Entrevista a Michael Porter: Progreso social y liderazgo

Entrevista a Michael Porter: Progreso social y liderazgo

¿Qué es progreso social imperativo?

Hay que retrotraerse a 2009, a una reunión en uno de los Consejos de la Agenda Global del Foro Económico Mundial. Michael Bishop, de The Economist, lanzó una idea al grupo: el Foro de Davos ya había alcanzado, desde una perspectiva económica, un impacto significativo en el mundo en lo que se refiere a ayudar a los países a aumentar su PIB per cápita; ¿no debería haber también una forma de medir el progreso social? Un progreso que impulse no el PIB, sino el bienestar social.

A los participantes les encantó la idea y se formó rápidamente un grupo fundador, del que formaba parte nuestro actual presidente, Brizio Biondi- Morra. Poco tiempo después me pidieron que me “enrolara a bordo”, para dirigir el desarrollo del marco conceptual con el que se pudiera medir el progreso social y el esfuerzo de investigación.

El progreso social se ha convertido en un asunto cada vez más acuciante para quienes lideran el mundo de los negocios, los gobiernos y la sociedad civil. Desde la crisis financiera de 2008, los ciudadanos esperan cada vez más que los líderes empresariales desempeñen su papel de proporcionar no solo crecimiento económico, sino también mejoras para la vida de sus clientes y empleados, al mismo tiempo que protegen el medio ambiente.

¿Cómo define el progreso social?

La institución Progreso Social Imperativo lo define oficialmente como “La capacidad de una sociedad para satisfacer las necesidades humanas básicas de sus ciudadanos, establecer los bloques constructivos que permitan mejorar a ciudadanos y comunidades, y mantener sus respectivas calidades de vida, y crear las condiciones para que todos los individuos alcancen su máximo potencial”.

Hay una extensa literatura académica sobre todos los diferentes aspectos del progreso social, y al crear el Índice de Progreso Social (IPS) nos basamos, en gran medida, en ese trabajo, por lo que nos sentimos como si estuviéramos sobre los hombros de gigantes. Después de una versión beta en 2013, el IPS se lanzó oficialmente en 2014. Cada año se miden los elementos del progreso social de los países de todo el mundo, agrupados en tres categorías:

• NECESIDADES HUMANAS BÁSICAS (nutrición y atención médica básica; agua y saneamiento; refugio; y seguridad personal).

• FUNDAMENTOS DEL BIENESTAR (acceso a conocimientos básicos; acceso a la información y las comunicaciones; salud y bienestar; y calidad medioambiental).

OPORTUNIDADES (derechos personales; libertad y elección personal; tolerancia e inclusión; y acceso a la educación superior).

Para cada uno de los cuatro componentes de las distintas categorías hay de tres a cinco “indicadores de resultados” específicos. Es importante destacar que el IPS mide el progreso social utilizando estrictamente los resultados –no el esfuerzo que dedique un país o una comunidad–. Por ejemplo: lo que gaste un país en atención médica es mucho menos importante que la salud y el bienestar que realmente se logre en ese país, que es lo que medimos nosotros.

El IPS no solo está dirigido a empresas que busquen crear valor compartido. También está previsto que sea utilizado por el sector social, que, hasta ahora, ha estado muy fragmentado: las personas que trabajan en asuntos relacionados con el agua rara vez hablan con las personas que trabajan en educación infantil, que rara vez hablan con las personas que trabajan en el sector sanitario. Hay un sector social muy grande y activo en Estados Unidos y Canadá, pero está muy aislado, y le ha faltado un marco estratégico global para pensar en el progreso social de una manera holística.

El método tradicional de medida del progreso a nivel de país ha sido siempre el PIB per cápita. ¿Por qué decidieron, usted y sus colegas, dejarlo fuera del IPS?

Esa fue una elección estratégica muy importante para nosotros. Nadie puede discutir que el crecimiento económico ha sacado de la pobreza, en los últimos cincuenta años, a cientos de millones de personas; pero es cada vez más evidente que un modelo de desarrollo humano basado exclusivamente en el progreso económico resulta incompleto. Una sociedad que falla a la hora de atender las necesidades humanas básicas, equipar a las personas para mejorar su calidad de vida, proteger el medio ambiente y brindar oportunidades a sus ciudadanos no está teniendo éxito. El crecimiento inclusivo requiere, al mismo tiempo, progreso económico y social.

Con preocupaciones crecientes sobre la desigualdad y los límites medioambientales al crecimiento, la relación entre desarrollo económico y progreso social se ha convertido en un tema central de la agenda de los líderes. Como el IPS es el primer marco integral para medir el progreso social de forma independiente al PIB, nos permite comprender la relación entre ambos. Estamos aprendiendo que existe un ciclo de retroalimentación positivo entre el progreso económico y el progreso social. Algunos podrían llamar a esto la “teoría del chorreo” (la riqueza se filtra desde las clases más altas a las más bajas; según esta teoría, habría que dar más privilegios y favores a los más ricos para que, en el futuro, su riqueza les “chorree” a los menos favorecidos. N. del T.), que afirma que el crecimiento económico y el aumento del ingreso nacional conducen al progreso social, elevando la calidad de vida de todos los ciudadanos. Sin embargo, nuestros datos revelan que ese “chorreo” no es suficiente para garantizar el progreso social. El progreso social puede diferir en países con niveles similares de prosperidad y crecimiento económico. La relación no es automática.

También hay un ciclo de retroalimentación en la otra dirección: a no ser que un país avance hacia el progreso social –particularmente en áreas como la tolerancia, la discriminación, la calidad educativa y la mejora de la salud–, el crecimiento económico se ralentizará y los efectos se magnificarán para los ciudadanos que estén menos favorecidos. El IPS no reemplaza al PIB: es un complemento. Nuestro objetivo es un mundo en el que el progreso social se asocie al PIB como referencia central de los rendimientos nacionales.

¿Qué revela el último Índice de Progreso Social?

Los datos de 2017 revelaron algunos hallazgos clave. Primero, como ya he indicado, existe una clara relación positiva entre el IPS y el PIB per cápita. En segundo lugar, esa relación no es lineal: en los niveles de ingresos más bajos, pequeñas diferencias en el PIB pueden conducir a grandes mejoras del progreso social; pero a medida que los países van alcanzando niveles de ingresos más altos, la tasa de mejora de los ingresos y el IPS se ralentiza o, incluso, se detiene.

El mejor rendimiento en el Índice de 2017 lo protagonizó Dinamarca. Los cinco países nórdicos se encontraban en el nivel de “Progreso social muy elevado”, pero entre los que obtuvieron mejores resultados también figuraban países no nórdicos con una población más grande y diversa, como Canadá, los Países Bajos, Australia, el Reino Unido y Alemania. Canadá fue el país del G7 con un mejor rendimiento. Es importante destacar que cuatro países del G7 con una riqueza significativa –EE. UU., Japón, Francia e Italia– solo alcanzaron el segundo nivel (“Progreso social elevado”), y dos países de ingresos medios (Argentina y Costa Rica) también alcanzaron ese nivel. Entre los países BRIC, Brasil tuvo el mejor rendimiento, pero la India también mostró una mejoría notable, ascendiendo al nivel de “Progreso social medio inferior”, por delante de Pakistán y acercándose a China.

Sus datos muestran que, a nivel mundial, el progreso social está mejorando con el paso del tiempo. ¿Qué es lo que lo provoca?

La “puntuación mundial” general en el IPS ha aumentado desde 63,19 en 2014 a 64,85 en 2017, y de los 128 países que figuran en el ranking, 113 han registrado un cambio positivo en ese mismo período. Donde vemos los mayores progresos –en países como Nepal, Costa de Marfil, Bangladesh, Sierra Leona y Ghana–, se debe, a menudo, a la mejora del acceso a la información y las comunicaciones, gracias a la rápida expansión de los teléfonos móviles e Internet. Además, el acceso a la educación superior está aumentando a medida que el número de universidades de gran calidad, a nivel mundial, se amplía, y estamos viendo un progreso constante en la nutrición y la atención médica, el acceso a la educación básica y el saneamiento.

Lamentablemente, algunos países están retrocediendo. Hungría, Nicaragua y la República Centroafricana experimentaron un progreso social decreciente. De media, la tolerancia y la inclusión se han ido erosionando en muchos países, y hemos visto un lento deterioro en todo el mundo en lo que se refiere a los derechos personales individuales en los últimos tres años.

¿Cómo ha sido recibido el IPS por los líderes de los sectores público y privado?

Nuestra estrategia no era solo crear un índice, sino impulsar el cambio. Toda nuestra junta y nuestro equipo han estado activos en el empuje social y en el mundo de los negocios responsables, de forma que la capacidad de acción siempre ha sido clave. El objetivo es que los líderes de todos los países que forman parte de nuestra clasificación usen esta información para lograr un impacto positivo.

Nuestra red de socios estratégicos ahora se extiende a 44 países, en los que el IPS está motivando a los gobiernos, líderes empresariales, investigadores, organizaciones de la sociedad civil y ciudadanos a tomar medidas. Los líderes se están uniendo para preguntarse: “¿Cuán saludables son las comunidades en las que trabajamos y qué podemos hacer para impulsar el progreso?”. De hecho, ya hemos visto una gama de modelos de implementación.

Paraguay fue uno de los primeros países en adoptar el Índice. Enfrentado a una serie de desafíos, ha integrado el IPS en su plan nacional, por lo que ahora tiene objetivos de PIB y de IPS. Los líderes de Paraguay creen que esta información es tan importante que ahora están creando “IPS subnacionales” para distintas regiones del país. La Comisión Europea también ha adoptado el IPS, y lo emplea para advertir sobre las políticas de algunas de las regiones más pobres de Europa. Y la India usa el IPS como una forma de comparar entre sí los resultados de sus estados, como parte de la agenda de transformación del primer ministro Narendra Modi.

Recientemente, hemos comenzado a crear índices subnacionales para provincias, ciudades y distritos. Hemos hecho esto en quince países de América Latina y hemos creado un IPS regional para la Unión Europea.

¿Puede describir cómo están utilizando las empresas del sector privado el Índice de Progreso Social?

Un ejemplo nos viene de la región amazónica de Brasil, en donde los directivos de Coca-Cola y de la empresa de cosméticos brasileña Natura se alarmaron por los bajos niveles de progreso social que percibieron en Carauari, un importante municipio para sus cadenas de suministro. En ese momento, las dos compañías se asociaron con Ipsos para elaborar una encuesta de necesidades de la comunidad basada en nuestro marco. El IPS resultante, a nivel comunitario, sentó las bases para un nuevo programa de desarrollo de la región, que contó con la colaboración entre los ciudadanos, el gobierno, las empresas y la sociedad civil.

Ahora estamos llevando el concepto comunitario del Índice a otros sectores. Tenemos trabajo en curso con la empresa minera peruana Breca, y en Costa Rica estamos viendo el impacto del turismo en el impacto social, valga la redundancia, que provoca en diferentes áreas del país. Creado en asociación con la Cámara Nacional de Turismo de Costa Rica, esta es la primera medición integral de los efectos sociales del turismo. El IPS ya había revelado que el “turismo medioambiental” –que incluye pequeños hoteles sostenibles, operadores turísticos independientes y cadenas de valor locales– conduce, de hecho, a niveles más altos de progreso social. Además de mostrarle al gobierno costarricense qué formas de turismo son las más beneficiosas para su sociedad, el Índice detalla las maneras concretas con que las empresas turísticas más grandes pueden afinar sus modelos para lograr un impacto social más positivo.

¿Cómo se relaciona su extenso trabajo sobre la “creación de valor compartido” con progreso social imperativo?

Existen marcos bien estructurados para entender el rendimiento y el progreso económicos, incluido el Informe de Competitividad Global del Foro Económico Mundial, la herramienta más aceptada para comparar la competitividad entre países. He estado implicado profundamente en ese trabajo durante muchos años. Lo que faltaba era una forma de evaluar el progreso social de un país, y eso se relaciona directamente con la agenda de “creación de valor compartido” (CVC). La CVC indica que la forma más potente en la que una empresa puede influir sobre la sociedad es a través de su modelo de negocio, abordando los déficits y problemas sociales en las comunidades a las que sirve. Lo llamamos “valor compartido” porque la iniciativa debe guardar relación con las capacidades y experiencia perceptibles de la compañía, que se aprovechan para abordar un problema social, creando valor tanto para la empresa como para la sociedad.

Ha dicho que, actualmente, el mejor rendimiento en el IPS es el de Dinamarca. ¿Qué es lo que hace tan bien que otros países no están haciendo?

Primero, permítame decir que los canadienses deberían estar increíblemente orgullosos de su país en términos de progreso social. En el frente económico, Estados Unidos lo ha hecho bastante bien, ocupando el quinto lugar mundial en cuanto al PIB per cápita. Pero en términos de progreso social, Canadá va varias vueltas por delante de EE. UU.

El rendimiento de Dinamarca es sólido en todas las dimensiones del IPS, con dos excepciones. Los daneses obtuvieron una puntuación un poco menor en salud y bienestar, y su esperanza de vida resulta particularmente sorprendente: a los sesenta años, la esperanza de vida de los daneses está muy por detrás de casi todos los otros países de Europa Occidental. El francés medio de sesenta años es probable que viva dos años enteros más que el danés medio. Esto es un reflejo del hecho de que los estilos de vida sedentarios están empezando a afectar a la salud y al bienestar en Dinamarca.

Una segunda área en la que Dinamarca obtuvo una calificación más baja que en cualquier otra parte del Índice es en acceso a la educación superior. Como país pequeño que es, no tiene tantas universidades de categoría mundial para obtener puntuaciones tan altas como, por ejemplo, el Reino Unido o EE. UU. Pero, en general, lo que llama la atención de Dinamarca es la ausencia de problemas realmente graves: tiene menos puntos débiles que otros países, junto con niveles muy altos de derechos personales, libertades y oportunidades.

¿Es inusual que un país con ingresos altos tenga problemas de salud y bienestar?

No, porque la riqueza no implica, necesariamente, que la gente quiera cuidarse con la comida o estar en buena forma física. Otra área que a menudo tira hacia abajo a los países de altos ingresos es el refugio (en particular, la disponibilidad de viviendas asequibles). En muchos casos, hay vivienda más que suficiente para los ciudadanos de ingresos medios y altos, pero no para todos los demás. En realidad, Dinamarca es el mejor, entre los países avanzados, en cuanto a la posibilidad de proporcionar viviendas asequibles y de alta calidad para todos.

Debido en parte a su trabajo, “el negocio de los negocios ya no puede ser solo negocios”. ¿Puede compartir un ejemplo de una compañía que haya adoptado este enfoque?

Hace unos cuatro años comenzamos a trabajar con Fortune para crear una lista de empresas que estuvieran creando valor compartido. Se llama “La lista para cambiar el mundo”, y en la clasificación más reciente, el banco más grande de Estados Unidos, JPMorgan Chase, era el que la encabezaba.

El CEO Jamie Dimon y sus colegas creen que el crecimiento del PIB en Estados Unidos no volverá a ser robusto hasta que el país haga más para revitalizar las ciudades que se han visto perjudicadas por la pérdida de empleos en la industria manufacturera. El banco lleva haciendo negocios en Detroit desde hace más de ochenta años, y sus directivos creen en el futuro de la ciudad. Para 2019 habrán invertido ciento cincuenta millones de dólares para crear comunidad –como el desarrollo de empresas pequeñas, capacitación profesional o revitalización de barrios– y desplegado un “cuerpo de servicio” de asesores para ayudar a que esas inversiones den frutos.

Por lo pronto, los esfuerzos de JPMC han creado ya mil setecientos empleos y favorecido la aparición de más de cien nuevas empresas. Para una ciudad que hace apenas cuatro años estaba perdiendo población, los últimos indicadores son alentadores: el desempleo casi se ha reducido a la mitad, y el centro de la ciudad está ahora floreciendo con restaurantes y negocios. Este otoño, el banco extenderá su modelo a otras muchas ciudades. El objetivo es crear un círculo virtuoso por el que unas ciudades más saneadas generen negocios más saneados.

¿Está la actual situación política de Estados Unidos relacionada con los problemas de progreso social?

Por supuesto. EE. UU. no ha logrado realizar progresos reales desde hace décadas en ninguno de los apartados más importantes a los que se enfrenta, desde los presupuestos a la política fiscal, pasando por la educación pública o el control de armas. El sistema político se ha convertido en una de las principales causas de nuestros problemas sociales y de la creciente división en nuestro país. En una época se consideró a EE. UU. país pionero en muchas áreas del progreso social; pero, desgraciadamente, el progreso está ahora disminuyendo. En muchos indicadores fundamentales –entre los que figuran la tolerancia y la salud y bienestar–, Estados Unidos ahora se sitúa a la cola de los 35 países de la OCDE.

Katherine Gehl y yo publicamos recientemente un amplio informe sobre el sistema político de EE. UU.: ¿Por qué la rivalidad de la industria política está fallando a Estados Unidos? (disponible en Internet en inglés: https:// www.hbs.edu/competitiveness/Documents/ why-competition-in-the-politics- industry-is-failing-america.pdf). Este estudio pretendía comprender la causa raíz por la que nuestro sistema político ya no brinda las soluciones que tanto necesita nuestra nación. Descubrimos que la causa raíz es la estructura de “la industria de la política” en EE. UU., que es un ejemplo de duopolio de manual: una industria dominada por dos competidores atrincherados. En una competencia sana, los actores de una industria competirían por ofrecer los resultados deseados por los clientes –en este caso, sus conciudadanos– y serían responsables de los resultados. Los funcionarios electos que no sirvieran al interés público serían reemplazados por nuevos competidores, que sí lo harían.

En cambio, la competencia política actual se ha convertido en una insalubre iteración de competencia, en la que los rivales se han atrincherado y aislado de la presión para servir mejor a sus clientes. Tal rivalidad crea una retórica que causa divisiones y lleva a un cuello de botella, no a soluciones. Pocos podrían atreverse a discutir que al estadounidense medio no le llega beneficio alguno, dada la forma en que los dos partidos han estructurado el juego.

¿Qué viene después del progreso social imperativo?

Estamos ansiosos por impulsar esto mucho más allá. Como se ha dicho, hemos comenzado a reducir el punto de mira, desde el nivel nacional al nivel estatal, el nivel de la ciudad o, incluso, el nivel de la comunidad. Esto es importante, porque los problemas sociales pueden variar significativamente entre comunidades. La comparación subnacional nos dará aún más poder para impulsar acciones, porque gran parte de estas tienen que desarrollarse en el ámbito local. Nosotros pensamos realmente que este enfoque creará, en la actualidad, algunas de las oportunidades más valiosas para la innovación en todas las industrias.

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