Profesiones insustituibles

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Silvia Guarnieri

Business Review (Núm. 366) · TIC

Vivimos un momento de ambivalencia, entre el entusiasmo ante los avances de la inteligencia artificial y la inquietud sobre sus implicaciones. La IA promete hacernos la vida más fácil, pero también nos enfrenta a una pregunta incómoda: ¿qué parte de lo humano estamos dispuestos a delegar?

Profesiones insustituibles

 

Para abordar esta cuestión es fundamental distinguir entre dos conceptos: inteligencia y conciencia. La inteligencia, también la artificial, tiene que ver con la capacidad de resolver problemas, planteados por nosotros mismos. Y la llamamos artificial porque no experimenta el mundo, no siente, no tiene cuerpo, ni necesita sobrevivir. En cambio, la conciencia va más allá: implica sentir y percibir, y con ello autorregularse y darse cuenta de la propia existencia en relación con los demás.

El neurocientífico Antonio Damasio aporta un dato clave: la conciencia surge de los llamados sentimientos homeostáticos, es decir, de la percepción de los estados internos del cuerpo que nos permiten mantenernos vivos. La mente genera imágenes (como una película continua de pasado, presente y futuro), y la conciencia es el darse cuenta de esa experiencia a través del sentir.

En este proceso, el lenguaje desempeña un papel fundamental. Sin palabras, la conciencia queda reducida a la mera supervivencia; con palabras, se convierte en comprensión. Nombrar lo que nos ocurre nos permite regularnos, construir sentido y vivir de forma más consciente.

 

El precio de delegar

Sin embargo, el desarrollo tecnológico está transformando nuestra relación con el pensamiento. Cada vez delegamos más decisiones: desde orientarnos con un GPS hasta organizar tareas o responder mensajes. Este fenómeno, aparentemente trivial, tiene implicaciones profundas. Cuando dejamos de esforzarnos, también dejamos de entrenar nuestra capacidad crítica.

A esto se suma que pasamos más tiempo observando la vida de los demás que construyendo la propia. Las redes nos permiten experimentar emociones intensas sin haber vivido realmente la experiencia. La inmediatez y la estimulación constante compiten con algo más lento, pero esencial: la construcción de una vida propia, con relaciones, conversaciones e intimidad.

En este contexto, cobra especial relevancia el papel de profesiones como las de psicólogo, educador, trabajador social, terapeuta, coach y otras del ámbito humano que trabajan en un territorio que la inteligencia artificial no puede habitar: la experiencia vivida. Su valor reside en acompañar, ayudar a construir significado y facilitar el desarrollo de la conciencia.

A diferencia de la IA, estas profesiones no solo analizan emociones, las comprenden desde la experiencia. No solo ofrecen respuestas, sostienen preguntas. No solo procesan información, generan relaciones de calidad.

Es en la relación donde ocurre lo verdaderamente transformador. Solo podemos entender lo que pasa por la mente de otra persona cuando nos implicamos, cuando nos vemos reflejados en su mirada, cuando nos permitimos sentir y ser afectados. La interacción humana exige entrenamiento en la frustración, en el desencanto, pero también en la conexión y en la posibilidad del encuentro.

Además, estas profesiones trabajan con algo más esencial que la IA no posee: la responsabilidad ética. Operan con valores, contextos y dilemas complejos, y asumen decisiones que afectan a otros desde la conciencia moral.

No todo en la vida tiene una respuesta clara. Muchas veces lo que necesitamos no es una solución inmediata, sino alguien que pueda acompañarnos en la duda, en el dolor, en el cambio. En última instancia, estas profesiones contribuyen a ampliar la conciencia de las personas. Ayudan a poner palabras a lo que sentimos, a entender lo que nos ocurre y a desarrollar herramientas para autorregularnos y vivir mejor.

Ahora, esta es la pregunta: “¿Qué significa ser humano en un mundo donde pensar ya no es exclusivamente humano?”. Las profesiones humanistas siguen siendo imprescindibles porque trabajan en el único lugar donde la IA no puede llegar: la experiencia sentida, la relación y la conciencia. Y ahí, al menos por ahora, seguimos siendo insustituibles.

 

Profesiones insustituibles

Silvia Guarnieri

Coach MCC y directora académica de Escuela Europea de Coaching ·