Cultura y estilo directivo en cada etapa del ciclo de vida de la empresa

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Cultura y estilo directivo en cada etapa del ciclo de vida de la empresa Cultura y estilo directivo en cada etapa del ciclo de vida de la empresa
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Fran Chuan

Business Review (Núm. 369) · Habilidades directivas

La cultura que nos trajo hasta aquí no es la que nos llevará al siguiente capítulo. ¿Cómo deben evolucionar la cultura y el estilo directivo en cada etapa del ciclo de vida de una compañía?

Hay un momento en la vida de muchísimas empresas exitosas en que sus propios fundadores se convierten, sin quererlo, en el principal freno de crecimiento. No porque sean menos capaces, sino porque el estilo de liderazgo, los procesos y la cultura que construyeron el éxito inicial ya no son los que la empresa necesita ahora. La pregunta que pocos equipos directivos se hacen a tiempo es sencilla de formular y difícil de responder con honestidad: ¿el estilo de liderazgo y la cultura que nos han traído hasta aquí son los mismos que necesitamos para el siguiente capítulo?

La respuesta, basada en varias décadas de investigación y experiencia con organizaciones de distintos tamaños y sectores de alto crecimiento, suele ser que no. Reconocerlo no es una crítica al pasado: es el primer acto de liderazgo del siguiente ciclo. Este artículo propone un marco para entender qué cultura y qué liderazgo corresponde a cada etapa del ciclo de vida de una empresa, y qué herramientas permiten diagnosticar dónde está realmente la organización antes de que los síntomas se conviertan en crisis.

 

La cultura no es estática

El profesor Jay Rao (Babson College), junto con quien escribe estas líneas, lleva casi tres décadas investigando cultura empresarial en cientos de organizaciones, en múltiples industrias y países. Una de nuestras conclusiones más contraintuitivas es que la cultura no precede al éxito: es producida por él. La cultura que tiene hoy una empresa no fue diseñada, fue ganada. Se forjó en las decisiones de los primeros proyectos, en cómo se reaccionó cuando algo salió mal, en qué comportamientos se premiaron y cuáles se ignoraron. Es, en palabras del teórico organizacional Edgar Schein, el residuo del éxito.

El problema no es esa cultura fundacional. El problema es cuando deja de actualizarse a medida que la empresa crece. Rao suele compararlo con un smartphone: cuando no se actualiza su hardware o su software, acaba lleno de fallos y se convierte en obsoleto, siendo fácil presa para sus competidores. La cultura es la actualización constante del lado estructural y emocional de la empresa para adaptarse a las realidades del mercado.

El tan conocido caso de Kodak ilustra bien esta idea. La compañía inventó la cámara digital en 1975, pero su cultura estaba tan calibrada para proteger el margen del negocio de película que trató la fotografía digital como una amenaza en lugar de una oportunidad. No murió por falta de tecnología, sino por falta de actualización cultural. La pregunta que toda empresa debería hacerse, especialmente en sus hitos de madurez, no es solo cuánto ha crecido, sino si ha actualizado su estilo de liderazgo y su cultura al mismo ritmo que su negocio.

 

Cuatro etapas, cuatro culturas distintas

Toda empresa de alto crecimiento atraviesa etapas distinguibles, y en cada una el estilo de liderazgo eficaz, y la cultura que lo sostiene, es distinto. Lo que funciona en la etapa fundacional puede resultar contraproducente en la consolidación, y viceversa.

 

Etapa fundacional (0-5 años)

  • Liderazgo: visionario y directivo; los fundadores lo deciden casi todo.
  • Motor cultural: la confianza entre los socios y una informalidad productiva.
  • Riesgo principal: la dispersión de foco.
  • Señal de alarma: los propios socios no se ponen de acuerdo.
  • Qué se construye: la prueba de concepto y los primeros clientes.

Etapa de crecimiento (5-12 años)

  • Liderazgo: delegador, con equipos organizados por función.
  • Motor cultural: ya no es solo la confianza, sino la velocidad y el resultado; empieza a emerger la meritocracia.
  • Riesgo principal: que los fundadores se conviertan en un cuello de botella.
  • Señal de alarma: todo sigue pasando por ellos pese al crecimiento del equipo.
  • Qué se construye: el equipo, los procesos y la marca.

Consolidación (12-20 años)

  • Liderazgo: arquitectónico y sistemático; la marca es ya el activo principal.
  • Motor cultural: los procesos y la reputación.
  • Riesgo principal: la rigidez ante el cambio.
  • Señal de alarma: los mejores talentos empiezan a irse.
  • Qué se construye: sistemas, institucionalidad y escala.

Etapa de expansión (más de 20 años)

  • Liderazgo: el de un constructor de portafolio, con instinto situacional para saber qué integrar y qué proteger.
  • Motor cultural: la diversidad con cohesión; la cultura misma se convierte en ventaja competitiva.
  • Riesgo principal: destruir lo que se integra, o perder la esencia al escalar.
  • Señal de alarma: se impone la cultura original sobre la adquirida sin intención deliberada.
  • Qué se construye: un nuevo modelo de liderazgo distribuido.

La pregunta clave no es en qué etapa está una empresa, sino si su liderazgo y su cultura han evolucionado al mismo ritmo que el negocio. En la mayoría de los casos, no lo han hecho.

 

La trampa del éxito fundacional

El riesgo más frecuente en empresas que superan los diez o quince años con sus fundadores al frente es lo que podríamos llamar la trampa del éxito fundacional: seguir liderando como si la empresa tuviera treinta empleados cuando ya tiene trescientos, o como si el mercado fuera local cuando ya compite regionalmente. Los síntomas son reconocibles en cualquier sector:

 

  • Las decisiones importantes siguen fluyendo hacia los fundadores en lugar de resolverse en los mandos medios.
  • Los procesos operativos dependen más de personas clave que de sistemas documentados.
  • La velocidad de ejecución decrece a medida que crece el equipo, cuando debería ocurrir lo contrario.
  • Los nuevos líderes que incorpora la empresa no terminan de integrarse porque la cultura carece de mecanismos claros de transmisión.
  • El talento más capaz se va. Primero los mejores, luego los demás.

 

Hardware y software: los seis bloques de la cultura

Rao identificó seis bloques de construcción de la cultura empresarial, agrupados en dos categorías. El hardware reúne los elementos tangibles y estructurales: recursos, procesos y métricas de éxito. El software agrupa los elementos emocionales y sociales: valores, comportamientos y clima. Esta distinción es útil para entender dónde se crean, y dónde se destruyen, los problemas de cultura en cada transición.

 

  • Recursos: los activos tangibles e intangibles (personas, tecnología, marca, datos, capital, alianzas) que existen aunque la empresa desaparezca. El riesgo típico al crecer es asignarlos con los criterios del pasado, de modo que el negocio nuevo acaba pagando el sobrecoste del negocio maduro.
  • Procesos: convierten esos recursos en productos y clientes, y se incrustan profundamente a medida que la empresa crece. Imponer los procesos del negocio maduro sobre una iniciativa nueva es una de las causas más frecuentes de destrucción de valor.
  • Métricas de éxito: definen qué se premia y qué se ignora. Aplicar los indicadores de un negocio maduro a una innovación en fase temprana suele matarla antes de que pueda demostrar su valor.
  • Valores: muestran cómo gasta la empresa de verdad su tiempo, su dinero y su energía —no lo que dice, sino lo que hace—. En procesos de expansión conviene vigilar que los valores del negocio original no sobrescriban los del adquirido por pura inercia.
  • Comportamientos: las acciones diarias de líderes y equipos: cómo se decide, se comunica y se rinde cuentas. El sabotaje cultural suele ser silencioso, protagonizado por quienes tienen intereses legítimos en preservar el modelo antiguo.
  • Clima: la temperatura emocional de la organización —la confianza, la seguridad psicológica—. Es el bloque que cambia más rápido, a veces en semanas, y el primero que se resiente cuando los equipos perciben que su criterio queda subordinado al de quien integra. Aquí se aprecia con más claridad la diferencia entre clima y cultura, dos conceptos que a menudo se confunden.

En las empresas maduras, los bloques de hardware son necesarios y suficientes para crear valor a corto plazo; los de software son necesarios, pero no suficientes. Descuidar el hardware mientras se cuida el software es, de hecho, uno de los errores más comunes en empresas con una cultura fundacional muy cohesionada.

 

El desafío de la expansión: crecer sin destruir

Con una marca consolidada y años de trayectoria, muchas empresas se enfrentan al dilema más estratégico de su historia: cómo crecer sin destruir aquello que las hace valiosas. Ese crecimiento puede producirse por adquisición, joint venture o la creación de una nueva línea de negocio o marca, lo que exige un liderazgo con disciplina de integración situacional (saber qué integrar y qué proteger), o por crecimiento orgánico, donde el liderazgo pasa a ser el de un replicador de cultura que delega y aleja el control fundacional para que otros lideren con la misma esencia. El riesgo crítico en el primer caso es imponer los procesos y la cultura del negocio original al nuevo vehículo, destruyendo justamente lo que lo hacía valioso; en el segundo, es crecer sin transmitir la cultura, de modo que la empresa escala en tamaño pero pierde coherencia.

La investigación sobre fusiones, adquisiciones y expansión corporativa es contundente: distintos estudios sitúan el fracaso de las operaciones de crecimiento externo entre el 70% y el 90%, y ese fracaso rara vez ocurre en la negociación. Ocurre después, cuando la integración, diseñada para capturar valor, termina destruyendo las condiciones que lo crearon. La empresa compradora impone su propia arquitectura operativa con la intención de ganar eficiencia, y el resultado es predecible: los procesos y las condiciones culturales que hicieron valioso al objetivo quedan sobrescritos por el impulso de estandarizar.

Los casos más ilustrativos de la historia empresarial reciente confirman este patrón:

- EMC aplicó un modelo de integración distinto para cada adquisición (extracción quirúrgica, incubación o autonomía total según el caso); a VMware la dejó operar con autonomía casi total, y la filial llegó a superar los mil millones de dólares en ingresos precisamente por eso.

- Assa Abloy ha realizado más de trescientas adquisiciones desde su fundación en 1994 bajo una misma disciplina: integración financiera inmediata combinada con paciencia cultural, de modo que las marcas adquiridas conservan buena parte de su identidad y autonomía operativa años después del cierre.

- Delivery Hero, por su parte, proporciona una plataforma tecnológica central pero deja que cada marca se integre a su propio ritmo, o no se integre, porque el dominio local depende de la marca y de los hábitos de consumo de cada mercado.

- Kodak y Nokia, en el extremo opuesto, son los ejemplos más citados de cómo una métrica de éxito o una cultura mal actualizada pueden hacer descarrilar incluso a un líder de mercado.

Lo que comparten los casos de éxito no es el tamaño ni el sector, sino la disciplina de adaptar el enfoque de integración a lo que realmente requiere cada nueva situación, teniendo en cuenta la cultura que llevó al éxito a la organización adquirida.

 

Medir la cultura para poder transformarla

Existe un principio que los mejores equipos directivos aplican antes de cualquier transformación cultural: no se puede gestionar lo que no se mide, ni transformar lo que no se conoce. La cultura, tratada históricamente como una variable blanda e intangible, es en realidad medible, comparable y gestionable, del mismo modo que lo son los estados financieros o los indicadores operativos. Existen ya instrumentos de diagnóstico que permiten evaluar simultáneamente los seis bloques de hardware y software, comparar resultados entre departamentos y jerarquías, y repetir la medición en el tiempo para verificar si una intervención realmente cambió algo.

El diagnóstico importa porque más de seis de cada diez líderes empresariales consideran la falta de cultura de innovación como una de las principales barreras al crecimiento. En nuestra propia base de datos, las empresas que miden su cultura de forma sistemática alcanzan sus objetivos de innovación con una frecuencia radicalmente mayor que las que no lo hacen. Muchos equipos directivos declaran querer transformar su cultura, pero sin un diagnóstico previo esa transformación se convierte en un ejercicio de intuición, no de gestión: se actúa sobre lo que se percibe, no sobre lo que realmente ocurre en la organización.

 

Siete preguntas para el equipo directivo

Este artículo no pretende dar todas las respuestas. Pero sí pretende plantear las preguntas correctas, las que un equipo directivo debería debatirse con honestidad:

 

  • ¿Nuestro estilo de liderazgo fue diseñado para donde estamos hoy, o es herencia de cuando empezamos?
  • ¿Cuántas decisiones que deberían tomar los mandos medios siguen llegando a la mesa fundacional?
  • ¿Tenemos procesos codificados que funcionen sin que los fundadores estén presentes?
  • ¿Medimos el éxito con los mismos indicadores de hace diez años, o hemos evolucionado las métricas?
  • ¿Está el equipo directivo preparado para liderar una organización tres o cinco veces más grande?
  • ¿El talento que incorporamos se integra y se queda, o siente que la cultura lo expulsa?
  • Si adquiriéramos o creáramos una nueva marca mañana, ¿sabríamos qué integrar y qué proteger?

No hay respuestas incorrectas. Hay respuestas que revelan oportunidades, y respuestas que, si se ignoran, terminan convirtiéndose en crisis.

 

Seis prioridades para la transición

Las empresas que hacen bien la transición entre etapas no abandonan su cultura pasada: la codifican, la actualizan y la transmiten de forma deliberada. Estas son las seis prioridades que marcan esa transición:

 

  1. Diagnosticar antes de transformar. No se puede cambiar lo que no se conoce, y ese diagnóstico debe ser honesto sobre el estado real de la cultura, no sobre el estado deseado.
  2. Distinguir el liderazgo que construye del que escala. Los fundadores deben evaluar con franqueza qué decisiones siguen tomando que ya deberían estar delegadas; construir el segundo nivel de liderazgo no es una señal de debilidad, sino el acto fundacional del siguiente ciclo.
  3. Codificar los procesos que generan el valor diferencial. El conocimiento que hoy reside en los fundadores y en unos pocos líderes clave debe documentarse en procesos replicables, no para burocratizar la empresa, sino para escalarla sin perder calidad ni esencia.
  4. Diseñar métricas de éxito apropiadas a cada etapa y a cada iniciativa. Una nueva línea de negocio no puede medirse con los mismos indicadores que el negocio maduro; las métricas del pasado, aplicadas sin criterio, acaban matando la innovación del futuro.
  5. Desarrollar instinto situacional para la expansión. Antes de integrar cualquier nueva iniciativa conviene preguntarse si su modelo de negocio refuerza o diverge del núcleo, y si sus procesos son transferibles o definitorios de su identidad. Las respuestas determinan si conviene integrar, federar o separar.
  6. Actualizar la cultura de forma deliberada y continua. La cultura no es una declaración de valores en la pared, es el sistema operativo de la empresa, y como cualquier sistema operativo necesita actualizaciones periódicas.

Toda empresa que nace bien puede crecer bien. Pero solo las que transforman su liderazgo y su cultura a tiempo no mueren de éxito. El primer acto de liderazgo del próximo ciclo es reconocer que el liderazgo que construyó la empresa debe evolucionar para llevarla al siguiente nivel. Esa es, en última instancia, la única forma de honrar lo que se construyó.

 

Bibliografía

Christensen, C. M., Alton, R., Rising, C. y Waldeck, A. (2011). «The Big Idea: The New M&A Playbook». Harvard Business Review, marzo de 2011.

Rao, J. y Weintraub, J. (2013). «How Innovative Is Your Company's Culture?». MIT Sloan Management Review, 54(3), 29-33.

Schein, E. H. (2009). The Corporate Culture Survival Guide. San Francisco: Jossey-Bass.

Chuan, F. y Rao, J. Innovación 2.0. Barcelona: Profit Editorial.

ASSA ABLOY (2024). «Acquisitions and strategy». assaabloy.com.

InnoQuotient. www.innoquotient.com y https://es.wikipedia.org/wiki/Innoquotient

Fran Chuan

Trusted advisor en liderazgo y cultura de la innovación, escritor y conferenciante ·

Experto en liderazgo y cultura de la transformación e innovación; trusted advisor de ecosistemas de innovación, ingeniero de las culturas, miembro de consejos, divulgador, escritor y conferenciante.

Como Socio Fundador y Director General de DÍCERE GLOBAL (2004) ha proporcionado consultoría profesional a compañías en diferentes países acompañando su transformación cultural para obtener resultados innovadores y fomentar la Cultura de la Innovación. 

Cofundador y presidente de InnoQuotient (2011), plataforma on-line basada en el cuestionario desarrollado por los profesores Rao y Weintraub en Babson, Boston. InnoQuotient es la herramienta que mide cuán preparada está la cultura de una organización para ser innovadora. Con más de 500 empresas y más de 100.000 respuestas, InnoQuotient es cada vez más la herramienta de vanguardia preferida por las compañías para sus procesos de calificación y actualización.

Imparte charlas y talleres sobre Cultura de la Innovación, Liderazgo Transformador, Transformación Digital, entre otros. Algunos de sus clientes son Airbus, Thales, Choví, Entrepinares, Rittal, Diproinduca Toronto, Grupo Campos y CBC en Lima, ANDI Medellín,  Cámara de Comercio de Bogotá y Prosegur Cash Lima.

Chuan es colaborador en universidades y escuelas de negocios como Babson College (Boston), IESE Business School (Barcelona), y PAD (Lima).

franchuan.com

www.innoquotient.com