El directivo humanista ante las transformaciones tecnológicas del siglo XXI

El directivo humanista ante las transformaciones tecnológicas del siglo XXI El directivo humanista ante las transformaciones tecnológicas del siglo XXI

¿Cómo se puede extraer ventaja de las posibilidades tecnológicas que nos rodean para tomar decisiones estratégicas? ¿Qué puede aportar el humanismo como patrón organizativo y como guía para el razonamiento y la adopción de valores a la cultura corporativa de una empresa y a sus directivos?

La capacidad para diseñar y fabricar herramientas que supongan el inicio de una tecnología o ingeniería está considerada como uno de los factores de diferenciación evolutiva para cualquier especie. Sin embargo, el proceso único que eleva al Homo sapiens sobre el resto de antepasados y competidores en la naturaleza es su facultad para desarrollar el entendimiento y el aprendizaje de los demás congéneres. Es decir, el salto cualitativo de la condición humana no solo lo genera la mentalidad colectiva que posibilita el descubrimiento y la fabricación de un determinado dispositivo, sino el modo en que este último queda introducido en todos los niveles de la cultura de una sociedad. Un proceso donde quien lo originó es capaz de transmitir cómo lo ha hecho, para qué sirve y cuál es su funcionamiento, y nos anticipa en qué nos cambiará. Se construye así un legado cultural que irá propagándose dentro de un ciclo de recurrencia, mejora y obsolescencia, generación tras generación.

Los efectos de la mayoría de las revoluciones tecnológicas (y, en concreto, los de aquellas que tienen que ver con los medios de información y comunicación, que son los que representan el centro neurálgico de la transformación digital de nuestro tiempo) suelen regularse por dos leyes fundamentales:

La ley de la expansión. Una tecnología es capaz de potenciar una gama de sensaciones y percepciones que extienden la conciencia y el cuerpo de una persona a la hora de conectar y relacionarse con su entorno (produciéndose una coevolución de ambos). Una tecnología tiene el poder de provocar transformaciones sobre nuestras facultades intelectuales y sentidos.

La ley de la atrofia. Toda tecnología, a la vez que extiende o potencia un sentido o una facultad, atrofia o hace obsoletos otros que se utilizaban anteriormente. Por lo tanto, toda extensión implica una disminución o limitación. Dicho de otro modo, las capacidades adquiridas o que han sido mejoradas mediante una herramienta extensiva terminan por atrofiar otras capacidades que aportaban valor y utilidad.

Teniendo estas leyes como referencia, actualmente, una de las grandes incógnitas que preocupa a instituciones y empresas por igual es resolver la incertidumbre de si la tecnología (y su poder de impacto e influencia), en vez de mejorar la calidad civilizatoria de los estados, la competitividad de las organizaciones y la conducta ética de quien habita en ambos espaci...


Alberto González Pascual

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Director de Transformación, Formación y Talento del área de RR. HH. de PRISA y profesor de Cultura Organizacional y Humanismo en el Centro Universitario Villanueva de Madrid y en la Escuela de Organización Industrial