El directivo humanista ante las transformaciones tecnológicas del siglo XXI

El directivo humanista ante las transformaciones tecnológicas del siglo XXI El directivo humanista ante las transformaciones tecnológicas del siglo XXI

¿Cómo se puede extraer ventaja de las posibilidades tecnológicas que nos rodean para tomar decisiones estratégicas? ¿Qué puede aportar el humanismo como patrón organizativo y como guía para el razonamiento y la adopción de valores a la cultura corporativa de una empresa y a sus directivos?

 

La recuperación de la humanitas para perfeccionar la mentalidad del directivo posindustrial en el desarrollo y la gestión de los estados no financieros y la responsabilidad social corporativa tendría lugar basándose en los siguientes criterios:

a) El equilibrio entre lo sensual y lo práctico. Hay que buscar una regulación entre el principio de imitar la naturaleza fielmente (la generalización de fórmulas para solucionar problemas solo se admitirá si se corresponden útilmente con cada objeto o para cada caso específico del mundo real) y el principio del realismo expresivo (poner el foco en detalles o situaciones que se quieren exaltar o prodigar). Tal extrapolación sobre la mentalidad del directivo queda soldada cuando este pasa a gestionar su cometido desde un principio sensualista (en el que las sensaciones serían herramientas de indagación válidas), pero equilibrado complementariamente con la lógica del empirismo (el dato puro y demostrativo). La interacción entre ambas formas de captar la realidad permitiría desarrollar una conciencia práctica sobre lo que está más allá de la causalidad lineal, de lo inmediato y aparente. El resultado sería que las decisiones quedarían conectadas y compensadas recíprocamente a varios niveles de análisis funcional (niveles económico, normativo, tecnológico, comunicativo, estético, social y ético), sin supeditaciones ni sesgos entre ellos, sino como un total agregado.

b) El valor de la teoría sobre la ejecución. El humanista, en el Renacimiento, incorporó por primera vez la búsqueda de la precisión y fidelidad al objeto tal cual es por medio de dos desarrollos competenciales. El primero se puede expresar como la habilidad material, manual o técnica para ejecutar una tarea o un oficio (el dominio del “Brauch”). El segundo tiene que ver con el intelecto necesario para hacer una indagación teórica sobre una materia o tema (el “Kunst”). Adquirir y poseer este Kunst vendría a ser el factor crítico para que un directivo sea capaz de desarrollar una idea creativa (anudada a una cultura rica y al placer por la investigación), mientras que el Brauch sería el paso que le permitiría tanto la inspiración inicial para intuir el destello como la conversión de dicha idea en un resultado de innovación tangible (un ejemplo sería el hallazgo de la perspectiva, unificando las matemáticas, la óptica y la pintura en un nuevo nivel de representación). La lección que yace aquí es el truco de descomp...


Alberto González Pascual

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Director de Transformación, Formación y Talento del área de RR. HH. de PRISA y profesor de Cultura Organizacional y Humanismo en el Centro Universitario Villanueva de Madrid y en la Escuela de Organización Industrial