El mundo nos está dando una oportunidad

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El mundo nos está dando una oportunidad El mundo nos está dando una oportunidad

Hemos dejado de vivir en un mundo VUCA para hacerlo en uno BANI: brittle (frágil), anxious (ansioso), non-linear (no lineal) e incomprehensible (incomprensible). Así explica Jamais Cascio el mundo en que nos encontramos.

Ante la fragilidad de las estructuras conocidas, la ansiedad de las personas, la complejidad de los sistemas y la incomprensión de lo que ocurre, debemos reinventarnos. Una posibilidad sería construirnos como sistemas o personas antifrágiles, que den valor a la incertidumbre, se enamoren del azar e incluyan la sorpresa como disparador para la creatividad.

Los sistemas "robustos" son, precisamente por su robustez, los que más pueden quebrarse, como postula Nassim Taleb. El concepto de antifrágil supone construirnos como personas o sociedades que incluyan la posibilidad de lo aleatorio en sus vidas. Nos invita a contar de antemano con el azar y la sorpresa, ya que dan paso a una enorme creatividad. Gracias a ella podemos dar un salto cuántico en nuestras vidas.

Sería como un junco que se dobla hasta el extremo y no se rompe. ¿Cómo pueden las empresas o los sistemas construirse desde esta idea?

1. Evitar un único punto de apalancamiento que, en caso de rotura, desarme todo el sistema. Los mini-equipos de proyecto y el trabajo con las metodologías ágiles son ejemplos de estos nuevos tipos de sistemas.

2. Evitar las altas concentraciones de poder. Cuando concentramos el poder, dejamos de tener un pensamiento abarcativo y cooperativo, y nos esforzamos más en defender nuestros intereses como individuos que como sociedad.

Estamos ansiosos porque queremos no equivocarnos. Vivimos en ansiedad, tomamos más aire del que nos hace falta e hiperventilamos. La búsqueda obsesiva de información para intentar entender lo que pasa me hace pensar en el mismo efecto: inspirar más de lo necesario. Nos llenamos de datos para encontrar una salida, una interpretación acerca de lo que pasa que dé sentido a lo que hacemos. Queremos tener la interpretación correcta de las cosas para tomar la decisión más adecuada.

En mi opinión, no existe la interpretación correcta de los hechos; solo hay una interpretación que me es propia, y, por tanto, me hago responsable de ella. El trabajo es buscar una explicación que nos dé poder, que nos invite a desplegar nuestras alas, sin importar si es la interpretación más adecuada. Damos por descontado que nos vamos a equivocar y que vamos a rectificar el camino tantas veces como sea necesario hasta lograr el resultado esperado.

También nos genera ansiedad pensar que el éxito está solo ligado a la meritocracia. Como dice Byung-Chul Han, hemos pasado de cumplir órdenes de otros a ser nosotros mismos quienes nos las damos. La exigencia pasa a ser mucho mayor, y nos extenuamos hasta el cansancio. Pensamos que somos el único dueño de nuestros resultados y nuestra vida. La persona que se considera exitosa, lo es gracias a muchas otras personas que han aportado valor para que hoy pueda disfrutar de ese éxito (dinero, libertad, empresa, poder, etc.).

Siempre supimos que, en los sistemas complejos, la causa y el efecto no están necesariamente alineados en el tiempo. La no predictibilidad nos llena de incertidumbre. A la vez, es una suerte que sea así, porque da lugar a nuevos paradigmas, a imaginar nuevos escenarios y a suponer que, tal vez, una acción imprevista cambie el rumbo de las cosas para bien.

Nos movemos en un sistema “caórdico” (un caos que pide a gritos un nuevo orden), y tenemos que accionar sin la comodidad de las certezas. Accionamos sin saber, incluso a veces sin entender, o yendo en contra de nuestras propias interpretaciones.

Aprovechemos esta oportunidad para ser mejores, para entender que las cosas son complejas. No podemos anticipar, ni controlar, el futuro cuando operamos con sistemas complejos que interaccionan entre sí. Pero podemos no aislarnos, y diseñar futuros con otros desde la flexibilidad y el dinamismo que resulta de la realidad que nos toca vivir. Podemos hacerlo. Quedó demostrado con el gran logro de la comunidad científica: una vacuna en diez meses. 

La COVID-19 nos ha enseñado que estamos todos interconectados, que lo que uno hace impacta a kilómetros de distancia. ¿Qué nos falta para ver esta profunda interconexión y accionar en consecuencia? Este baño de realidad nos hará crecer como sociedad si somos capaces de incluir al otro en cada acción, en cada nueva ley, en cada propósito, y lo hace cada individuo, familia, empresa o sociedad.

Silvia Guarnieri

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Socia fundadora de Escuela Europea de Coaching