En primera persona: Alex Torras
En Primera Persona
HD
Harvard Deusto
Business Review (Núm. 366) · TIC · Mayo 2026
Graduado en Gestión y Administración de Empresas por Esade y con un máster en Procesos Creativos por Elisava, Alex Torras lleva más de una década trabajando en la intersección de la tecnología y la educación superior. Fundó Unifit con una convicción clara: el sector universitario no tenía un problema de herramientas, sino de enfoque. Hoy utilizan su plataforma más de sesenta y cinco instituciones y más de cuatrocientos cincuenta mil usuarios, generando millones de interacciones diarias. Se trata de un observatorio privilegiado desde el que lleva años analizando uno de los grandes retos de la educación superior: cómo construir una relación real, sostenida y que aporte valor al estudiante en un entorno cada vez más competitivo y global.
Una paradoja incómoda
Durante años, el sector universitario ha abordado la transformación digital desde una lógica funcional: implementar sistemas, optimizar procesos, incorporar nuevas herramientas. Sin embargo, en ese camino se ha producido una paradoja evidente: cuanto más digital es la universidad, más fragmentada y distante es la experiencia del estudiante.
Esta es, en opinión de Torras, una de las grandes tensiones del sector hoy: “Las instituciones han construido ecosistemas tecnológicos complejos, con CRM, LMS, ERP, apps y plataformas externas que funcionan correctamente de forma individual, pero que no están diseñados para construir una relación coherente con el estudiante. El resultado es una experiencia dispersa, poco personalizada y difícil de gestionar internamente”.
Según el fundador de Unifit, esto genera tres efectos críticos que muchas veces se subestiman: “pérdida de engagement real, dificultad interna de gestión e incapacidad de personalización”. El sistema está construido para gestionar procesos, no para construir vínculos. Y como este experto advierte: “El estudiante no vive procesos, vive una relación, y esa relación en muchos casos está debilitada”.
Hoy, en un contexto donde la competencia entre instituciones es global y la retención es crítica, esa relación se ha convertido en un activo clave. Y ahí es donde Unifit ha evolucionado: de una solución táctica a una plataforma que aspira a ser “la infraestructura global de engagement en las universidades”.
El cambio de paradigma: de procesos a relaciones
En los últimos años hemos empezado a ver un cambio estructural en cómo las universidades entienden su propio rol. Tradicionalmente, la relación con el estudiante estaba acotada en el tiempo: comenzaba en la admisión y terminaba, en gran medida, con la graduación. Pero hoy eso ya no es así.
La relación empieza antes –en la fase de captación– y continúa mucho después –en alumni, empleabilidad, comunidad–. En esa relación continuada, el modelo operativo cambia completamente: “Las universidades han digitalizado procesos, no han diseñado relaciones. Y no se trata de gestionar interacciones puntuales, sino de construir una relación sostenida, relevante y personalizada a lo largo del tiempo”, afirma Torras.
Este cambio está dando lugar a una nueva categoría en el sector: plataformas de gestión de la relación con el estudiante. “No es un CRM. No es un LMS. No es una app. Es una capa superior que conecta todos los sistemas existentes y orquesta la experiencia del estudiante de forma unificada. Ese es el espacio en el que estamos construyendo Unifit”, explica el fundador de esa compañía.
Durante años se ha hablado del dato como el “nuevo petróleo”. Las universidades tienen información académica, social, administrativa, comportamental…, pero está dispersa en sistemas que no se comunican entre sí, lo cual “limita enormemente la capacidad de generar valor”, según Alex Torras. El verdadero cambio ocurre “cuando el dato deja de ser estático y pasa a ser operativo, cuando permite entender al estudiante en profundidad, personalizar la experiencia en tiempo real y anticipar comportamientos y necesidades”.
La inteligencia artificial acelera este proceso, pero no lo sustituye, en opinión de Torras: “Sin una estructura de datos coherente, la IA no es más que una capa superficial. Por eso, el reto no es implementar IA. El reto es construir sistemas que permitan que la IA tenga sentido”.
Del ‘engagement’ superficial a un vínculo real
Uno de los grandes errores del sector ha sido confundir actividad con engagement. Sin embargo, como advierte el fundador de Unifit: “Más comunicaciones no implican más conexión; más funcionalidades no implican más valor... El engagement real tiene que ver con la calidad de la relación, no con la cantidad de interacciones”.
De ahí la necesidad de pasar “de consumo pasivo a participación activa, de comunicación masiva a personalización, de experiencia transaccional a experiencia emocional, lo cual exige repensar completamente cómo se diseñan los puntos de contacto con el estudiante, no como outputs operativos, sino como momentos de relación”.
El reto de escalar en este entorno es real, ya que cada universidad tiene su propia estructura, sistemas y equilibrios internos. Por eso, Torras destaca que “construir una plataforma suficientemente flexible para adaptarse a cada institución, pero suficientemente estandarizada para escalar de forma eficiente, ha sido el reto central de los últimos años”. Y añade que “cuando Unifit entra en una institución, el proyecto se vuelve estratégico casi de forma inevitable porque la plataforma es transversal: no aterriza en un único departamento, sino que conecta marketing, admisiones, secretaría, alumni, servicios al estudiante, comunicación...; departamentos que en muchos casos no habían tenido que trabajar de forma orquestada”.
Cuando eso ocurre, empiezan a aflorar cosas: “fricciones entre áreas que nadie había tenido que resolver porque nunca habían necesitado coordinarse; procesos que funcionaban en silos, pero que, al ponerse en común, revelan incoherencias; decisiones de gobernanza que no estaban claras…”. La tecnología actúa, sin quererlo, como espejo organizativo.
Esto tiene una lectura que puede parecer incómoda, pero que, en realidad, es una de las mayores oportunidades del proceso, según Torras: “Lo peor que te puede pasar implantando Unifit es que salgan a la superficie evidencias de lo que no está funcionando bien. Y eso, lejos de ser un problema, es la condición para mejorarlo. No existe transformación real sin ese momento de visibilidad”.
El cambio implica tecnología, sí. Pero también gobernanza, procesos y, sobre todo, personas. “Cuando hay alguien dentro
de la institución con visión estratégica, capacidad de orquestar equipos distintos y disposición a mirar de frente lo que no funciona, el impacto es transformador”, sentencia el director de Unifit.
Una nueva ventaja competitiva
Todo indica que el sector universitario va a experimentar una transformación profunda en cómo se define la ventaja competitiva. A los pilares tradicionales –reputación académica, oferta formativa y posicionamiento de marca– se sumará uno nuevo, según Torras: “la capacidad de construir relaciones”. En un entorno donde el acceso al contenido es global y abierto, la experiencia es el elemento más diferencial. Y eso no es un cambio tecnológico, sino de mentalidad: “Las universidades que entiendan que la relación con el estudiante no es un resultado del modelo, sino su núcleo, liderarán la próxima década”, sentencia el director de Unifit.
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