Más allá del salario: la recompensa estratégica como fuente de valor

Más allá del salario: la recompensa estratégica como fuente de valor Más allá del salario: la recompensa estratégica como fuente de valor

SM

Susana Marcos

Business Review (Núm. 369) · Recursos humanos

Demasiadas empresas abordan la retribución como un asunto técnico, presupuestario o administrativo, lo cual supone un error de primer orden. La recompensa es una de las herramientas de gestión más poderosas al alcance de un comité de dirección: orienta comportamientos, activa el compromiso, refuerza la cultura y sostiene –o debilita– la ejecución de la estrategia. Mal gestionada, provoca inequidad, desconfianza, rotación, absentismo y decisiones directivas incoherentes. 

La mayoría de las empresas no tienen un problema de discurso sobre personas, sino de coherencia. Afirman que quieren liderazgo, innovación, aprendizaje, colaboración o compromiso, pero a menudo recompensan justo lo contrario. Y esa contradicción no es menor. Explica más sobre la cultura real de una organización que cualquier manifiesto corporativo.

El problema es que, con excesiva frecuencia, se sigue confundiendo recompensa con salario, cuando en realidad lo que está en juego es algo mucho más amplio y decisivo. Por eso conviene decir sin rodeos que la recompensa no refleja simplemente la estrategia. En muchos casos, la desenmascara.

La primera idea que conviene fijar, por tanto, es sencilla: la recompensa total es mucho más que compensación y beneficios. Incluye la retribución fija y variable, y los beneficios de todo tipo, por supuesto, pero también el reconocimiento, las oportunidades de aprendizaje y desarrollo, el feedback constructivo, la experiencia como empleado, la flexibilidad, el propósito, el entorno de trabajo o la calidad del liderazgo.

En otras palabras, la recompensa total integra todo aquello que hace que una persona perciba que merece la pena comprometerse con una organización, permanecer en ella y dar lo mejor de sí misma. Cuando un directivo reduce esta conversación a salarios y beneficios, solo está mirando una parte del tablero. Cuando entiende la recompensa total, empieza a gestionar de verdad no solo el coste laboral, sino la relación entre la empresa y el valor que espera de sus profesionales.

Esto tiene una implicación inmediata: no existe estrategia de recompensa eficaz si no está conectada con la estrategia de negocio. Al vincularlas, la pregunta relevante deja de ser cuánto pagamos para centrarse en qué queremos conseguir con lo que pagamos y con el resto de la propuesta de valor al empleado.

¿Qué capacidades necesito atraer en los próximos años? ¿Qué comportamientos quiero reforzar en mis líderes? ¿Qué cultura deseo consolidar? ¿Qué colectivos son críticos y qué esperan realmente de la organización? La recompensa estratégica no es una forma sofisticada de repartir dinero, sino que traduce prioridades empresariales en señales de gestión.

Por eso resulta llamativo que tantas compañías sigan gestionando la retribución con lógicas heredadas: estructuras salariales antiguas, incentivos desconectados del negocio, benefici...


Susana Marcos

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CEO en PeopleMatters