La inteligencia artificial ha democratizado el acceso al conocimiento y ha acelerado la ejecución en las organizaciones. Sin embargo, más IA no garantiza mejores decisiones ni se convierte automáticamente en ventaja competitiva. El elemento diferencial ya no está en la tecnología, sino en cómo se desarrolla el talento para hacer uso de ella. Este artículo analiza las implicaciones prácticas para quienes toman decisiones sobre personas, liderazgo y estrategia. El reto ya no es adoptar la IA, sino diseñar cómo se aprende, se decide y se crea valor con ella.
El papel del líder cuando la IA facilita todas las respuestas
MZ
Marta Zaragoza
Management & Innovation (Núm. 89) · Recursos humanos · Octubre 2026
Hay un momento incómodo en las reuniones de muchos comités ejecutivos. Alguien pregunta cuánto retorno está generando la inversión en inteligencia artificial, y el silencio que sigue lo dice todo. No porque la IA esté fallando, sino porque la mayoría de las organizaciones aún no saben bien cómo medir lo que está pasando ni por qué no está pasando más.
Los datos son llamativos. Un estudio de PwC con más de 4.400 CEO de 95 países revela que en el último año más de la mitad de las compañías no han obtenido beneficios en costes ni en ingresos a partir de la IA. Solo un 12 % afirma haber conseguido simultáneamente reducción de costes y crecimiento de ingresos gracias a la IA. Y ese grupo es entre dos y tres veces más probable que haya integrado la IA de forma extensa en sus productos, sus decisiones estratégicas y su relación con clientes1. No han invertido más. Han integrado mejor.
Por su parte, BCG estima que el 60 % de las compañías apenas obtiene valor material pese a sus inversiones2. Y el estudio de rendimiento de IA de PwC en 2026 es aún más contundente, ya que señala que el 74 % del valor económico generado por la IA está siendo capturado por el 20 % de las organizaciones3.
Pocas empresas han logrado un impacto financiero gracias a la IA, pese a que la mayoría ya tienen definida su hoja de ruta en este campo. Esta paradoja nos obliga a reformular la pregunta. No es “¿cuánta IA tenemos?”, sino “¿qué hacemos con ella que otros no puedan replicar fácilmente?”.
Las nuevas capacidades necesarias
Durante décadas, las empresas construyeron su ventaja sobre la premisa de que el conocimiento era escaso. La IA ha alterado ese supuesto de forma estructural. Cuando el conocimiento se vuelve más accesible y las respuestas se generan en segundos, la ventaja competitiva ya no reside solo en saber más, sino en saber formular mejores preguntas, interpretar mejor las respuestas y decidir con criterio qué hacer con ellas.
La IA no elimina la ventaja humana. La desplaza desde el conocimiento acumulado hacia el juicio; desde la ejecución individual hacia la coordinación colectiva, y desde el control hacia la capacidad de crear condiciones para que el valor emerja. Esto exige desarrollar tres capacidades humanas que rara vez se entrenan de forma sistemática.
1. Inteligencia adaptativa: formular mejores pregunt...
Marta Zaragoza
Executive Vice President & Global Partner en BTS ·


