Los cinco ejes de una verdadera orientación al cliente

Los cinco ejes de una verdadera orientación al cliente Los cinco ejes de una verdadera orientación al cliente
Business Review (Núm. 370) · Ventas

Hacer de la orientación al cliente una capacidad organizativa estratégica que evoluciona con el tiempo se ha convertido en algo esencial para poder navegar en un mundo en permacrisis. Sin embargo, entre la intención declarada y la práctica real suele existir una brecha difícil de reconocer y aún más difícil de gestionar. Pero es posible a través de un marco estructurado que permita situarse con honestidad, priorizar con criterio y avanzar de forma progresiva hacia una orientación al cliente que nos permita crecer de forma sostenible.

Vayas donde vayas, el mantra se repite: “Aquí el cliente es lo primero”. Prácticamente todas las organizaciones afirman estar orientadas al cliente. Lo dicen en sus presentaciones corporativas, lo repiten en sus valores y en los mensajes de su página web y lo subrayan en sus discursos estratégicos. “El cliente en el centro” se ha convertido en una de las expresiones más utilizadas –y difusas– del lenguaje corporativo en los últimos años.

Sin embargo, cuando avanza la conversación y se observa cómo se toman realmente las decisiones, cómo se diseñan los productos, cómo se priorizan las inversiones o cómo se mide el éxito, aparece otra realidad: muchas veces el cliente sigue estando más presente en el relato que en el sistema; más en la intención que en las decisiones o la estructura.

La orientación al cliente suele confundirse con ofrecer un buen servicio, con disponer de un departamento de atención al cliente eficiente o con medir su satisfacción mediante encuestas periódicas. Todo ello es necesario, pero insuficiente. Porque el cliente no es un momento del proceso ni un área funcional, sino un actor que debería influir de forma consistente en la estrategia, la cultura, el uso de los datos, la experiencia, la comunicación y la innovación para evitar una relación meramente “transaccional”, una experiencia mediocre y peores decisiones de negocio.

En un contexto marcado por la incertidumbre, la aceleración tecnológica y la complejidad de los mercados, además de los saltos mortales constantes de la geopolítica global, involucrar al cliente ha dejado de ser una cuestión de imagen o de posicionamiento para convertirse en una auténtica ventaja competitiva. Las organizaciones que entienden mejor a sus clientes –y que los integran de manera sistemática en su forma de pensar, conectar y actuar– son capaces de anticiparse, priorizar con mayor criterio, innovar con menos riesgo y adaptarse con más rapidez.

  Una capacidad necesaria No se trata de “escuchar más”, sino de desarrollar una capacidad organizativa real para hacerlo. El problema es que esa capacidad rara vez se construye de manera consciente. Muchas iniciativas centradas en el cliente nacen de forma aislada, impulsadas por equipos concretos, sin un marco común que las conecte entre sí. El resultado es conocido: datos que no se utilizan, insights que no influyen en las decisiones, esfuerzos bienintencionados que no escalan y una se...


Carles Mur

Cofundador de PINN ·

Juan Varela

Profesor asociado en EAE Business School y cofundador de PINN ·