No hay guerra de talento, hay talentos invisibles

No hay guerra de talento, hay talentos invisibles No hay guerra de talento, hay talentos invisibles
Management & Innovation (Núm. 44) · Recursos humanos

La “guerra por el talento” es uno de los retos más importantes a los que se enfrentan la gran mayoría de las empresas por la aparente escasez de auténtico talento. La realidad es que esta guerra es un espejismo: el talento existe, y de sobra. El problema no es que falte, sino la incapacidad para verlo y potenciarlo

Actualmente, la sociedad divide a las personas en dos grupos distintos: las neurotípicas y las neurodivergentes. Se define como neurotípicas a las personas sin ninguna alteración en el neurodesarrollo, a las que representan la “normalidad”. Las neurodivergentes son definidas como personas que presentan diferencias en el neurodesarrollo, como pueden ser trastorno del espectro autista, Asperger, TDAH, dislexia, dispraxia, discalculia…, y representan lo “diverso”.

Según la organización ADHD Aware, se estima que, actualmente, más del 30% de la población es neurodivergente. Si extrapolamos estos datos a la empresa, más del 30% de los empleados probablemente también lo sea. Ya solo por esta razón, por su incidencia, la neurodiversidad representa una fuente de talento accesible y prácticamente inagotable para cualquier compañía, institución u organización gubernamental. Una gran oportunidad. Pero, tal y como está definida, presentada y gestionada la neurodiversidad hoy en día, esa oportunidad se pierde casi siempre. Hay tres razones básicas por las que ello ocurre:

1. La propia definición de neurodiversidad. Una definición que lleva implícita la separación entre grupo “neurotípico”, o “normal” (el de los alineados con las expectativas de normas sociales), y grupo “neurodivergente”, o “divergente” (y, por lo tanto, inadaptado a las normas sociales).

Para acceder a las oportunidades y el talento de este último grupo, es necesario, primero, replantear la propia acepción de “neurodivergente”, que confirma la separación de los dos tipos de personas, y pasar a una denominación que los unifique en un único grupo, que podríamos denominar “neuromúltiple” (ver el cuadro 1).

 

 

Entender que todas las formas de neurodesarrollo son legítimas es el primer paso hacia la comprensión y aprovechamiento de ese talento múltiple. Posicionar todos los grupos al mismo nivel permite a los hasta ahora clasificados como “neurodivergentes” tener conciencia de su propio talento y que este florezca. El foco se centra en revisitar un sistema que resulta inadecuado a la neuromultiplicidad y abandonar la convicción de que los perfiles “divergentes” son inadaptados y tienen poco que aportar.

 

2. Los códigos de conductas sociales y las reglas de comportamiento dictadas y aceptadas por la mayoría de la sociedad. A lo largo de la vida aprendemos la forma considerada “normal” y...


Amel Tahar

Fundadora de Bluum ·

Anna Colomés

Associate de Bluum ·