La inteligencia artificial se ha convertido en un factor central de la transformación económica y organizativa. Sin embargo, su impacto no puede entenderse únicamente en términos de eficiencia o automatización. Este artículo analiza cómo la IA interactúa con la cultura organizativa, entendida como capital social, y por qué las habilidades humanas, la toma de decisiones y los valores compartidos siguen siendo determinantes para la competitividad y el valor de las empresas.
El factor oculto de la competitividad en la era de la IA
Business Review (Núm. 369) · Tecnología · Septiembre 2026
Como concluye un informe del Foro Económico Mundial, el cambio tecnológico, y en particular la inteligencia artificial, será el principal factor de transformación del trabajo en los próximos años1. La IA ya forma parte de la realidad cotidiana de las organizaciones, automatizando tareas, acelerando procesos y redefiniendo múltiples ocupaciones.
Sin embargo, este informe también subraya un aspecto que a menudo queda en segundo plano: el avance tecnológico no reduce la importancia de las personas, sino que la redefine. A medida que las tareas rutinarias y fácilmente estandarizables se automatizan, aumenta el valor económico y organizativo de las habilidades humanas. Así, el pensamiento analítico, la capacidad de aprendizaje continuo, la adaptación al cambio, la creatividad y el liderazgo se convierten en factores críticos para la empleabilidad y la competitividad.
La tecnología amplía las capacidades humanas, pero no sustituye el juicio, la interpretación ni la comprensión social. El verdadero desafío económico y organizativo consistirá, por tanto, en articular una combinación eficaz entre tecnologías avanzadas y capacidades humanas. De esa composición dependerá tanto la productividad de las empresas como la calidad del empleo que se genere.
Mayor competitividad
La revolución digital persigue un objetivo clásico: aumentar la productividad. La evidencia disponible indica que, poco a poco, lo está consiguiendo. Por ejemplo, un artículo firmado por Erik Brynjolfsson, Danielle Li y Lindsey Raymond analiza la introducción de un asistente de IA generativa en el trabajo diario de miles de agentes de atención al cliente, e indica que la productividad laboral aumentó alrededor de un 15 %, medida en número de casos resueltos por hora2.
El efecto fue especialmente intenso entre los trabajadores menos experimentados, lo cual sugeriría, según los autores, que la IA actúa como un “igualador de habilidades”, al acelerar el aprendizaje y reducir brechas internas, sin sustituir a los empleados. Asimismo, su investigación subraya que la IA genera más valor cuando complementa el trabajo humano, en lugar de automatizarlo por completo.
Otra investigación que examina datos de empresas industriales y de servicios alemanas también señala que las compañías que adoptan tecnologías de IA registran niveles más altos de productividad laboral3. Los autores advierten, sin embargo, que los beneficios no...
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Josep M. Sayeras
Profesor titular del Departamento de Economía, Finanzas y Contabilidad en Esade ·
Ignacio Serrano
Profesor titular del Departamento de Dirección de Personas y Organización en Esade ·
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