Lo que la inteligencia artificial hereda de nosotros

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Lo que la inteligencia artificial hereda de nosotros Lo que la inteligencia artificial hereda de nosotros

Las empresas evalúan la adopción de IA por la herramienta; pocas miran la capacidad humana desde la que deciden usarla. Y es ahí donde se juega el resultado.

En casi todos los comités de dirección, la conversación sobre inteligencia artificial empieza igual: qué herramienta, cuánto cuesta, cuánto tiempo nos ahorra, cómo capacitamos a los equipos… Es una conversación necesaria, pero llega tarde a la pregunta que de verdad decide el resultado y que casi nadie hace: ¿desde qué capacidad humana vamos a usarla?

La IA no llega a una organización vacía. Llega a una cultura con hábitos de decisión, con automatismos que nadie revisa porque funcionaron alguna vez, con reuniones donde se aprueba lo que ya estaba decidido y con criterios de evaluación que premian el esfuerzo visible más que el juicio. Y lo que hace la herramienta, con una eficiencia que no habíamos visto antes, es amplificar lo que encuentra: si encuentra criterio, lo multiplica, y si encuentra automatismos, también.

Por eso no sorprende que la adopción avance más rápido que los resultados. Según la última encuesta global de PwC a directores generales, el 56 % de los más de 4.400 CEO consultados en 95 países todavía no ha visto beneficios financieros significativos de la IA, ni a través del aumento de ingresos ni a través de una reducción de los costes, y solo el 12 % ha logrado mejoras en ambos apartados. Y la explicación habitual, que falta formación técnica, es solo parcial: hay equipos que saben utilizarla perfectamente y aun así se abstienen, porque en su organización usarla todavía se lee como atajo y no como juicio.

Ahí aparece lo que debería interesarnos como estrategas: los automatismos organizacionales se trasladan a la tecnología sin pasar por ninguna revisión. La empresa que decidía por jerarquía empieza a pedirle a la IA que confirme lo que el jefe ya piensa; la que evitaba el conflicto le pide resúmenes que no incomoden a nadie; la que medía horas sigue midiendo horas, aunque la tarea ahora tome minutos. Cambia la herramienta, pero no la forma de pensar con la que se usa.

Hay tres capacidades que marcan la diferencia, y ninguna se aprende en un curso de prompts:

 

 

1.  Cuestionar. Hay que preguntarle a la herramienta, y sobre todo preguntarnos a nosotros mismos, qué estamos dando por obvio. Una respuesta bien redactada no es una respuesta correcta, y la velocidad con la que llega hace más fácil aceptarla sin mirar.

 

 

Mariella Hague Pérez

Estratega en transformación sistémica y crecimiento empresarial, fundadora de Paradero y autora de Llámame JACK ·