En primera persona: María Cudeiro
En Primera Persona
HD
Harvard Deusto
Business Review (Núm. 363) · Habilidades directivas · Febrero 2026
Farmacéutica y con más de veintidós años de experiencia en el sector de la medicina estética, María Cudeiro ha liderado el crecimiento y posicionamiento de diferentes marcas referentes del sector. Su formación en la London School of Economics y el compromiso con el liderazgo femenino han marcado su trayectoria profesional y su labor como impulsora de redes de apoyo entre mujeres. La directiva concibe el autoliderazgo como la base imprescindible de cualquier gestión de equipos. A lo largo de su carrera ha ido madurando esta idea gracias a su ejercicio profesional, pero también al estudio de autores referentes del pensamiento directivo y el desarrollo personal, como Jordan Peterson, Peter Drucker, Daniel Goleman o Malcolm Gladwell.
Para Cudeiro, liderarse implica, ante todo, un profundo autoconocimiento: “Solo desde el autoconocimiento se puede liderar de verdad”. De ahí la importancia que otorga al feedback continuo (horizontal y vertical, incluso anónimo) y a una cultura de transparencia absoluta, convencida de que la confianza es el principal activo de los equipos.
Su manera de liderar está orientada al propósito: vender más, sí, pero de forma sostenible y ética, colocando siempre a las personas en el centro. Y el hecho de “criarse” en la industria farmacéutica le hace contar con una sólida base científica, una de sus mayores fortalezas, lo cual le ha permitido entender el producto en profundidad y colaborar de forma honesta con los profesionales sanitarios.
En un entorno cambiante y sin certezas, marcado por la digitalización y el auge de las redes sociales, esta ejecutiva subraya la oportunidad actual para divulgar conocimiento contrastado y veraz: “Hay que perder el miedo a comunicar, pues muchos profesionales pueden aportar gran valor desde su experiencia”, recalca.
Datos, intuición y humildad
“Las decisiones –explica– deben apoyarse en datos y tendencias, pero también en la intuición, entendida como una forma de inteligencia basada en la experiencia”. En este sentido, tiene claro que “un líder debe arriesgarse”, pues asumir riesgos forma parte del rol directivo, aunque cada líder debe calibrarlos según su perfil. En su caso, trata de reducir los riesgos integrando al equipo y consultando a líderes de opinión externos, defendiendo la humildad como una cualidad esencial del liderazgo.
Ella gestiona la resiliencia de forma holística, con hábitos estrictos: deporte diario, escritura de un diario matinal y una clara conciencia de que la vida profesional, como la personal, está llena de altibajos.
Inspirada en el concepto del círculo de influencia, insiste en la necesidad de concentrar energía y tiempo solo en aquello que realmente se puede controlar. Por ello, insiste en la importancia de conocerse bien y de liderar con el ejemplo, aprovechando los momentos de mayor energía personal para las tareas clave.
A la hora de dirigir a sus equipos, considera imprescindibles “la empatía, la inteligencia emocional, la humildad, la resiliencia y la energía, que es extremadamente contagiosa”. Cree firmemente que “el estado de ánimo del líder se contagia y que el optimismo genera entornos más productivos”.
Además, saber leer las situaciones personales y profesionales de los equipos resulta clave para tomar buenas decisiones. Por eso, la sensibilidad y la escucha activa ocupan un lugar central en su visión del liderazgo actual.
Fomentar la autonomía es otro de los pilares de su estilo de gestión. Prueba de ello es que, incluso tras cambiar de compañía, pudo comprobar cómo sus antiguos equipos continuaron funcionando bien gracias a la claridad de los objetivos y al alto grado de responsabilidad que se les había otorgado. Y es que “definir metas a corto y largo plazo, medir resultados y potenciar las fortalezas individuales, especialmente el talento creativo, son factores determinantes”, explica.
La consecuencia de esta manera de hacer es un equilibrio entre negocio y bienestar: “Trabajamos por objetivos y con horarios flexibles, fomentando la autorresponsabilidad y reduciendo el número de reuniones innecesarias”.
Impulso del talento femenino
María Cudeiro advierte que siguen existiendo barreras invisibles para las mujeres, que están muy bien documentadas. De hecho, el momento de mayor proyección profesional suele coincidir con la maternidad y con una etapa vital especialmente exigente. A ello se suman condicionantes culturales y estructurales, especialmente en Europa.
Frente a esta realidad, defiende una visión de la carrera profesional como una maratón: no pasa nada por bajar el ritmo en determinados momentos si el objetivo final está claro. También señala diferencias en la forma de asumir riesgos, ya que las mujeres tienden a ser más exigentes consigo mismas antes de postularse a nuevos retos.
Para impulsar el talento femenino, apuesta decididamente por la formación continua. Aunque el tiempo sea limitado, considera fundamental aprovechar los programas diseñados para mujeres directivas y recuerda que, cuando hace años cursó su formación de alta dirección en IESE, era casi la única mujer en el aula. “Combatir el techo de cristal –añade– también exige evitar la autocomplacencia, ya que esta frena tanto el crecimiento profesional como el empresarial”.
Esta ejecutiva reconoce haber tenido pocos referentes femeninos, aunque destaca una experiencia especialmente enriquecedora junto a la directiva Belén Garijo, quien jugó un papel estratégico clave en una gran fusión del sector farmacéutico. No esconde que de ella extrajo valiosas lecciones de liderazgo y visión estratégica.
Sobre la perspectiva de género en la medicina estética, Cudeiro explica que el predominio histórico de hombres en posiciones de visibilidad se debe, en gran medida, a que fueron ellos quienes iniciaron la especialidad. “Sin embargo, hoy la presencia femenina es cada vez mayor y el equilibrio es solo cuestión de tiempo”, vaticina.
María detecta que muchas mujeres siguen demasiado condicionadas por el “qué dirán” y el miedo al error, algo que limita su desarrollo. Frente a ello, reivindica el valor del error como herramienta de aprendizaje: reconocerlo, corregirlo rápido y fomentar entornos donde asumir riesgos controlados no sea penalizado. “La formación continua –insiste– es fundamental en un mundo sin certezas. Con trabajo, constancia, esfuerzo y foco es posible llegar lejos”.
Su propia trayectoria, compatibilizando una alta responsabilidad profesional con una familia numerosa, es el resultado del apoyo recibido, del aprendizaje continuo y de no dejar nunca de salir de la zona de confort. “Y colaborar con la Fundación Pedro Jaén me ha puesto en perspectiva, igual que la suerte de haber nacido en el primer mundo”, concluye.

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