La fábrica de camisas: Confección a medida en la era digital

Casos prácticos

La fábrica de camisas: Confección a medida en la era digital La fábrica de camisas: Confección a medida en la era digital

La confección a medida es un ámbito en el que el cuidado del producto y la atención personalizada marcan la diferencia. Empresas como Langa, todo un clásico madrileño; Brooks Brothers, la firma masculina más longeva de EE. UU.; Burgos, Jajoan o De Grado constituyen firmas de referencia en un sector cuya evolución consiste en preservar la tradición. En este contexto resulta difícil imaginar cómo una empresa puede plantearse la incorporación en él desde una perspectiva novedosa y actualizada. Sin embargo, así lo hizo La Fábrica de Camisas.

PUNTO DE PARTIDA

Esta empresa comenzó su andadura en el negocio de la camisería –en concreto, en la confección de camisas a medida– en el año 2012 en Madrid, de la mano de Emilio Colomina, un consultor de éxito que lo dejó todo en uno de los grandes grupos internacionales para abordar sus primeros pasos en los negocios, poniendo en marcha uno propio en plena crisis. Hoy, sus prendas a medida se han posicionado entre lo más granado del mundo empresarial y han logrado situarse entre las más codiciadas por mayores y jóvenes. De hecho, la Asociación de Nuevos y Jóvenes Diseñadores Españoles (Ande) distinguió a la compañía con el Premio Nacional de Moda a la Excelencia Empresarial, PRENAMO 2017, en la modalidad de moda en el “vestir masculino”. Asimismo, cerró 2018 con una facturación de 1,2 millones de euros entre la venta online, la tienda física y la venta mayorista.

¿Cuáles han sido sus bazas? Desde el inicio, la firma pone sobre la mesa la novedad de su planteamiento: la atención se dirige, no tanto hacia el producto, sino hacia el cliente y las exigencias del mercado. El producto se define como “camisas de confección a medida a precio razonable para su utilización diaria en el vestuario de los hombres de negocios”. Esta definición es una declaración de principios que no deja lugar a dudas, puesto que dibuja la imagen de un cliente que, en la sombra, sirve como patrón y referencia de la empresa, tanto en la definición de sus objetivos como en la delimitación de sus actividades. El objetivo es claro: ofrecer al mercado un producto de calidad a un precio asequible que le permita ampliar el mercado de referencia.

Se pone el foco en un elemento clave, que no es otro que el mercado. Desde la perspectiva tradicional del negocio, el mercado está limitado a un público selecto que valora la confección a medida y que está dispuesto a asumir el precio alto que, sin duda, exige la ...


María Valle Santos

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Profesora de Dirección de Empresas en la Universidad de Valladolid