña, previene, asesora y se relaciona con cada persona como un verdadero socio financiero.

Este modelo redefine la confianza. La conversación vuelve al centro, no como una función de servicio, sino como un puente para construir una relación significativa. La responsabilidad ética es enorme: humanizar la IA sin perder el alma del servicio bancario, preservar la autonomía del cliente, evitar los sesgos y garantizar la transparencia.

La banca cognitiva no es un destino lejano, sino un proceso en marcha que determinará qué entidades serán relevantes en la próxima década. Los bancos que integren tecnología, talento y cultura bajo una visión centrada en el cliente tendrán la oportunidad de liderar. Los demás corren el riesgo de quedar atrapados en modelos que ya no responden al mundo moderno.

 

“Banca cognitiva: la revolución en los servicios financieros impulsada por la IA”,
Harvard Deusto © MG Agnesi Training, S.L.

Gustavo Díaz

Profesor en OBS Business School e investigador en INESDI Business Techschool ·

Especialista en Transformación Digital, Agilidad Organizacional y Estrategia de IT. Se ha formado en la Universidad de Barcelona España como Master en Digital Business Management, es Master en Transformación Digital por OBS Business School de Barcelona, España y MBA por la Universidad de Buenos Aires; se ha diplomado en Tecnología Financiera en Harvard, Estados Unidos, en Innovación Estratégica en ESADE España y en Metodologías Agiles en ITBA, Buenos Aires, Argentina; es Licenciado en Informática por la Universidad Argentina de la Empresa.

Tiene más de 20 años de experiencia en el mercado de las Tecnologías de la Información, ha liderado áreas de Gestión Estratégica de Sistemas en Banca y ha sido CIO en uno de los Bancos más relevantes de su país. Ha sido consultor para Naciones Unidas y el Banco Interamericano de Desarrollo BID. Actualmente es Gerente en Banco de la Provincia de Buenos Aires, Argentina.

Profesor de Liderazgo y Gestión del Cambio en la Maestría en Transformación Digital y Desarrollo de Negocio en OBS Universidad de Barcelona de España; es profesor en la Maestría de Digital Banking and FinTech de Panamerican Business School, Profesor del Posgrado de Economía y Finanzas Digitales Universidad de Buenos Aires, ha sido Profesor de Maestría en Gestión Estratégica de Sistemas y Tecnología y la Maestría en Seguridad Informática en la Universidad de Buenos Aires; ha sido Profesor Adjunto por concurso en la Universidad de Buenos Aires.

Posee certificaciones en SAFe 4 Scaled Agile en Madrid, España; se ha certificado en Scrum Master SCM, Product Owner CSPO y Certified Agile Leadership CAL en la Scrum Alliance.

Ha sido conferencista en el IT Forum Financiero, Buenos Aires; Participante del Panel de CIOs en el Congreso Anual AMBA, Buenos Aires; Panelista en Jornadas de Gobierno Abierto en Buenos Aires. Ha participado en diversos congresos, conferencias y reuniones de intercambio en España, Argentina, Australia, Estados Unidos y Alemania. Forma parte de la Comisión Directiva de la Asociación de Marketing Bancario Argentino.

Investigador Principal del Think Digital Report 2021 (Barómetro sobre la Transformación Digital en las Empresas de España y Latinoamérica) de Three Points – The School for Digital Business, Barcelona, España.

Autor de Las seis dimensiones de la Digital en las empresas”, Harvard Deusto Business Review, Junio 2022.

Es Coordinador del Ciclo de Charlas en la Asociación de Marketing Bancario Argentino.

 

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Gabriel Szlaifsztein

Consultor internacional en servicios de tecnología para banca ·

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