La gestión de los nuevos profesionales: El "Siete Mágico" de los "millennials"

La gestión de los nuevos profesionales: El "Siete Mágico" de los "millennials" La gestión de los nuevos profesionales: El "Siete Mágico" de los "millennials"

Uno de los puntos de mayor complejidad en la gestión de los nuevos profesionales reside en el hecho de que la mayoría de los gerentes o directivos pertenecen a la Generación Baby Boomer o a la Generación X, cuyos valores, principios y estilo de gestión tienen que ver más con modelos tradicionales de trabajo que con entornos de gestión y valores que demanda la generación Y –y que demandará la generación Z– (generaciones que supondrán el 50% de la mano de obra en 2020 y que buscan entornos laborales abiertos más conectados, colaborativos, móviles, transparentes, planos y empowered). Así, muchas compañías y sus procedimientos no están en sintonía con lo que los nuevos profesionales demandan, necesitan y sienten. Los nuevos trabajadores se han criado en la sociedad de la abundancia, han vivido en la época del exceso, de la democracia social y familiar, del "más de todo y bueno", del consumo generoso, de la elección amplia, de las numerosas oportunidades… Y, en estos momentos, los profesionales que llegan a las organizaciones son parte de esta nueva generación, "bien alimentada y digitalizada", que no tiene la angustia por prosperar que tenían sus predecesores, porque ya poseen muchas de las cosas que la empresa puede ofrecerles. Casi todos ellos, más que la propiedad de un coche o unas vacaciones, lo que están buscando es el acceso, la interacción, la colaboración, la diversión y, sobre todo, la experiencia laboral.

 

CAMBIOS EN LA CONCEPCIÓN DEL TRABAJO En nuestros días, los pilares del ahorro y el trabajo se están derrumbando. Lo que la gente quiere es comprar y divertirse. El placer y el ocio son los pilares de la nueva realidad, en la que se espera una gratificación inmediata. Las personas trabajan para enriquecerse, para divertirse, para conocer gente nueva, para viajar y visitar lugares nuevos, para realizarse, para tener experiencias vitales únicas.Ya no se trabaja porque se deba ni porque uno se sienta moralmente obligado a hacerlo.

El trabajo ya no se considera algo bueno en sí mismo, y la motivación no se da por sentada. Se ha pasado del "debo" al "quiero", de la obligación a la elección. Las empresas son más bien objetos fungibles y desechables, no espacios controladores de voluntades en los que pasar toda la vida. Podríamos casi decir que, hoy, son los trabajadores quienes contratan a las empresas, y no al contrario: el mercado, más que de los propietarios de las empresas, comienza a ser de los "vended...