Las empresas no compiten solo por producto o servicio, también lo hacen por ecosistema. Y este se decide cada vez más en función del municipio donde se encuentran. Este artículo aporta una metodología que permite comparar municipios de cara a decidir cuáles son los lugares idóneos para expandirse o invertir.
¿En qué municipio invertir? Guía para evaluar su atractivo empresarial
Business Review (Núm. 367) · Estrategia · Junio 2026
Durante años, la conversación sobre competitividad se movió entre dos polos: país (marco regulatorio y macroeconomía) y empresa (estrategia y ejecución). Sin embargo, la práctica directiva revela una evidencia incómoda: en un mismo país, con reglas generales similares, algunos municipios aceleran su prosperidad, mientras que otros se estancan. La diferencia rara vez se explica solo por infraestructuras o localización. En la mayoría de los casos, la clave se encuentra en cómo interactúan la cultura cívico-productiva, el tejido empresarial y la gobernanza local.
Para un comité de inversión, una dirección de expansión o un consejo que decide dónde ubicar la actividad empresarial, el municipio se ha convertido en una variable estratégica: condiciona costes de transacción, velocidad administrativa, acceso real a talento, estabilidad social, reputación territorial y facilidad para operar.
Se trata del nivel donde se materializa la fricción (o la fluidez) entre empresa, ciudadanía e instituciones. Y eso determina la velocidad del crecimiento y la resiliencia ante disrupciones. De hecho, la pregunta relevante ya no es “¿Qué municipio ofrece más incentivos?”, sino “¿Qué municipio convierte mejor los recursos en resultados sostenibles?”.
El triángulo del virtuosismo municipal
El desempeño superior de un territorio emerge cuando tres vértices se refuerzan mutuamente, formando lo que denominamos el triángulo del virtuosismo municipal: cultura productiva, ecosistema empresarial y gobernanza adaptativa. No es una lista de cualidades, sino un mecanismo. Cuando el triángulo está completo, el municipio tiende a generar un ciclo autorreforzado de reputación, emprendimiento, inversión, empleo, calidad institucional y cohesión social. Cuando falta un vértice, aparecen fricciones, desde burocracia a fuga de talento o una economía dependiente.
1. Cultura productiva: la infraestructura invisible
En clave ejecutiva, se mide por su efecto –cuánto reduce las fricciones–. Un territorio con una cultura productiva fuerte facilita la cooperación estable entre empresas, administración y sociedad: menos litigios, menor incertidumbre, reglas tácitas compartidas, reputación y orgullo de pertenencia. Se traduce en dos variables críticas para cualquier director general: menores costes de coordinación (internos y con terceros) y una mayor confianza operativa y velocidad de ejecución.
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Edgar Nolla
Profesor en la Universitat Abat Oliba y la Universitat de Girona ·
José Daniel Barquero
Catedrático de Economía y Empresa en la Universitat Oberta La Salle y académico de número de la RACEF y la RAED ·
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